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De la confrontación a la convergencia

Es hora de acoger las diversidades, las porosidades, las convergencias que nos lleven a la ansiada amistad cívica a ese Chile que en algún momento olvidamos.

Tras el estallido nuestro país ha ido eligiendo su destino político a partir de un balotaje y plebiscitos. Hemos sido sentenciados a lo binario, lo maniqueo, a toda aquella simpleza no razonable que brota de la simple confrontación. Todo ello, configurado desde oscilaciones que no ofrecen continuidad ni estabilidad alguna; amanecemos de un lado y atardecemos de otro.

En la última elección, la del plebiscito de salida, compartimos la misma euforia de estar consiguiendo una mayoría incontrarrestable. Una emoción vivida en el plebiscito de entrada, pero esta vez con menos claridad. Ese 62 por ciento encerraba contradicciones que se suscitaban entre quienes defendían la Constitución vigente y quienes buscábamos superar las trincheras y maximalismos tanto de aquella como de la nueva propuesta.

Lo importante entonces es dilucidar como avanzar y comprender el escenario futuro desde una mirada no dualista sino convergente. Desde ahí se puede romper toda lógica de suma cero; desde ahí podemos encontrar múltiples posibilidades de diálogo en torno a una política de acuerdos y proclive a cambios graduales y no refundacionales. Justamente ello se dejo ver entre quienes estaban dispuestos a reformar la propuesta realizada por la Convención Constituyente y quienes mantenían un rechazo que no se agotaría en la continuidad de la Constitución de 1980.

Las fuerzas políticas que ilustran lo antes dicho son coincidentemente las fuerzas centrípetas de este país, fuerzas de centroizquierda, centro y centroderecha que permiten pensar en otro futuro. Justamente, la elección que se nos viene no es de confrontación dual y puede ser entendida como una elección de múltiple convergencia. Las listas Todo por Chile y Chile Seguro, dada la recomposición de fuerzas tras acuerdos y desacuerdos previos, abren un sinfín de posibilidades para aunar principios y moderar discusiones.

Chile no debe caer en experimentos, en superioridades morales, en populismos o extremismos. De alguna forma u otra debemos leer bien los escenarios de la nueva elección y al hacerlo vislumbrar aquel camino integrador que nos merecemos. Es hora de acoger las diversidades, las porosidades, las convergencias que nos lleven a la ansiada amistad cívica a ese Chile que en algún momento olvidamos. La construcción conjunta de una buena y nueva Constitución es una tarea pendiente pero necesaria, una tarea justa y reconciliadora.

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