El diálogo y su valor en el emprendimiento

Para sacar adelante cualquier proyecto, hay que rodearse de personas diferentes. Así conocemos nuestras diferencias y gestionamos otras maneras para conocernos desde el cariño, lo humano y todo lo que va más allá de lo profesional. Algo que se logra dialogando, tal como hacemos cuando emprendemos.

Por Alejandra Mustakis Empresaria
No conozco mejor ruta para solucionar problemas y necesidades que con el diálogo. AGENCIA UNO/ARCHIVO
No conozco mejor ruta para solucionar problemas y necesidades que con el diálogo. AGENCIA UNO/ARCHIVO
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Como fenómeno y motor de la movilidad social, el emprendimiento basa gran parte de su efectividad en el diálogo. Un acto común y corriente, que realizamos a diario, pero por el que pocas veces nos detenemos para dimensionar su fuerza y proyección.

Gracias a distintos encuentros de 3xi tengo claro que, para sacar adelante cualquier proyecto, hay que rodearse de personas diferentes. Así conocemos nuestras diferencias y gestionamos otras maneras para conocernos desde el cariño, lo humano y todo lo que va más allá de lo profesional. Algo que se logra dialogando, tal como hacemos cuando emprendemos.

Siendo prolijos, un negocio existe como tal cuando se lo conoce. Antes de eso, solo es una idea pronta a ser realidad. Al superar dicha fase, la actividad suscita interés y marca su presencia en la sociedad, el mercado y los clientes. Por esto que su arranque no es fácil y los primeros meses suelen ser complejos, etapa conocida como “el valle de la muerte”, ya que por primera vez se entablan conversaciones que ubican a las empresas en el mapa y que, de ser eficaces y persistentes, pueden no tener fin.

Por otro lado, no conozco mejor ruta para solucionar problemas y necesidades que con el diálogo, pues expresamos lo que sentimos y, al mismo tiempo, somos receptivos de las sensaciones del otro. Acá no se manipula, no se domina ni exige. Sí se aprovecha como espacio para presentarnos, para conocer y contrastar nuestras diferencias, como también para cultivar valores cercanos a la diversidad en nuestra vida.

Quiero detenerme en este último punto, porque significa mucho para quienes emprenden e innovan. Todo negocio que añore ser sostenible en el tiempo debe incorporar pluralidad en sus áreas y servicios. Esto va desde abarcar la mayor amplitud de miradas sobre los temas, hasta incorporar distintos perfiles y personas capaces de congeniar y construir. Los resultados no solo quedarán a la vista en el clima laboral, pues las diferencias nos enriquecen y el respeto nos une, sino que también dará otra alma a nuestra empresa. Otra matriz que permita abrir la cancha para los cambios y las transformaciones.

Sin duda que es más fácil compartir en una mesa donde todos son iguales, pues unifica ambientes y generaliza discursos, además de acelerar los motivos para ponerse de acuerdo. Sin embargo, también es cierto que así no ocurre la innovación. ¿Qué empresa es exitosa haciendo más de lo mismo? Un atributo importante de todo negocio sólido y disruptivo es la diferenciación.

Una campaña que promueve este tipo de espacios en Chile es #PorElDiálogo. Iniciativa surgida desde la sociedad civil y que convoca a todo quien quiera pavimentar el camino y así lograr los cambios que el país necesita. Como ciudadanas y ciudadanos en democracia, somos responsables de potenciar este derecho y no cometer los mismos errores que nos dividen. El actual ciclo de la humanidad demuestra que la construcción del futuro es colectiva, en conjunto, donde los emprendedores tenemos voz al ser la principal fuerza laboral de los tiempos que corren.