Desde tiempo remotos se ha asociado la infertilidad principalmente con la mujer, quizás en parte por un deseo machista de culparlas frente a una causa que no es exclusiva de un género. Lo mismo ocurría con el sexo del bebé, ellas eran las culpables de que el primogénito fuese hombre o no. Sin embargo, y gracias a la tecnología, hoy sabemos que esto no es así, y que la infertilidad es un problema que aqueja casi en partes iguales a hombres y mujeres. De hecho, cerca de un 40% de los casos de infertilidad corresponden a hombres.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) 1 de cada 6 personas en el mundo,
experimentará infertilidad en algún momento de su edad fértil. Esta cifra equivale al 17,5% de la población adulta. En Chile, en tanto, se estima que entre el 10% y el 15% de las parejas enfrenta esta problemática, la cual muchas veces prefieren callar porque aún sigue siendo un tema tabú para
nosotros.
De hecho, la enorme mayoría de las veces los hombres viven este diagnóstico en silencio,
enfrentando emociones complejas que afectan su bienestar psicológico, sus relaciones y su calidad de vida, porque no saben cómo actuar ni a quién pedir ayuda para sobrellevar de mejor manera la situación.
Y es que existe una presión cultural muy fuerte que asocia la masculinidad con la capacidad
reproductiva. Cuando aparece el concepto de infertilidad en nuestras vidas, muchos hombres podríamos llegar a sentir que no somos suficientes, que le estamos fallando a nuestras parejas y a nuestro linaje familiar o que debemos enfrentar este problema solos porque somos hombres (y como a muchos han criado así, porque los hombres no lloran, como si no fuésemos seres sintientes).
Sensaciones de fracaso, pérdida de identidad, vergüenza, culpa, miedo, aislamiento y temor al juicio social son algunas de las experiencias que vive la enorme mayoría de hombres tras recibir un diagnóstico o durante los tratamientos reproductivos.
La mayoría puede que no cuente con espacios seguros para hablar de lo que está viviendo, ya que el dolor del diagnóstico es tan grande como el dolor que puede llegar a experimentar al sentirse expuestos, además de correr el riesgo de ser “descubiertos” ante un secreto que no se quiere revelar. Por esta razón, es tan importante crear conciencia al respecto y generar los espacios adecuados para
aportar desde la contención emocional y la psicología.
En mi rol de coach especializado en procesos de transformación personal y fundador del programa Fertilidad Emocional, considero que lo importante en estos casos es llevar a los pacientes a reconocer y gestionar emociones conectando con el verdadero propósito que la paternidad cumple en sus vidas. Junto con ello, fortalecer su relación de pareja, recuperar espacios de bienestar personal y desarrollar
herramientas para enfrentar los tratamientos desde una perspectiva más saludable emocionalmente.
El objetivo no es prometer resultados médicos, porque eso depende netamente de la ciencia. Acá lo que debemos hacer es brindar un espacio en donde quienes atraviesan este proceso puedan sostenerse emocionalmente sin destruirse por dentro, aprendiendo a relacionarse de manera distinta
con el diagnóstico, con su pareja y con ellos mismos, mientras lo siguen intentando.
Los especialistas coinciden en que la infertilidad debe abordarse como una condición que afecta a la pareja en su conjunto, sea él o ella la parte más afectada. Sin embargo, la experiencia emocional
masculina continúa siendo uno de los aspectos menos explorados y menos apoyados dentro de los tratamientos reproductivos y debemos avanzar en promover la salud mental para sobrellevar esto y todo lo que pueda estar agravando aún más el proceso.