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La verdadera dignidad

La conversación seria y republicana es un guiño al pasado, a recuperar el camino perdido. Y a trascender ese octubrismo que tanto daño nos hizo. La amistad cívica, algo excepcional que nos vuelve a unir, es la envidia de muchos países. Algunos seguirán celebrando los insultos de Petro o las majaderías de Maduro, pero estas elecciones son una invitación a la unidad.

Después de una votación impecable, vestida de ritos y símbolos republicanos, Chile se vistió de azul. En una jornada ejemplar, la candidata Jara reconoció de inmediato el triunfo de Kast y lo felicitó personalmente. Su discurso, empañado por las barras bravas de la izquierda radical, partió apelando al aprendizaje. Llamó a la unidad y valientemente, contra el coro de los octubristas, rechazó la violencia “venga de donde venga”. En seguida fue el turno del Presidente Boric, con su llamada por línea fija. Esos teléfonos cableados junto a la puesta en escena reflejan lo que los chilenos valoramos. La conversación seria y republicana es un guiño al pasado, a recuperar el camino perdido. Y a trascender ese octubrismo que tanto daño nos hizo.

La amistad cívica, algo excepcional que nos vuelve a unir, es la envidia de muchos países. Algunos seguirán celebrando los insultos de Petro o las majaderías de Maduro, pero estas elecciones son una invitación a la unidad. Kast lo dijo claramente en su discurso. El resultado simboliza también un potente llamado ciudadano. La demanda es tan simple como compleja: recuperar la seguridad y retomar el camino del crecimiento. Ahora solo cabe esperar que la izquierda razonable reivindique el affectio societatis que nos trajo tanto progreso.

Mirando atrás, la hubris con la que llegaron al poder los líderes del Frente Amplio cambió en ciento ochenta grados el curso de las flechas del destino. El candidato del partido del Presidente a las primarias obtuvo un magro 9%. La abanderada de la coalición socialdemócrata que se embarcó en la operación rescate de Apruebo Dignidad, fue derrotada. En cambio, los experimentados compañeros del PC ganaron el gallito. El objetivo político inicial del gobierno de Boric era reemplazar y ahogar a la Concertación. Solo recuerde el slogan “no son 30 pesos, son 30 años”. A juzgar por el desenlace, lo lograron. Y con creces: el Gobierno le entrega el poder a Kast que votó Sí. Y lo que queda de la Concertación, como Edipo, vive su destierro

Quién hubiera imaginado, hace menos de cuatro años, este resultado. Tal vez los que conocían a los líderes frenteamplistas hubieran adelantado que, bajo ese paragua de Apruebo Dignidad, triunfaría el partido de la hoz y el martillo sobre ese puñado de jóvenes presumidos de excesiva confianza en sí mismos y superioridad moral. Sin embargo, quién hubiera imaginado una candidata del PC promoviendo la seguridad, el crecimiento y el control de la inmigración. Esto es, defendiendo una agenda de derecha. Cualquiera que hubiera apostado por ese escenario, habría sido tildado de loco.

Más aún si constatamos que el octubrismo cavó su propia tumba. Y el neoliberalismo que prometieron enterrar, renació con más fuerza de las cenizas. Afortunadamente, el Presidente Boric actuó como un dios Jano cuidando las puertas de La Moneda. A diferencia de su par colombiano, cambió la ideología por el pragmatismo y privilegió la democracia. Inmediatamente, fijó posición respecto a Venezuela. Y ante la inexperiencia, confió en la Concertación. Al final, terminó dignamente su gobierno. Pero esa dignidad no fue la que proyectaban los adalides del octubrismo. La verdadera dignidad, esa que vimos ysentimos el día de la elección, es otra.

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