La caída de la natalidad es sin duda uno de los temas más relevantes que enfrenta nuestro país. Se ha conocido recientemente que el año pasado, la tasa de fecundidad fue de 0,97 hijos por mujer (con una tasa de reemplazo de 2,1 hijos), lo que es realmente preocupante y nos ubica dentro del grupo de países con menor fecundidad. La drástica disminución de los nacimientos ha sido muy marcada en las últimas tres décadas. El número de nacimientos disminuyó a la mitad en 30 años, con mayor relevancia en los últimos diez años, en que el número de recién nacidos ha caído en forma muy significativa.
Esta realidad ha transformado a Chile en uno de los países donde esta disminución ha sido más brusca. De hecho, en el futuro inmediato se proyecta un crecimiento poblacional negativo en los próximos cinco años. Junto a esto, en la actualidad, la población migrante representa cerca de 18% de los nacimientos, con significativa variabilidad entre las regiones del país. Los recién nacidos de madres de origen extranjero, se han triplicado en cinco años. En las estadísticas del sistema público, uno de cada cinco partos proviene de una madre que ha nacido en el extranjero y que se ha radicado en Chile.
Lo descrito ha significado una marcada tendencia al envejecimiento de la población, se ha calculado que hacia el año 2070 más del 40% de la población tendrá más de 65 años, lo que ciertamente es un cambio demográfico mayor. Esta situación, que también se presenta con una maternidad postergada, va a significar cambios significativos en las áreas de la salud, educación, vivienda y otros aspectos de la vida en nuestra sociedad.
Sin duda, las causas de esta gran caída en la natalidad son multifactoriales, dentro de los que se cuentan factores sociales, económicos, culturales y también de creencias y espirituales. Dentro de las causas que se han analizado, se ha atribuido un rol muy importante al aumento del costo de la vida y a las dificultades económicas de las familias. Estos aspectos, que son relevantes para determinar el número de hijos, se han asociado con mayor frecuencia al nacimiento del primer hijo de la familia. Sin embargo, los análisis más detallados no han demostrado una correlación directa entre nivel de ingresos y caída de la natalidad. Hay una distribución amplia y homogénea en nuestra población.
Sin duda hay factores que hacen compleja la formación de una familia con hijos, dentro de los que se cuentan la caída en el número de matrimonios, una pérdida de la espiritualidad y del sentido trascendente de la vida, los problemas en poder compartir las labores de cuidado y corresponsabilidad, -tanto de niños como también de adultos mayores, la que recaen principalmente en las mujeres-, las dificultades de acceso a la sala cuna con las consecuentes dificultades de la llegada de las mujeres a un campo laboral, la tardanza en la maternidad por proyectos personales, las crecientes dificultades de acceso a la vivienda, el alza permanente del costo de la vida; el cuidado del medioambiente y muchos otros factores que se presentan con el desarrollo. Sin embargo, con todos estos aspectos presentes, es importante explicitar que no se ha demostrado una causalidad definida ni objetiva, sino más bien una suma de factores involucrados y condicionantes de esta realidad. Por esto, y al ser una realidad multifactorial, ha existido una gran dificultad para lograr tener un cambio de tendencia real, que sea efectivo y duradero.
La relevancia de esta situación es que, si la realidad que vemos hoy se mantiene y profundiza, sin duda se va a ver una modificación del concepto de familia. Por esto, los aspectos en que hay que ahondar son los valores de la familia, de la generosidad, entrega, el sentido de trascendencia y mirada de futuro con la esperanza que se funda en tener un mundo y realidad mejor a la que conocemos hoy. Estos factores pueden aportar a un cambio de tendencia para una sociedad que debe crecer y desarrollarse con mirada de un futuro promisorio.
Es importante considerar que, en una construcción de familia, los hijos nos ayudan a madurar, a ver otras realidades, a salir de nosotros mismos, en el fondo a ser mejores personas. Hoy, en el camino y tendencia en que nos dirigimos, vamos a perder conceptos claves de nuestra vida en común, que nos permiten compartir, ser generosos y favorecer la vida en comunidad. El concepto de familia, hijo, hermano, nos permite comprender mejor la vida y vivir en comunidad. Un futuro con menos hijos será una sociedad más individualista, más estrecha, y, en definitiva, más pobre en los valores trascendentes de la vida.
La mirada de futuro requiere de generosidad, esperanza, apertura y entender la gratuidad de la vida, que tiene un valor en sí mismo. La mirada espiritual, la fe y el sentido trascendente de nuestra vida, proyectada con generosidad, solidaridad y confianza en el futuro de las futuras generaciones, nos pueden ayudar a trazar nuestro proyecto de vida personal y familiar.