Eduardo Ríos, ex fiscal del Caso ProCultura que renunció al Ministerio Público tras la decisión de la Corte de Apelaciones de Santiago de desestimar el desafuero de Claudio Orrego, abordó en una reciente entrevista su decisión y realizó duras acusaciones contra quienes fueran sus superiores.
En conversación con T13 Radio aseguró que entre noviembre y diciembre vivió una “serie de situaciones”, como por ejemplo “espionaje clandestino” en el marco de su trabajo en la indagatoria respecto al convenio entre la Gobernación Metropolitana y la fundación que encabezaba Alberto Larraín.
Tras más de dos décadas en el Ministerio Público, Ríos aseveró que “sentí que ya debía dar un paso al costado ya que no estaba de acuerdo y conforme con ese tipo de actitudes que también se han ventilado en la prensa que estaban relacionados con mobbing y con maltrato laboral“.
Para el ahora ex persecutor había “un patrón de persecución, aislamiento, hostigamiento en mi contra que aún desconozco los motivos“.
“Situaciones tan claras como espionaje clandestino en mis actividades laborales, aislamiento en mi toma de decisiones, desautorización de decisiones, control poco transparente a través de mensajes, instrucciones contradictorias y básicamente un silencio jerárquico que nunca entendí”, cuestionó.
En cuanto al “espionaje”, detalló que comenzó a darse cuenta porque “muchas cosas que yo hablaba con mi equipo luego eran vertidas en correos que remitían institucionalmente internamente“.
“A través de terceras personas me fui dando cuenta que se le había pedido bajo reserva a otra funcionaria que emitiera informes sobre el caso que ya todos conocemos de ProCultura, a mis espaldas, sin informarme”, explicó.
Consultado por su relación con el fiscal regional de Antofagasta, Juan Castro Bekios, Ríos indicó que “yo tenía una buena relación con él, lo conozco hace muchos años. De un día para otro dejó de comunicarse conmigo, ni por teléfono ni por WhatsApp, ni por ninguna vía“.