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Nuestro tiempo

A fines de octubre recién pasado el Papa León XIV realizó en el Aula Pablo VI un encuentro con líderes y representantes de diversas religiones del mundo, y con miembros del Cuerpo Diplomático acreditados ante la Santa Sede, en una reunión bajo el llamado de “Caminando juntos en la esperanza”.

El diálogo ecuménico e interreligioso es fundamental para el avance de las relaciones entre los diferentes pueblos y naciones. Considera la valoración de las creencias y espiritualidad, como un aspecto esencial en el respeto de la dignidad humana. En este sentido, se ha celebrado recientemente el sexagésimo aniversario del documento Nostra Aetate (Nuestro Tiempo), uno de los escritos más importantes del Concilio Vaticano II que analiza las relaciones de la Iglesia Católica con las religiones no cristianas, en especial con el judaísmo en el contexto de los procesos de reflexión teológica y filosófica que siguieron al Holocausto.

La declaración destaca en su proemio que “Todos los pueblos forman una comunidad, tienen un mismo origen, puesto que Dios hizo habitar todo el género humano sobre la faz de la tierra, y tienen también un fin último, que es Dios”. Y resalta “La Iglesia Católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero”. En palabras recientes del Papa León XIV destacó que, “el capítulo dedicado al judaísmo es el corazón y núcleo generativo de toda la declaración”.

El documento señala que “este Sagrado Concilio recuerda los vínculos con que el Pueblo del Nuevo Testamento está espiritualmente unido con la raza de Abraham”. Y agrega, “La Iglesia no puede olvidar que ha recibido la Revelación del Antiguo Testamento por medio de aquel pueblo, con quien Dios, se dignó establecer la Antigua Alianza”. Y para no dejar dudas, establece que “la Iglesia reprueba cualquier forma de persecución contra los hombres, consciente del patrimonio común con los judíos, e impulsada no por razones políticas, sino por caridad evangélica, deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los judíos”. Esto es muy relevante de volver a revisitar y considerar hoy, en virtud del aumento y normalización del antisemitismo que se ha visto en variadas latitudes en los últimos años.

Así también, la declaración presenta su postura frente al Islam indicando: “La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres”. Y añade: “Si en el transcurso de los siglos surgieron no pocas desavenencias y enemistades entre cristianos y musulmanes, el Sagrado Concilio exhorta a todos a que, olvidando el pasado, procuren y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres”. Esta es una expresión muy clara de respeto, unidad e invitación a construir puentes de diálogo y trabajo conjunto, que tiene una creciente vigencia y relevancia en virtud de las tensiones culturales que caracterizan a la sociedad contemporánea, y que hacen aún más urgente el diálogo entre el Cristianismo y el Islam.

Así, con el objeto de celebrar este aniversario, a fines de octubre recién pasado el Papa León XIV realizó en el Aula Pablo VI un encuentro con líderes y representantes de diversas religiones del mundo, y con miembros del Cuerpo Diplomático acreditados ante la Santa Sede, en una reunión bajo el llamado de “Caminando juntos en la esperanza”. En esta oportunidad, el Papa reiteró que Nostra Aetate adopta una postura firme contra todas las formas de antisemitismo. Señaló, “de hecho, la Iglesia rechaza toda forma de discriminación o acoso por motivos de raza, color, condición de vida o religión”. En los tiempos que vivimos, esta ratificación del Papa cobra un especial valor, ya que junto con esta condena, reitera un llamado al diálogo permanente y fecundo al que denomina “una forma de vida, un viaje del corazón que transforma a todos los involucrados, tanto al que escucha como al que habla”.

El mensaje es claro, en la ceremonia ha solicitado a los líderes religiosos a “ayudar a los pueblos a liberarse de las cadenas del prejuicio, la ira y el odio, a superar el egoísmo y egocentrismo”. Cierra el Papa destacando que estamos en el año de la esperanza, nos invita a caminar juntos construyendo puentes de diálogo, nuevos caminos y acuerdos. Es este un llamado a la construcción conjunta desde el corazón, dejando atrás toda forma de antisemitismo, segregación y cancelación de ideas y creencias. Es en definitiva, un llamado a valorar la dignidad de cada persona que habita en esta tierra común. Es un gran desafío para este año Jubilar de la Esperanza.

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