“Cada invierno trae consigo un aumento de los virus respiratorios. No es una sorpresa: con las bajas temperaturas pasamos más tiempo en espacios cerrados, con menor ventilación y mayor contacto cercano entre las personas. Ese escenario facilita la transmisión de distintas infecciones respiratorias y aumenta las consultas médicas, las hospitalizaciones y la presión sobre el sistema de salud.
Sin embargo, es importante entender que durante el invierno no circula un solo virus. En realidad, conviven varios al mismo tiempo. Para esta temporada se espera la presencia de influenza, SARS‑CoV‑2 —el virus que provoca el COVID‑19— y el virus respiratorio sincicial (VRS), además de otros virus respiratorios habituales como el rinovirus, el metapneumovirus y la parainfluenza.
Estos virus forman parte del escenario invernal habitual y su comportamiento es monitoreado de manera constante a través de la vigilancia epidemiológica. Este sistema permite seguir la circulación de los virus respiratorios en la población, detectar tendencias y anticipar escenarios sanitarios. Gracias a esta información es posible tomar decisiones de salud pública, como el momento adecuado para iniciar las campañas de vacunación.
Precisamente por esa razón este año la campaña de inmunización comenzó de forma anticipada. El objetivo es que las personas estén protegidas antes de que aumente la circulación viral. Cuando los contagios ya están en aumento, muchas veces llegamos tarde desde el punto de vista preventivo.
Es importante recordar que las vacunas no son tratamientos para cuando ya estamos enfermos. Su función es preventiva. Preparan al sistema inmunológico para reconocer el virus y responder de manera más rápida y efectiva si llegamos a exponernos a él.
Por lo mismo, esperar a que comiencen los contagios para vacunarse no es la mejor estrategia. La protección que entregan las vacunas requiere tiempo para desarrollarse. Vacunarse con anticipación permite que el organismo genere las defensas necesarias antes de enfrentar una mayor circulación viral.
La campaña de vacunación se enfoca especialmente en grupos prioritarios: adultos mayores, personas con enfermedades crónicas, niños pequeños, embarazadas y también el personal de salud y educación. Estas poblaciones tienen mayor riesgo de desarrollar complicaciones graves asociadas a infecciones respiratorias.
Pero la vacunación no solo protege a quien recibe la dosis. Cuando una mayor proporción de la población está inmunizada, también disminuye la circulación de los virus en la comunidad. Esto ayuda a proteger indirectamente a quienes son más vulnerables, como los niños pequeños, los adultos mayores o las personas con sistemas inmunológicos debilitados.
En Chile ya hemos visto el impacto de estas estrategias. La implementación de medidas de inmunización contra el virus respiratorio sincicial en recién nacidos ha mostrado resultados muy positivos, reduciendo de manera significativa las complicaciones asociadas a este virus.
El invierno siempre traerá virus respiratorios. Eso es parte de la dinámica estacional de estas infecciones. Lo que sí podemos cambiar es cuán preparados estamos para enfrentarlos”