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Y si gobernamos

El presidente fue elegido para satisfacer dos objetivos cotidianos (bolsillo y seguridad) que la sociedad le confió, y para eso debe darse cuenta que para transformar lo imprescindible es necesario evolucionar.

Parece que hay consenso en torno a lo que ocurre con la actualidad del gobierno de José Antonio Kas, que más allá de intentar fortalecer su posición, da la sensación de convivir con errores no forzados que debilitan su imagen y pone a su gobierno en el centro de las críticas.

En este escenario, da la sensación de que todos quieren estar en la fila de los desahuciados, y también en la otra fila de los que buscan acomodarse cerca del presidente para intentar recomponer un nuevo círculo de confianza.

Más allá de esto, la falta de foco en los temas determinantes es lo que genera dudas en una sociedad que eligió a un presidente en desmedro de otro candidato (candidata), y que espera una mejora en su bolsillo y un marco de seguridad que le permita una mejor convivencia.

Claramente, estas dos expectativas están distantes de esta realidad.

¿Cuál es el foco actual del gobierno? Las sensaciones que se generan a partir del discurso débil y confuso del presidente (claramente no es un comunicador), orientan su mandato hacia un intento refundacional, es decir, parece que el intento es poner a Chile en un espacio temporal del que ya no puede volver. Y no solo por el octubrismo, que para algunos extremos ha significado el fin de los tiempos, sino que nada puede regresar por la evolución misma de la sociedad. Algo natural.

Desde esa perspectiva, si el presidente Kast se piensa a sí mismo como un restaurador, se verá en problemas. Un presidente disuelve conflictos, no se compra conflictos y menos aún cuando su gobierno se percibe carente de un modelo integrador.

Mirar a Chile por un espejo retrovisor es negar el camino hacia un futuro que puede aprender de las luces y sombras de un pasado, pero que no debe olvidar que mañana siempre es mejor.

El presidente debe poner foco en ordenar la economía y en cumplir con la promesa de ocuparse de la seguridad, es decir, hacerse cargo de las exigencias cotidianas de la gente. Nada fácil si el presidente no logra generar los acuerdos políticos que permitan fluir las decisiones difíciles de fondo para que se reflejen en esa cotidianeidad.

Ajustar el Estado sin una motosierra sin sentido, sino con prioridades claras que permitan la adecuada asignación de recursos en temas sensibles como la educación, la salud y la seguridad, es una conversación difícil.

Aceptar que la seguridad requiere de un modelo que asegure la convivencia y la libertad, también es una conversación difícil.

Pero para eso está el presidente, no para atrasar los relojes intentando revivir el pasado.

El presidente Kast no fue elegido para hacer un cambio cultural, porque no necesariamente su sistema de valores es el sistema de valores de toda la sociedad.

El presidente fue elegido para satisfacer esos dos objetivos cotidianos (bolsillo y seguridad) que la sociedad le confió, y para eso debe darse cuenta que para transformar lo imprescindible es necesario evolucionar, lo que requiere de una mirada al futuro propia de un vidente y de la paciencia de una araña para tejer las redes que le permitan gobernar para todos.

Para lograrlo debe abandonar los paradigmas que le hacen suponer que el pensamiento es uno solo, y para eso tiene la opción y los recursos para rodearse de miradas diferentes que le ayuden a integrar ideas nuevas para resolver los problemas de siempre.

Quizás es pedirle demasiado. Pero es el presidente…

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Y si gobernamos

El presidente fue elegido para satisfacer dos objetivos cotidianos (bolsillo y seguridad) que la sociedad le confió, y para eso debe darse cuenta que para transformar lo imprescindible es necesario evolucionar.

Foto del Columnista Guillermo Bilancio Guillermo Bilancio