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A sangre fría

“En otros países de habla hispana se exhibió como La huída. Para Chile se escogió A sangre fría, que es coherente con la sensación térmica a la que aludo más arriba”.

Una película de los Hermanos Coen, pero realizada por una persona de ascendencia racial afín: Stefan Ruzowitzky. Violencia desmedida sobre un paisaje nevado y una constante sensación de frío, que hiela los sentimientos y genera esquizofrénicas reacciones: matar para salvar el dinero robado, matar para sobrevivir, matar para salvar a una inocente con su hija, matar después de haber jugado al gato y al ratón con una familia. Pero, al final, el común denominador es ése: ¡matar!

Por mucho que aparezcan automóviles, camionetas y motonieves, ése es un mundo primitivo, de supervivencia. Absolutamente veterotestamentario. El salario del pecado es verdaderamente la muerte y, en ese paisaje desolado, el mensaje de Cristo no ha llegado: hay desprecio por la dignidad humana (por ejemplo, el trato que el sheriff da a su hija alguacil) y los espectadores asistirán a una cena del Día del Acción de Gracias de alta tensión.

Lo que podría verse sólo con un thriller cargado de adrenalina tiene una segunda lectura ideológica. Confirmando a Thomas Hobbes, filósofo inglés de mediados del siglo XVII, el hombre es malo por naturaleza: “homo homini lupus”. En ese mundo estadounidense, cercano al límite con Canadá, la felicidad no existe. La figura del padre es la imagen castigadora de un hombre borracho, que sólo ha enseñado a odiar y a golpear. La figura de la mujer, en cambio, es la de una persona frágil y tímida (las dos madres y las hijas que aparecen) o de un ángel maligno movido por la ambición (la muchacha en fuga).

Las actuaciones son excelentes: el australiano de origen croata Eric Bana (su verdadero apellido es Banadinovich), Olivia Wilde (de origen inglés), Charlie Hunnam (inglés de New Castle), más los norteamericanos Sissy Spacek, Kriss Kristofferson, Treat Williams y Kate Mara.

Dos historias violentas que se cruzan: por un lado, un hombre y su hermana (con una insinuada relación incestuosa), que huyen después del asalto a un casino y, por el otro, un boxeador que acaba de cometer un asesinato al salir de la cárcel y que va a ver a sus padres.

No es la típica historia de persecuciones y balazos. Es un drama amargo y la traducción de su título original da una pista: “trampa mortal”, “trampa de cacería”. En otros países de habla hispana se exhibió como La huída. Para Chile se escogió A sangre fría, que es coherente con la sensación térmica a la que aludo más arriba. Pero, desgraciadamente, lleva pensar en la obra maestra de Truman Capote, que también fue llevada al cine, en 1967, por Richard Brooks.

(Deadfall. USA, 2012)

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