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Emergencia gubernamental

No todo es seguridad y bolsillo, porque Chile necesita sostener el posicionamiento país en un mundo diferente al que era hace sólo un par de años atrás.

Los problemas que surgen de un triunfo electoral que tiene más visos de ser psicológico y no político comienzan a manifestarse, generalmente, el día después de la fiesta de la victoria al diseñar la estrategia, la estructura y el estilo del gobierno por venir.

Las declaraciones, entrevistas, y reuniones en diferentes ámbitos de la sociedad, no han dado hasta hoy claras señales del potencial de liderazgo del presidente electo, quién se mostró con un estilo tan doméstico como familiar, y con más visos de simpleza que de sencillez. No es lo mismo ser sencillo que ser simple, ya que ser simple implica una actitud básica y elemental que puede generar falta de confiabilidad de conducción política.

De allí las dificultades para poder armar su primer gabinete, tal vez con la confusión que presenta el concepto de “gobierno de emergencia”, algo que transmite transitoriedad, y en realidad ningún integrante de un equipo de gobierno estará de acuerdo con lo transitorio, ya que de allí se deduce que el primer gabinete, como habitualmente sucede, aparece como la primera línea de combate que termina desgastándose en lo duro de la batalla inicial.

José Antonio Kast planteó un diagnóstico imaginario y no real acerca de un país que “se cae a pedazos” y que se requiere un gobierno de emergencia para su reconstrucción, relato que crea un inconsciente colectivo que transforma una realidad inventada en una realidad.

El problema es que un relato resiste lo inventado, pero dar tratamiento a una enfermedad que no existe es potencialmente peligroso.

El dilema es si Kast puede llevar ese relato a la gestión, que no debe manejarse de forma doméstica ni familiar, ni una cuestión de fe, es plantear un marco estratégico que por ahora parece una incognita, porque estrategia no es plantear discursos sobre lo justo que es el capitalismo, la libre empresa, el hombre de bien y todo lo que representa el otro lado del mal. Eso es sólo proselitismo. Y eso ya pasó.

El discurso del bien contra el mal es el impacto psicológico que acrecienta fanatismos que enfrentan los opuestos izquierda-derecha, como si el capitalismo y el socialismo es igual en todas partes sin importar el contexto cultural, social e institucional de los países.

Ese relato (que también se reproduciría desde el otro lado de la política en caso que hubiese triunfado), alienta el fanatismo que, como todo fanatismo no es inofensivo sino, lo que aún es más grave, es incompatible con la democracia. Tener el monopolio de la idea justa y verdadera versus el mal a veces no admite el pluralismo de ceder frente a otras opciones.

Retomando el armado de la estructura del gabinete, la estrategia exige qué hacer a partir de un marco filosófico que plantee la postura del gobierno frente a situaciones que implican relaciones internacionales, acuerdos internos con los stakeholders clave de la sociedad (empresarios, organismos sociales, etc.) y claridad de rumbo.

No todo es seguridad y bolsillo, porque Chile necesita sostener el posicionamiento país en un mundo diferente al que era hace sólo un par de años atrás.

Una instancia positiva del armado del equipo es la diversidad de los elegidos, algo que tal vez no era lo esperado por el núcleo duro republicano, pero la decisión de diversidad fortalece el poder. La instancia no positiva es la aparente falta de recorrido y experiencia política de los integrantes, ya que si sólo son buenos técnicos deberán tener claridad política desde el presidente. Tal vez allí será imprescindible entender la conformación de la “mesa chica política” de Kast para abordar el análisis de situación, prescribir decisiones y hacer el trabajo de unir fuerzas políticas para fortalecer la gobernabilidad.

La gobernabilidad es “gobernar bien”, lo que implica no pensar en el pasado ni tener como objetivo central el que “el comunismo nunca regrese”. Ya está gastada la idea de inventar un enemigo fantasma para tapar incapacidades propias.

Se viene un nuevo gobierno, con más esperanza que certezas. Kast será el encargado de despejar dudas y ponerse el gobierno al hombro, un gobierno que es bastante más complicado que una familia.

¿Cuestión de fe? No. Cuestión de actitud.

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