Los economistas solemos caracterizar y proyectar la evolución del empleo y en particular, la demanda de trabajo, usando parámetros que suponemos estables en el tiempo que son las llamadas elasticidades de la demanda de trabajo producto y salario. Estas elasticidades señalan en qué porcentaje cambia la demanda de trabajo cuando el resto de los factores que la afectan permanece constante. Ellas se estiman con datos históricos, lo que hace que la evolución tecnológica, los cambios en la estructura productiva y en las capacidades de los trabajadores las puedan ir modificando.
En un trabajo publicado hace más de 30 años en la revista Estudios de Economía, con el profesor Luis Riveros buscamos explicar la rápida recuperación del empleo a partir de 1984, para lo que usamos elasticidades que, según la literatura de la época, eran de 0,75 respecto del producto y de -0,35 respecto del salario. Ello significaba que por cada punto porcentual de producto, el empleo requerido por la economía aumentaría en 0,75 puntos y por cada punto de aumento de los salarios reales, el empleo requerido caería en 0,35 puntos. Con esas elasticidades, se pudo anticipar razonablemente bien lo que de hecho ocurrió, una absorción rápida de trabajadores desocupados, en contraste con pronósticos bastante catastrofistas que entonces daban por imposible bajar el desempleo de los dos dígitos.
Sin la pretensión de reestimar esas elasticidades, algo que hoy pudiera ser especialmente arriesgado dados los cambios recientes en educación, tecnología, e introducción de IA, vale la pena hacer un ejercicio que permitiría responder si es hoy el mercado del trabajo especialmente rígido, si son las empresas especialmente reacias a contratar o, dicho de otro modo, si hay factores estructurales ocultos en el mercado laboral que nos impiden entender qué explica la persistente tasa de desempleo.
El ejercicio consiste en aplicar las mismas elasticidades que caracterizaban un mercado hace más de 35 años, de modo de responder qué se podría esperar si el mercado del trabajo hubiera respondido a la evolución reciente de los salarios y del producto, de la misma manera que lo hizo entonces. A modo de ejemplo, si el PIB crece a 2% y los salarios también a 2% real, entonces las elasticidades usadas predecirán que el empleo crecerá en 0,8% anual, 1,5% atribuible al crecimiento del PIB, y –0,7% por los mayores salarios. Con ello, se puede contrastar el crecimiento efectivo del empleo, con lo que hubiera ocurrido a partir de la evolución que han tenido el PIB y los salarios reales recientes, en el caso que el mercado laboral funcionase hoy de la manera que funcionaba hace más de 35 años.
La tabla muestra este ejercicio para dos períodos relativamente recientes, dejando fuera deliberadamente el correspondiente a la pandemia: el primero, entre enero de 2013 y septiembre de 2019; el segundo, desde un año después de la pandemia, entre septiembre de 2024 y mayo de 2026. Lo más llamativo de este ejercicio se observa en la columna que computa la diferencia entre el crecimiento anual efectivo del empleo, y lo que hubiera sido previsible en caso que el mercado laboral funcionara como hace más de 35 años. Como se ve, esa diferencia es siempre positiva, de 0,91 puntos de porcentaje anual en el primer periodo, y de 0,41 puntos de porcentaje en el segundo.
Crecimiento anualizado
| Período | Fuerza de Trabajo | Empleo efectivo | Producto | Salarios Reales | Empleo predicho | Diferencia |
| Ene 2013 – Sept 2019 (80 meses) | 1.98% | 1.78% | 2.01% | 1.89% | 0.88% | 0.91 pp |
| Sept 2024 – Mayo 2026 (20 meses) | 1.58% | 1.12% | 1.53% | 1.27% | 0.71% | 0.41 pp |
La interpretación de los resultados del ejercicio es que el mercado laboral no ha sido menos sensible de lo que lo era hace más de 35 años. Por el contrario, el “empleo predicho” según la forma en que operaba el mercado queda corto frente a lo que efectivamente ha ocurrido. Ello tiene una lectura esperanzadora. No ha sido un problema estructural del mercado laboral lo que explica la falta de crecimiento del empleo. Ha sido la menor expansión del PIB y el alza de los costos laborales (que cabe señalar, han crecido significativamente más que lo reflejado por la evolución del índice de salarios reales). Ello ha impedido que el mercado laboral absorba el crecimiento de la fuerza de trabajo, que ha crecido más que el empleo, y que explica el mayor y persistente desempleo.
Si bien este ejercicio no niega la existencia de un cambio estructural, sugiere que la respuesta a la falta de absorción de empleo está en variables largamente conocidas, el crecimiento económico y el costo laboral. Si, en lugar de observar un crecimiento del PIB anual del orden del 2%, llegáramos a un todavía modesto 4% en la perspectiva de años no tan lejanos, manteniendo el crecimiento de los salarios reales podríamos esperar un aumento del empleo de 1,5 puntos adicionales. Ello, por si solo, podría reducir significativamente la tasa de desempleo para llegar a un 5%, que puede considerarse un nivel de pleno empleo.
Así, antes de procurar respuestas novedosas sobre el funcionamiento del mercado, podemos recurrir a lo que, por evidente, no debe dejar de reiterarse: el crecimiento económico es el principal medio para mejorar las condiciones de ingreso de las personas, y el costo laboral tiene, además del efecto en las empresas, otra cara muy negativa sobre el bienestar de los trabajadores.