A pesar de que, en materia de ciencia e innovación, Chile no tiene un problema de “falta de estrategia”, carecemos de proyectos transformadores. Por esta razón, el Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (CTCI) elaboró un documento técnico, en el cual reconoce el nuevo contexto de transformaciones tecnológicas, ambientales y geopolíticas, y propone prioridades para orientar a las decisiones públicas y privadas en estos temas.
El documento plantea pasar de un modelo de baja intensidad en I+D, fragmentado y con competencia atomizada por los recursos, a un modelo sistémico que integra el conocimiento en las decisiones estatales, la transformación productiva y la acción territorial. Esta transformación supone dejar de tratar a la CTCI como “accesoria” y pasar a verla como parte fundamental de una estrategia de desarrollo. El texto preparado por el Consejo da cuenta de las brechas estructurales actuales: bajo gasto en I+D, débil transferencia de conocimiento, escasa participación empresarial y concentración territorial de capacidades. Además, presenta una estrategia anclada en el logro de seis objetivos: salud integral, educación habilitadora, cohesión social, energías limpias, economías alimentarias regenerativas, economía digital y uso de “laboratorios naturales” tales como el Desierto de Atacama y la Antártica. A los 6 objetivos principales agrega las bases fundamentales de desarrollo sostenible (capacidad hídrica sustentable, recuperación de suelos, protección de ecosistemas) y las tecnologías habilitantes tales como biotecnología e inteligencia artificial. Finalmente, se definen un set de prioridades a las cuales la CTCI ancla las nuevas fuentes de valor.
La sección más “ejecutable” de documento enumera ocho proyectos transformadores de rápida activación: ampliación del incentivo tributario para I+D privada, agenda CTCI para litio y salares, uso de la I+D asociada a defensa como plataforma industrial, protección de sitios de interés científico, inteligencia artificial como motor de movilidad social, centros de excelencia aportando a políticas públicas, fortalecimiento de hubs regionales y evaluación de políticas de CTCI con enfoque sistémico. Estos proyectos permitirán pasar del diagnóstico a contar con un portafolio acotado de intervenciones de alto impacto dejando atrás la etapa de sólo producir conocimiento para pasar a articular capacidades público–privadas que nos permitan como país cerrar brechas de competitividad y lograr transiciones productivas de mayor complejidad.
La pregunta es, ¿que tan distinta será esta estrategia con respecto a otras que se han quedado a medio camino?. La clave reside en la debilidad institucional del CTCI y su fragmentación. Por esta razón se propone una gobernanza “sistémica” dado que es necesaria una alineación de los incentivos para lograr reducir los riesgos de dispersión y de captura sectorial, los riesgos presupuestarios, regulatorios y de evaluación.
En un país con productividad estancada y sin margen fiscal, financiar un ecosistema de CTCI de baja escala y débil conexión con la agenda de desarrollo no es una decisión neutral. La integración exitosa de la CTCI en la evaluación de proyectos, en la política industrial y en la toma de decisiones sectoriales exige compromisos vinculantes entre los ministerios, gobiernos regionales y empresas, así como mecanismos que premien la incorporación de evidencia y la inversión en I+D. La Estrategia CTCI 2026 es, una invitación y un test para nuestra institucionalidad. Aún cuando estamos al debe en materia de capacidad para articular, escalar y sostener estas trayectorias en el tiempo, Chile cuenta con talento, capacidades científicas y singularidades naturales que ofrecen caminos posibles. La diferencia entre un nuevo ejercicio de planificación y una verdadera política de Estado ocurrirá cuando los proyectos transformadores se ejecuten con la misma seriedad con que se redactan las estrategias.