Las últimas semanas no han sido fáciles en relación a la imagen proyectada por José Antonio Kast en diferentes sectores políticos, sociales y, especialmente, en los sectores de mayor presencia intelectual.
Las críticas a su falta de retórica política, a su lenguaje precario que parece desnudar un pensamiento simple (que no es lo mismo que pragmático), a un relato que parece vacío y a las primeras excursiones internacionales que promovieron visitas de dudosa estirpe democrática, ponen de manifiesto dudas respecto a la personalidad y al ideario del presidente electo.
Y esas críticas no solo parten del sector opositor (aún en el gobierno), sino que son nubarrones que empiezan a cubrir a los propios partidarios y a quienes sin serlo le otorgaron el voto frente a un supuesto mal peor. Lo deseable es que las críticas sean solo eso y no se conviertan en fuego enemigo y menos aún en fuego amigo, lo que debilitaría aún más la imagen presidencial y sembraría dudas en un gobierno que necesita ser convincente y sólido desde el primer día de asumir.
Más allá del entusiasmo, hay que ayudar a la esperanza con acciones presentes que permitan dar claridad a un futuro posible. Y las señales parten desde el primer momento y no del conformismo de “lo importante es lo que haga cuando asuma”.
Frente a este escenario, la pregunta que surge es: ¿Qué se espera de Kast?
En un mundo occidental dónde la transvaloración del modelo progresista parece generar de renacer de un discurso restaurador de valores tradicionales impulsados por un extremo conservador, la figura de Kast pareciera encajar en esta etapa en la que, en términos de Nietzsche, aparece quien afirma la vida con sus propios valores y voluntad de poder, es decir, el superhombre.
¿Acaso Chile está esperando a ese superhombre que restaure los valores tradicionales supuestamente destruidos por el impulso progresista del gobierno anterior?
¿Acaso Kast tiene la solidez intelectual para convertirse en quien vuelva a recrear antiguos valores y así superar el vacío existencial?
¿O simplemente Chile está esperando mejorar la seguridad, darle algo de respiro al bolsillo de la gente y con eso exigir efectividad en el nuevo gobierno?
Pedirle a Kast que sea un impulsor de la evolución cultural y social es una utopía. Pedirle efectividad en su gobierno es posible si puede dirigir a un equipo que mejore la actualidad económica y social con más profesionalidad que creencias, porque hay que resolver la vida terrenal de las personas y para eso el presidente electo debe entender que sólo enfocado en la comodidad y en la seguridad, no se alcanzan objetivos de crecimiento y desarrollo, los que exigen creatividad por sobre la mediocridad.
Lo que si hay que pedirle a Kast es que sea efectivo, no un estadista ni un filósofo porque no lo va a ser. Pero para ser efectivo tiene que tener claridad de pensamiento que se refleje en el lenguaje, tanto en el relato como en los gestos y en sus relaciones. Y esa claridad es la que debe transmitir a un equipo de gobierno que debe estar convencido en que no hay que restaurar viejos valores, sino hacerse cargo de la evolución.
Esperemos a un presidente, no a un superhombre.