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¿Nivelamos hacia abajo?: estudio revela que la brecha educativa se redujo por la caída de alumnos de mejor desempeño

Un estudio de Acción Educar reveló que pese a que los estudiantes del quintil más bajo mejoraron sus resultados en PISA 2025, los de nivel socioeconómico más alto mostraron una baja en su rendimiento.

Los resultados de PISA 2025 reabrieron el debate sobre la educación en Chile, por los puntajes significativamente inferiores a los que alcanzó hace diez años especialmente en Matemática y Lectura.

Desde Acción Educar hicieron zoom a los resultados y encontraron un llamativo hallazgo: pese a que las brechas socioeconómicas se redujeron, y que los alumnos del quintil más bajo mejoraron su desempeño, parte de este cierre se explica por una caída en el rendimiento de los alumnos del quintil superior.

En concreto, la diferencia entre el puntaje promedio de estudiantes del quintil superior (Q5) y el inferior (Q1) pasó de 125 a 85 puntos en Ciencias Naturales entre 2006 y 2025, de 126 a 80 puntos en Lectura y de 125 a 78 puntos en Matemática.

En Lectura, el quintil superior disminuyó su puntaje de 517 a 489, mientras que el Q1 pasó de 391 a 409. En Matemáticas, la caída en el Q5 fue aún más pronunciada: bajó de 483 a 452. En el quintil inferior, en tanto, la evolución fue de 358 a 374.

“Reducir las brechas constituye un avance solo cuando esta se produce mediante mayores aprendizajes entre quienes presentan mayores rezagos, y no por una caída de quienes obtenían los mejores resultados”, apunta el informe.

Qué explica la reducción de las brechas

Antonia Thezá, investigadora de Acción Educar y autora del análisis sobre PISA, responde a EL DÍNAMO si considera que estos resultados indican una especie de “nivelación hacia abajo” en materia educativa. “No creemos que este sea un fenómeno exclusivamente chileno ni que pueda atribuirse a una sola causa. Existe un deterioro más amplio a nivel internacional y, tanto en Chile como en la OCDE, los resultados de 2025 son inferiores a los de 2015. La pandemia probablemente profundizó estas dificultades, pero no las explica por completo, ya que en Chile, Lectura y Matemática ya mostraban señales de retroceso antes de 2020″, despeja.

“A esto se suma, desde nuestra perspectiva, una pérdida de foco de la agenda educativa en los aprendizajes. Durante los últimos años gran parte de la discusión y de los recursos se ha concentrado en otras prioridades, particularmente en educación superior, mientras han sido escasas las reformas orientadas directamente a mejorar lo que los estudiantes aprenden en la sala de clases. También han incidido problemas como la violencia escolar y, más recientemente, aparecen nuevos desafíos vinculados al uso de inteligencia artificial, especialmente entre estudiantes que todavía están desarrollando la capacidad de utilizarla críticamente como apoyo y no como sustituto del aprendizaje”, añade.

Por ello, recomienda la experta, resulta especialmente relevante “profundizar en qué está ocurriendo en la parte alta de la distribución y estamos trabajando en un análisis específico sobre esta evolución”.

Las fortalezas de los estudiantes chilenos

El informe también identificó las fortalezas para construir mejoras en los aprendizajes. Los estudiantes chilenos presentaron niveles de curiosidad (75%) y perseverancia (73%) superiores a los promedios OCDE de 73% y 60%, respectivamente.

También los estudiantes manifestaron una percepción favorable (85%) del apoyo recibido por sus docentes en las clases de Ciencias. Pese a que la mentalidad de crecimiento es 3 puntos más baja que el promedio de la OCDE de 69%, en Chile este indicador se encuentra particularmente asociado al desempeño. De hecho, quienes presentan esta disposición obtuvieron en promedio 40 puntos adicionales en Ciencias, 12 puntos por sobre la OCDE.

“Estas fortalezas se pueden aprovechar incorporándolas de manera más explícita al proceso de enseñanza. Si los estudiantes muestran curiosidad, perseverancia y una mentalidad de crecimiento, el sistema debiera generar más oportunidades para que esas disposiciones se expresen en el aula, mediante problemas desafiantes, espacios de indagación, autonomía y una comprensión del error como parte del aprendizaje“, sugiere Thezá.

El apoyo docente, a juicio de la investigadora, puede aprovecharse “para detectar rezagos tempranamente, entregar retroalimentación más personalizada y sostener a quienes presentan mayores dificultades”. Esta fortaleza podría potenciarse, según Thezá, si es que se avanza en la reducción burocrática de los establecimientos. “Si los docentes disponen de más tiempo para concentrarse en la enseñanza y en las necesidades de sus estudiantes, se puede fortalecer precisamente uno de los aspectos que PISA muestra como positivo: el vínculo y apoyo que los profesores entregan durante el proceso educativo“, apunta.

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