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Los disparos contra Uber

“No metamos a carabineros a combatir lo que los usuarios queremos, esta vez hagamos un esfuerzo para convencer a los técnicos del MTT de que no traten de arreglar lo que no tiene problema”.

El pasado martes 12 de este mes, un carabinero sabiendo que una persona había llevado a otra al aeropuerto coordinados por la aplicación de Uber, decidió detenerlo. El joven conductor sacó su celular afirmando que esto era ilegal y filmó todo. La historia es sabida, siguió lentamente avanzando su vehículo a pesar de la orden policial de detenerse y el carabinero le disparó.

¿Por qué todo esto?

Todo comenzó en el gobierno anterior, cuando por presión del gremio de los taxistas el Ministerio de Transportes, asimiló a Uber a una empresa de transportes que operaba informalmente en el mercado. Al no cumplir las exigencias para este tipo de empresas, actuaría ilegalmente. Se le cuestionaba que a los conductores no se les exigía licencia tipo A y a los automóviles no les exigía revisión técnica de vehículo de transporte.

Sin embargo esto es equivocado, en la forma y en el fondo y muestra una mirada muy equivocada de cómo el mundo está incorporando nuevas tecnologías para mejorar la vida de las personas.

Uno de los desarrollos más importantes de los últimos diez años es la aparición, mediada por tecnología, de lo que se ha llamado en el mundo anglo sajón “The sharing economy”. Economía de compartir.

Frente al hecho evidente de que la economía tiene una gran cantidad de activos con una muy baja utilización, se han desarrollado una infinidad de aplicaciones para compartirlos. Se reduce así el costo de mantenerlos y se les da mayor uso, produciendo beneficios para todos, dueños que los rentan cuando no los usan y usuarios que usan sin comprar.

Son muchas empresas se han desarrollado sobre la base de este principio. Algunos ejemplos son: getaround, para arrendar un auto; airbnb para arrendar alojamientos; lovehomeswap para intercambiar arriendos de casas; Lyft cabify y Uber para conectar a quienes quieren llevar con quienes necesitan transporte.

Sigamos con Uber, esta empresa hace mucho más que conectar a choferes y usuarios. Úber tiene un algoritmo de inteligencia artificial que le avisa a los choferes dónde estará la demanda por transporte, un sistema de evaluación por parte de los usuarios para determinar la calidad del chofer y del vehículo. Se integra con las aplicaciones de navegación para optimizar las rutas y el uso de las calles. Adicionalmente, al tener plena trazabilidad del vehículo y el chofer, el sistema es mucho más seguro que ser transportado por un anónimo chofer de taxi convencional. El sistema de evaluación es extremadamente eficiente en sacar a los malos conductores y vehículos deficientes y el algoritmo evita tener automóviles dando vueltas por el mundo, gastando combustible inútilmente. Todo esto lleva a costos más bajos para los usuarios y mayor renta para los conductores.

Todo mejor.

Más aún, esto ya lo resolvió la sociedad, hoy hay tres veces más conductores de Uber que de taxis y en mayor proporción los prefieren los usuarios. Hoy Uber es además, una fuente de ingresos transitorios para personas que lo usan en todo el mundo para complementar sus ingresos normales o financiar sus vehículos.

¿Por qué la oposición del MTT? Voy a aventurar una explicación.

Creo que el problema yace en la compulsión reguladora de las burocracias estatales, en la sensación de que si no regulan llega el caos. También por su sensibilidad a las presiones de grupos organizados, en este caso los taxistas.

Veamos lo de la regulación.

Se regula para corregir un problema. Los taxistas son regulados para tratar de dar un poco de seguridad, para evitar la congestión de las calles y fijar estándares mínimos.

Para cada uno de esos problemas Uber tiene una respuesta mejor que la regulación estatal. Donde ésta fija estándares universales para conductores y vehículos, Uber opone la evaluación de los usuarios. Malos conductores en la práctica, no en el test de una municipalidad, son sacados del sistema con una regla objetiva de evaluación de usuarios.

No hay manera de mejorar la eficiencia en el consumo de viajes que entrega el algoritmo de inteligencia artificial de Uber y hoy es mucho más seguro andar en Uber que en taxi.

En resumen, no se debería tratar de arreglar lo que funciona bien.

Volvamos al caso del carabinero que disparó al conductor de Úber.

El conductor merecía una multa, a lo mejor que lo detuvieran por no obedecer a la autoridad. El disparo fue una brutalidad, disparar es una cosa seria, debe estar reservada para casos extremos. Este no era uno de ellos, pero el verdadero responsable de este sinsentido fue la actitud demencial de la burocracia del MTT de oponerse a sus ciudadanos, que quieren ser trasladados por personas particulares coordinadas por Úber y su tecnología superior.

No metamos a carabineros a combatir lo que los usuarios queremos, esta vez hagamos un esfuerzo para convencer a los técnicos del MTT de que no traten de arreglar lo que no tiene problema, no prohíban ni regulen Uber y dejen que los usuarios decidan cómo transportarse.

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