Los compromisos de los países para reducir las emisiones contaminantes siguen siendo insuficientes para cumplir los objetivos del Acuerdo de París. Así lo advirtió la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que estima que el planeta podría calentarse 2,6 °C durante este siglo, incluso si los gobiernos cumplen sus promesas climáticas.
La advertencia forma parte del informe anual sobre la brecha de emisiones del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), publicado este miércoles. El documento expone la distancia entre los compromisos políticos y las medidas concretas para frenar el cambio climático.
El escenario plantea un desafío para los gobiernos de cara a la próxima cumbre climática COP31, prevista para noviembre en Turquía.
Las metas climáticas están lejos de cumplirse, según la ONU
El informe del PNUMA advierte que las promesas climáticas actuales no bastan para limitar el calentamiento global. Si los países cumplen íntegramente sus compromisos más recientes, la temperatura media del planeta podría aumentar 2,6 °C respecto de los niveles preindustriales para 2100.
Esta proyección supera ampliamente los objetivos del Acuerdo de París, que busca mantener el calentamiento global muy por debajo de los 2 °C y continuar los esfuerzos para limitarlo a 1,5 °C. Según el organismo, décadas de medidas insuficientes han reducido drásticamente las posibilidades de respetar el umbral más ambicioso.
El secretario general de la ONU, António Guterres, sostuvo que el mundo ya no puede evitar superar ese límite y advirtió sobre las consecuencias de la falta de acción. “El mundo ya no puede evitar sobrepasar el límite de 1,5 grados, y las consecuencias ya son devastadoras”, afirmó en un comunicado difundido junto con el informe.
Guterres enumeró los efectos que ya enfrentan distintas regiones: “Inundaciones mortales, olas de calor brutales, incendios forestales devastadores, vidas perdidas, economías paralizadas, desigualdades cada vez más profundas, y quienes menos responsabilidad tienen son los que sufren primero y con mayor intensidad”.
Las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero se mantuvieron prácticamente sin cambios entre 2024 y 2025, según el reporte. La diferencia entre ambos años fue demasiado pequeña para distinguir una variación significativa.
Sin embargo, las emisiones de dióxido de carbono procedentes de la quema de carbón, petróleo y gas registraron un ligero aumento durante 2025. Estas fuentes de energía siguen siendo el principal motor del calentamiento global.
“Las emisiones se mantienen en niveles récord. Y los planes climáticos nacionales y las políticas actuales se quedan peligrosamente cortos”, advirtió Guterres.
El panorama empeora si se consideran únicamente las políticas que los gobiernos aplican actualmente. Bajo ese escenario, el calentamiento global podría alcanzar los 2,8 °C a finales de siglo, de acuerdo con las estimaciones del PNUMA.
El G20 concentra la mayor parte de las emisiones
Los efectos del cambio climático no afectan a todos los países por igual, pero ninguna nación está completamente a salvo. Los científicos advierten que cada incremento de la temperatura agrava los fenómenos meteorológicos extremos y eleva el riesgo de cambios irreversibles en los ecosistemas.
Entre las amenazas figuran la pérdida de arrecifes de coral y el derretimiento del permafrost, suelo que permanece congelado durante largos períodos.
El planeta ya registra un calentamiento aproximado de 1,4 °C respecto de la era preindustrial. Las proyecciones apuntan a que el límite de 1,5 °C podría superarse en los próximos años.
En este contexto, el G20 adquiere un papel decisivo, ya que sus integrantes concentran cerca de tres cuartas partes de las emisiones mundiales. “Todos los países, especialmente los grandes emisores, deben hacer más”, señaló Guterres.
Anne Olhoff, coautora del informe, explicó que la evaluación de este año presenta un panorama más desfavorable que el anterior. Entre los factores que mencionó figuran la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París bajo la presidencia de Donald Trump y las revisiones al alza de las estimaciones históricas de emisiones.
Olhoff también indicó que el crecimiento de las emisiones se desaceleró entre los países del G20, aunque Estados Unidos constituyó una “excepción importante”.
El informe también analiza una trayectoria que ofrece un 50% de probabilidades de limitar el calentamiento a 1,5 °C para 2100. Sin embargo, alcanzar esa meta exigiría una reducción inmediata y sostenida de las emisiones.
Según el escenario descrito, el calentamiento podría llegar a un máximo cercano a 1,8 °C hacia 2050 antes de disminuir. Para lograrlo, sería necesario retirar de la atmósfera grandes cantidades de dióxido de carbono.
El principal obstáculo es la velocidad de los recortes requeridos. Las emisiones tendrían que disminuir un 6% cada año, sin interrupciones, hasta 2035. Esa exigencia contrasta con las proyecciones actuales, que no muestran avances suficientes para alcanzar el objetivo.
La falta de progreso también anticipa tensiones políticas en la COP31. Algunos países en desarrollo, especialmente aquellos más vulnerables a los efectos del cambio climático, han acusado a las principales economías emisoras de abandonar los objetivos de París.
Mohamed Adow, director del centro de estudios Power Shift Africa, con sede en Kenia, calificó la situación como un “fracaso histórico del liderazgo político”, señalando que “la ciencia ha sido clara durante décadas, pero los gobiernos han optado por la demora en lugar de la acción. Las consecuencias se medirán en vidas perdidas, no solo en grados de calentamiento”.
Guterres también reconoció la existencia de una “brecha de liderazgo” en materia climática. No obstante, insistió en que superar el umbral de 1,5 °C no debe interpretarse como una razón para abandonar los esfuerzos de reducción de emisiones.