Los disparos, durante un procedimiento policial, que luego derivaron en la muerte del sargento de Carabineros Javier Figueroa en Puerto Varas causaron especial conmoción el pasado 11 de marzo. No solo se convirtió una semana más tarde en el primer mártir de la institución en lo que iba del 2026, sino que las circunstancias que rodearon su fallecimiento ocurrieron en los momentos previos del traspaso de mando presidencial.
“Cada vez que muere un carabinero, se muere una parte de Chile. Seguiremos trabajando para apoyar y proteger a nuestros Carabineros, y buscaremos incansablemente a los responsables para que este crimen no quede en impunidad”, comprometió Kast cuando se confirmó el deceso de Figueroa.
La información preliminar apuntaba a que luego de ser alertado sobre personas que bebían alcohol en un cruce ferroviario, desconocidos le dispararon en la cabeza, lo que causó en ese momento una muerte cerebral. A dos meses de lo ocurrido, T13 dio cuenta de las complejidades que enfrenta la investigación. Hasta ahora, no hay indicios de participación de terceros.
Las diligencias investigativas lograron establecer, por ejemplo, que el llamado al 133 de Carabineros que daba cuenta de los sujetos bebiendo en la vía pública fue realizado desde un celular “asociado” a Figueroa. Este teléfono fue encontrado sin un chip, lo que en primera instancia impide a los funcionarios policiales identificar el número telefónico del que proviene la llamada.
Adicionalmente, se logró establecer que la bala que impactó al carabinero provino de su arma de servicio. Pese a que este armamento fue periciado y que se cotejó con el ADN del funcionario que acompañaba a Figueroa, hasta ahora no se ha encontrado material genético de terceros en ella.