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En medio de la fiebre por IA

En medio de la fiebre del oro por la IA, hay que volver a las ideas, al criterio y al punto de vista donde hay emoción. A lo humano. Es urgente.

Está en todos lados. De la misma forma.

IA. En textos, posteos y una lluvia infinita de contenidos.

Pero es demasiado. En serio.

Vamos a LinkedIn. El 40% del contenido está creado por máquinas, según un estudio de Pangram. Sí. Cuarenta por ciento. Cuatro de cada diez posteos son escritos con inteligencia artificial. Y si vamos a X (lo que era Twitter en los buenos viejos tiempos) es peor. Entre el contenido creado por IA y entre IA y humanos, es un 47%.

Locura. Todo se parece. Son pocos los contenidos (los hechos por humanos) que llaman la atención. La única plataforma quizás más libre (por ahora) de esa fiebre por hacer todo a través de máquinas es Substack (esperemos dure).

Eso es solo a nivel de contenidos.

Si vamos más allá, se ve el mismo fenómeno.

Videos parodiando a futbolistas y celebrities. Hechos con IA. Y sin respetar la propiedad intelectual, la marca de los personajes en cuestión. Spots durante las tandas del mundial. IA (y con baja producción, lo cual lo hace detestable). Las búsquedas para productos, marcas y servicios que arrancan con IA terminan condicionando de alguna forma el ciclo de compra de las personas. Los chatbots y servicios de atención al cliente: intentan ser inteligentes usando inteligencia artificial pero -muchas veces- no te permiten llegar a puerto y debes recurrir al chat o al teléfono, rogando que un humano conteste y haga honores a la frase “tu llamado es muy importante para nosotros”.

La fiebre por la IA es eso. Fiebre. Pasó cuando explotaron las redes sociales. Pasó antes con el boom de las puntocom e Internet. Y hoy estamos en esa fase. En pleno hype con OpenAI potenciando el uso de ChatGPT vía voz y en una loca carrera (mientras es demandada por Apple) contra Claude, Gemini y lo que Zuckerberg quiere lograr en Meta.

Es tanto el bombardeo con cosas hechas con IA que ante cualquier noticia o suceso sorprendente, todos preguntan: “¿Es real?”

Las personas ya no saben qué es real. Y qué no.

Las marcas deben producir contenido tras bambalinas para mostrar que la campaña fue hecha con actores reales. O que una película se rodó sin tanta pantalla verde, con cámaras IMAX y en medio del mar.

Mostrar lo real.

Para que la gente vea que ese contenido tiene alma. Que no lo hizo una máquina solita. Y no hay nada malo que el contenido lo produzca una máquina… Pero en medio de la fiebre del oro por la IA, hay que volver a las ideas, al criterio y al punto de vista donde hay emoción. A lo humano. Es urgente.

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