La Ley Jacinta, motivada por una dolorosa necesidad de prevención, está marcando un hito en la legislación vial chilena. Si bien su mensaje principal es asegurar que quien esté detrás de un volante sea idóneo para ello, contiene una arista fundamental: la actualización de los estándares tecnológicos de los vehículos.
La normativa introduce un cambio profundo al permitir que vehículos de transporte de personas o carga incorporen cámaras, monitores y otros dispositivos en reemplazo de los espejos laterales. Pese a que se podrían incorporar otros elementos o instrumentos de tecnología que puedan hacer que la conducción de vehículos sea más segura, este nuevo cambio normativo es más que una simple modernización estética; es el inicio del reconocimiento formal de que la tecnología de asistencia es superior a los sistemas pasivos que hemos utilizado por décadas. En este caso, por ejemplo, el espejo nos muestra lo que está ocurriendo, mientras que la introducción tecnológica al vehículo previene e incluso se adelanta ante un potencial incidente.
Sin embargo, el verdadero avance se encuentra en la adopción de un enfoque integral de la seguridad. La legislación abre la puerta, pero el camino lo trazamos en la operación diaria de las flotas. Básicamente, cualquiera está vulnerable de que ocurra un accidente, por lo que la tecnología -especialmente la que habla del comportamiento del conductor- ayuda a esto.
La vulnerabilidad en la carretera es universal, y la protección debe ser proactiva. Nuestra tecnología, aquella que va más allá de la mera visualización para centrarse en el comportamiento humano al volante, es la verdadera herramienta de cambio. Sistemas que detectan fatiga (que la Ley Jacinta también aborda en su espíritu de prevención), distracciones o patrones de conducción riesgosos no solo cumplen con una norma, sino que atacan la raíz de la mayoría de los accidentes. Aquí la invitación es a seguir en el camino de no solo verificar la salud del conductor, sino que también sus imprudencias como excesos de velocidad o movimientos bruscos, ya que son éstas las que generan los mal llamados “accidentes”. Importante agregar además la salud del vehículo, la que muchas veces descuidamos tanto a nivel particular, como en las grandes flotas.
La Ley Jacinta, al bendecir el uso de tecnología activa en la visión, nos exige ir un paso más allá en la prevención. Este es un llamado a que empresas de transporte y logística adopten sistemas que no solo registren incidentes, sino que los prevengan, utilizando la data para perfeccionar constantemente el comportamiento del conductor. La seguridad vial ya no puede permitirse mirar solo hacia atrás; debe anticiparse mirando de frente.