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Cuando Chile decide colaborar

La Teletón nos recuerda cada año algo que Chile parece olvidar con facilidad: somos capaces de colaborar. ¿Cómo transformamos esa capacidad en una forma permanente de abordar nuestros desafíos?

La Teletón nos recuerda cada año algo que Chile parece olvidar con facilidad: somos capaces de colaborar. Durante dos días, personas, empresas, organizaciones, medios, comunidades e instituciones dejan de operar únicamente desde sus propios espacios y se articulan en torno a un propósito común.

El desafío es preguntarnos cómo transformamos esa capacidad de colaboración en una forma permanente de abordar nuestros grandes desafíos, porque innovar no es solo incorporar tecnología, innovar también es encontrar nuevas formas de organizarnos, de colaborar y de construir soluciones entre actores distintos. Es conectar capacidades que estaban separadas, generar confianza y movilizar recursos en torno a un propósito compartido.

Desde esa perspectiva, la Teletón puede ser entendida como un verdadero laboratorio de innovación social a escala país. Durante dos días comprobamos que somos capaces de coordinar voluntades, movilizar recursos y poner a personas muy distintas a trabajar por un mismo objetivo. Y eso, en un país que muchas veces se percibe fragmentado, tiene un enorme valor.

Por supuesto, la rehabilitación, la inclusión y el acceso a oportunidades para las personas con discapacidad no deberían depender exclusivamente de la solidaridad. Existe una responsabilidad permanente del Estado en garantizar derechos y construir políticas públicas capaces de responder a estas necesidades. Reconocer esa responsabilidad no significa desconocer el valor de lo que ocurre cuando toda una sociedad decide involucrarse.

Exigir mejores respuestas públicas y, al mismo tiempo, fortalecer nuestra capacidad de colaborar como sociedad no son posiciones contradictorias. Al contrario, los desafíos complejos requieren de ambas.

Si durante dos días somos capaces de movilizar capacidades, recursos y voluntades para avanzar en rehabilitación e inclusión, quizás la gran innovación pendiente sea aprender de ese modelo para construir los otros 363.

Eso implica llevar esa misma lógica colaborativa a la inclusión laboral, la educación, la accesibilidad, el diseño de nuestras ciudades y el desarrollo de nuevas tecnologías. También significa pensar la rehabilitación desde la innovación, incorporando tecnología, inteligencia artificial, nuevos dispositivos y nuevas formas de atención que permitan ampliar la autonomía y las posibilidades de cada persona.

Pero quizás el aprendizaje más importante está en las nuevas generaciones. Cada niño y joven que participa de la Teletón aprende que es posible colaborar con otros y ser parte de una causa que trasciende los intereses individuales.

Innovar también es aprender de aquello que ya sabemos hacer bien y llevarlo más lejos. La Teletón demuestra que Chile tiene capacidad de colaborar. El desafío es transformar esos dos días en un aprendizaje para los otros 363.

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Foto del Columnista Camila Mohr Camila Mohr