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De la épica generacional al realismo tecnocrático: Kast vs. Boric en sus primeros gabinetes

El primer gabinete anticipa el tono de un gobierno. Boric privilegió un relato generacional y simbólico, mientras Kast opta ahora por un diseño tecnocrático y promercado. El contraste expone dos estilos de liderazgo y los riesgos de extremar la épica o la tecnocracia en un país que requiere crecimiento con legitimidad social

En Chile los primeros gabinetes son mucho más que un listado de nombres y muestran la primera hoja de ruta sobre cómo cada Presidente entiende el poder, la economía y las coaliciones que necesita para gobernar. El contraste entre el primer gabinete de Gabriel Boric y el que acaba de anunciar José Antonio Kast no es solo ideológico; es un giro desde la épica generacional hacia un realismo abiertamente tecnocrático y promercado.​

El gabinete inicial de Boric apostó fuerte por el símbolo: paridad de género, promedio de edad bajo 50 años, fuerte presencia del Frente Amplio y el Partido Comunista, y figuras emblemáticas de las protestas como Izkia Siches en Interior, Giorgio Jackson en Segpres y Camila Vallejo en la vocería. La señal era de un gobierno de cambio de ciclo, cercano a los movimientos sociales, que buscaba ampliar derechos sociales con un relato generacional. El costo fue que la curva de aprendizaje en gestión, manejo de crisis y orden político fue muy empinada, y terminó forzando cambios tempranos de gabinete y un repliegue del programa económico original forzado en gran medida por el resultado del rechazo y no necesariamente porque el gobierno lo quisiera.​

José Antonio Kast, en cambio, configura un gabinete que habla otro idioma: economistas, técnicos y ejecutivos de larga trayectoria, muchos de ellos independientes de partidos, con un equipo económico protagonizado por Jorge Quiroz en Hacienda, Daniel Mas como biministro de Economía y Minería y Tomás Rau en Trabajo. Este un diseño que da señales claras al mercado: prioridad en materia de crecimiento, desregulación, destrabar permisos, consolidación fiscal y seguridad pública como condición para la inversión. Al incorporar figuras como Ximena Rincón en Energía, Jaime Campos en Agricultura y perfiles del mundo empresarial en Cancillería y otros ministerios, Kast intenta construir una coalición más amplia hacia el centro, pero con un innegable sesgo proempresa.​

Desde una mirada económica, el gabinete de Kast corrige muchos de los problemas de diseño del arranque de Boric. Hay una mayor coherencia interna en el equipo económico, menos tensión entre Hacienda y los ministerios sectoriales y una lectura más realista del estrecho margen fiscal y del pobre crecimiento tendencial. La apuesta es que un “superministro” como Quiroz pueda coordinar finanzas públicas, mercado laboral, inversión y energía con una sola brújula procrecimiento. La pregunta es si este péndulo hacia la tecnocracia y el empresariado no subestima las dimensiones de legitimidad social y política que también condicionan el éxito de cualquier agenda económica.​

Porque así como el primer gabinete de Boric sobrerrepresentó la épica del cambio y subestimó la experiencia ejecutiva, el riesgo del gabinete de Kast es el inverso: privilegiar la eficiencia económica y la confianza empresarial por encima de la representación de mundos sociales y territorios que hoy se sienten distantes del sistema político.​ Chile necesita equipos capaces de ordenar las cuentas fiscales, destrabar inversión y subir la productividad, pero también es necesario cuidar la cohesión social y reconstruir confianzas entre ciudadanos, política y empresas. ​

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