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El ritual político

El riesgo de la reforma tributaria no es que fracase la administración de turno. Es que, si no se encuentra una resolución que sostenga todo el espectro político salvo los antisistema, se consolidará una dinámica de parálisis institucional de la que es difícil salir.

Cada reforma importante en Chile desata el mismo ciclo: meses para fijar las condiciones del debate, negociar los bordes, y acumular votos suficientes. Mientras, el sistema político se desgasta sin avanzar.

El riesgo de la reforma tributaria no es que fracase la administración de turno. Es que, si no se encuentra una resolución que sostenga todo el espectro político salvo los antisistema, se consolidará una dinámica de parálisis institucional de la que es difícil salir.

El costo no es abstracto. Mientras el sistema no resuelve, la inflación vuelve, las tasas suben y la delincuencia se enraíza. Y cada uno de esos fenómenos tiene una dirección conocida: le pega más a quien menos tiene.

La señal ignorada

La clase media tiene una virtud particular: actúa de forma racional. No le interesan las posiciones extremas ni las victorias doctrinarias. Le interesa si puede pagar el dividendo, si puede abrir el negocio sin miedo, si puede pagar el sueldo a fin de mes.

Esa lógica tiene una coherencia que el sistema político no ha sabido leer. El mismo electorado que alterna gobiernos, que rechazó dos propuestas constitucionales opuestas, no está dividido ni confundido. Está mandando la misma señal por distintas vías.

Un sistema funcional no requiere que los políticos sean más virtuosos. Requiere que los incentivos alineen su ambición con el interés ciudadano.

La paradoja de la polarización

Mientras el Parlamento negocia las condiciones para legislar, la ciudadanía espera resultados. No es un problema de personas ni de coyuntura. Es estructural: las reglas del juego recompensan la movilización de bases y penalizan los acuerdos. La polarización no está en la gente, está en la clase política.

La evidencia es consistente. El mismo electorado que alterna gobiernos de distinto signo, que rechazó dos propuestas constitucionales opuestas, que castiga en las urnas a quien no cumple, no está pidiendo más debate. Está pidiendo resultados.

Al final, nadie vota por una doctrina. Vota para que le vaya mejor. El sistema político es el único actor que parece no haberlo notado.

La pregunta equivocada

Los detectores de metal en los colegios son necesarios. Bienvenidos, incluso. Pero son la respuesta correcta a la pregunta equivocada.

Durante el estallido, la incapacidad transversal del sistema político para condenar la violencia con claridad envió una lección pedagógica nítida: las instituciones ceden si la causa suena suficientemente justa. Lo aprendió una generación entera que observó, en directo, cómo funciona la negociación entre el Estado y la presión en las calles.

La pregunta correcta no es cómo se contiene la violencia. Es cómo se revierte una cultura que aprendió que funciona.

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El ritual político

El riesgo de la reforma tributaria no es que fracase la administración de turno. Es que, si no se encuentra una resolución que sostenga todo el espectro político salvo los antisistema, se consolidará una dinámica de parálisis institucional de la que es difícil salir.

Foto del Columnista Kenneth Bunker y Hugo Lavados Kenneth Bunker y Hugo Lavados