Legado y memoria

Hablar de historia y memoria parece ser algo fácil, pero lo cierto es que tiene su intríngulis. El relato histórico que hoy es hegemónico es responsabilidad de nuestro olvido respecto de la UP, y de nuestro silencio respecto del Gobierno Militar. Si algo debemos agradecer a Gabriel Boric es que nos permite repensar nuestro proyecto histórico como sector y poder sin miedos, perder la inocencia y entrar al debate de la batalla de la memoria.

Por Benjamín Cofré Fundación Jaime Guzmán › Actualizado: 19:51 hrs
El ataque a la estatua de Salvador Allende ubicada en Las Industria fue ampliamente criticado, entre ellos por el candidato presidencial Gabriel Boric. AGENCIA UNO/ARCHIVO
El ataque a la estatua de Salvador Allende ubicada en Las Industria fue ampliamente criticado, entre ellos por el candidato presidencial Gabriel Boric. AGENCIA UNO/ARCHIVO
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El 17 de septiembre la estatua del ex presidente Salvador Allende ubicada en San Joaquín amaneció cubierta de pintura roja, y las muestras transversales de repudio a este actuar no se hicieron esperar. El candidato presidencial de la ultraizquierda, Gabriel Boric, sentenció en un tuit que: “Este tipo de actos son inaceptables en el país que queremos construir. Podrán atacar el monumento de Allende, pero no podrán mancillar su legado ni tampoco la memoria histórica de nuestro país”.

Ya muchos han dejado en claro al candidato Boric su doble estándar: ¿Recuerdan su mofa a la polera con el rostro baleado de Jaime Guzmán? Lo mismo con las vejaciones que sufrió la estatua del general Baquedano en la plaza que lleva su nombre. Pero me gustaría profundizar en aquellos dos aspectos en los que el presidenciable apunta respecto de la historia y la memoria.

Primero, el “legado” de Allende es algo que siempre ha estado patente en los discursos de los sectores izquierdistas, no como un modelo a seguir, sino una senda a retomar. Cabe, entonces, recordar que durante los “mil días” del ex mandatario socialista se intervino el Poder Judicial, el Congreso declaró su gobierno inconstitucional e incluso la Contraloría resultó manipulada. Y en todo esto aún no se expone ni la situación económica desastrosa, ni la erosionada situación social.

Ahora bien, sobre la memoria histórica de nuestro país hay mucho que discutir. Es cierto que como sector las derechas han cedido en “la batalla de la memoria”, término acuñado por la historiadora María Angélica Illanes, manteniéndose impertérritas ante afirmaciones como las de Illanes que, en su libro homónimo de 2002, expresa que se debe recuperar el proyecto histórico que causó la persecución, exilio, muerte, tortura y desaparición de miles de compatriotas durante el Gobierno Militar. Esto se debe, como señala Adriana Valdés (columna en El Mercurio de 17 de septiembre), a que la narrativa histórica hegemónica “está hecha de suficientes recuerdos para resultar convincente y de suficientes olvidos como para resultar coherente”. Y esto es lo que me hace escuchar la campana de alerta.

Hablar de historia y memoria parece ser algo fácil, pero lo cierto es que tiene su intríngulis. El relato histórico que hoy es hegemónico es responsabilidad de nuestro olvido respecto de la UP (Unidad Popular), y de nuestro silencio respecto del Gobierno Militar. Si algo debemos agradecer a Gabriel Boric es que nos permite repensar nuestro proyecto histórico como sector y ―como señalaría Illanes― poder “sin miedos, perder la inocencia y entrar al debate” de la batalla de la memoria.