Secciones
Opinión

Meditación de abril

Cada nuevo abril me permito meditar sobre el sacrificio del ex senador Jaime Guzmán, quien dio su vida por amor: amor a Dios, amor a Chile, y amor a esa hermosa causa llamada libertad.

Llega abril. Tomo un libro de mi estante, me siento, lo abro y empiezo a leer. En mi mente, logro visualizar la escena escrita tan vívida, como si yo mismo hubiese sido testigo del viacrucis que el protagonista está a punto de experimentar. ¡Bang! Suenan los disparos a la salida del campus universitario. Dos jóvenes huyen a toda prisa hacia el taxi robado la noche anterior, al parecer el plan estaba completo. El auto al que balearon marchaba con su ventana reventada en dirección a la sede de un partido político ―las cuentas de su rosario no paraban de moverse entre sus dedos―, la desesperanza y la confusión se hacían mayores ―al parecer rezaba―, había que llegar al hospital.

Entra el Subaru Legacy conducido por su chofer por emergencias a la vez que sus ocupantes claman por ayuda. Habían malherido a un senador de la República, a poco más de un año de haber retornado a la democracia plena en Chile.

Entró al pabellón. La gente se agolpaba a las afueras del centro médico esperando alguna noticia. Su madre prefería no atender el teléfono; ella estaba en el extranjero y en su alma ya sabía las noticias que el cable quería informarle. Seguía llegando gente.
El médico sale a hablar con la prensa, informando el deceso del senador. La gente llora, se lamenta, ¡grita! El terrorismo arrebató la vida del político más importante del siglo XX chileno, a la vez que con su sangre regaba suelo fecundo, cosechando luego un legado de trascendencia inconmensurable: nuevas generaciones de gremialistas, de democrata independientes, de jóvenes con vocación social y cristiana. 

Cada nuevo abril me permito meditar sobre el sacrificio del ex senador Jaime Guzmán, quien dio su vida por amor: amor a Dios, amor a Chile, y amor a esa hermosa causa llamada libertad.

 

Benjamín Cofré,
historiador
 

Notas relacionadas








La fila sigue igual

La fila sigue igual

Volveremos a tener un sistema de admisión más razonable, pero que seguirá repartiendo los cupos de los pocos colegios buenos que quedan, en vez de preguntarnos por qué quedan tan pocos.

Foto del Columnista Andrés Joannon Andrés Joannon