Los resultados de la prueba PISA 2025 volvieron a encender una alerta sobre los aprendizajes y la calidad de la educación en Chile. La medición que se realiza cada tres años y que esta vez se hizo a 91 países, evidenció una dura caída en el desempeño de los escolares de 15 años, donde todos sus rendimientos se situaron bajo el promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Aunque nuestro país sigue entre las naciones con mejores resultados en el contexto latinoamericano, las cifras revelan una tendencia de fondo preocupante: los aprendizajes fundamentales no logran despegar y, por el contrario, registran sus niveles más bajos en años. De hecho, un 38% de los estudiantes no alcanza el nivel básico en Lectura y un 59% tampoco lo logra en Matemática.
Respecto a PISA 2022, el desempeño mostró una baja significativa. En Matemática, disminuyó 9 puntos, mientras que en Lectura la baja fue de 12 puntos. En Ciencias Naturales, en cambio, el resultado se mantuvo estadísticamente estable, con una variación de -2 puntos.
Bajo este contexto, es pertinente mirar con detención el panorama de la educación chilena, identificando los factores que habrían incidido en estos resultados y cómo se pueden revertir estos números en los próximos años.
Qué hay detrás de la fuerte caída en el rendimiento de los estudiantes en Chile
“Es un panorama preocupante, que se viene diagnosticando hace bastante tiempo con SIMCE y con resultados anteriores de PISA. Aún estamos en un escenario en que más de la mitad de los estudiantes está bajo el nivel mínimo en Matemática. Además, la comparación de largo plazo muestra que este deterioro no comenzó con la pandemia, sino que venía desde antes y todavía no hemos logrado revertirlo. Ahora bien, lo que identifica PISA son resultados de un problema que ocurre mucho antes: en educación parvularia y en los primeros niveles de educación escolar”, comenzó diciendo a EL DÍNAMO, Francisca Espinoza, directora de Estudios de Acción Educar.

Sobre los factores que podrían explicar el desempeño en PISA, Espinoza señaló que el diagnóstico muestra que no estamos frente a un problema que apareció de un momento a otro. “Los déficits que observamos a los 15 años son parte de un proceso acumulativo y, por eso, las dificultades que no se abordan oportunamente terminan transformándose en rezagos cada vez más difíciles de revertir”, expuso.
“A eso se suman señales que PISA entrega sobre las condiciones en que están aprendiendo los estudiantes: desafíos de clima de aula, distracción digital y una disminución de algunos indicadores de apoyo familiar”, añadió.
Desde Educación 2020, su directora ejecutiva, Ingrid Olea Sepúlveda, define esta situación como un “mal desempeño, sin matices”, enfatizando que Chile “se encuentra 40 puntos bajo la OCDE en ciencias, 25 en lectura y 60 en matemática. Casi tres de cada diez estudiantes bajo el mínimo en todo”.
Respecto a las causas, la OCDE entrega un conjunto de explicaciones que se reforzarían entre sí. Olea explicó que globalmente la lectura viene bajando desde 2012, la ciencia sufrió un deterioro gradual durante la década y matemáticas cayó con fuerza después de 2018. “El informe es explícito en que el deterioro antecede al COVID-19 y apunta a problemas más profundos de los sistemas educativos”, expresó.
Dentro de la prueba de lectura, se evidenció que lo que más cayó fueron las tareas con textos largos y las que exigen evaluar, comparar fuentes y reflexionar. Lo que menos cayó fueron las de localizar un dato puntual. En este marco, apuntó que la proporción de “lectores apresurados” subió del 7 % al 11 % entre 2018 y 2025. “Eso describe estudiantes que perdieron capacidad o disposición para sostener la atención en una tarea exigente. Los jóvenes siguen sabiendo decodificar. Lo que se está perdiendo es la lectura profunda”, detalló Olea.
A lo anterior, se suma que la curiosidad y la perseverancia se debilitaron. “También bajó el apoyo familiar: hay menos conversaciones en la casa sobre lo que pasó en el colegio, y esa caída golpea más a los hombres y a los estudiantes vulnerables. Y subieron el ausentismo y los atrasos”, agregó.
Dónde nuestro país está peor que el promedio, la directora de Educación 2020 destacó dos cosas: “La primera es la distracción digital. En Chile el 48 % de los estudiantes reporta que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales en la mayoría o en todas las clases de ciencias. El promedio OCDE es 28 %, y en Japón y Corea es 7 %. Somos el tercer país con la cifra más alta de los 91 evaluados, después de Uruguay y Argentina”.

La segunda tiene que ver con la “brecha de género en matemática”, de 18 puntos a favor de los hombres cuando en la OCDE es de 13.
Cristian Bellei, investigador del CIAE de la Universidad de Chile, resumió que las potenciales explicaciones del declive a nivel global y de Chile son “la desconcentración provocada por el uso de dispositivos, el uso excesivo de pantallas para fines recreacionales, la descarga cognitiva por el uso de IA para reemplazar y no complementar el trabajo intelectual propio, y la baja capacidad para sostener una lectura profunda. En Chile, se agrega la frecuente interrupción de clases, falta de involucramiento subjetivo de los estudiantes y un clima de aula poco propicio para el aprendizaje (ruidoso, desordenado y poco productivo). Efectos prolongados de la pandemia también se suman”.
Los principales desafíos en la educación y a qué se debe apuntar para reducir brechas con la OCDE
Desde Acción Educar, Francisca Espinoza enfatizó que el principal desafío es poner los aprendizajes en el centro. “Necesitamos identificar oportunamente dónde están las dificultades, focalizar los apoyos en quienes más lo necesitan y asegurar una progresión efectiva de los aprendizajes desde la primera infancia”, sostuvo.
En esa línea planteó la necesidad de dar continuidad a las políticas públicas que se enfoquen en aprendizajes y aprovechar las fortalezas que ya existen.
Por su parte, Bellei afirmó que es vital invertir en capacidades docentes, “aprender de las escuelas y liceos que a lo largo del país sí obtienen logros, sí mantienen un clima de aula productivo y sí logran motivar a sus estudiantes”, y finalmente, fortalecer los recintos educativos, promoviendo una cultura escolar positiva, y profesionalizando la gestión institucional a todo nivel. Lo anterior, implica “abandonar políticas que no han dado resultado, como la privatización, la competencia entre escuelas y la creación de rankings, por nombrar algunas”.
En tanto, desde Educación 2020 enumeraron cuatro desafíos. “Declarar la matemática una emergencia nacional”, lo que significa concentrar recursos en la enseñanza de la matemática en educación básica; “profundidad antes que cobertura curricular”, haciendo alusión a la recomendación del secretario general de la OCDE respecto a que se debe velar enseñar bien un conjunto acotado de contenidos en vez de recorrer superficialmente una lista larga; “recuperar la lectura profunda y el tiempo de atención”, donde se debe regular el uso del celular en la sala, cuyo “desafío es pedagógico antes que prohibicionista”; y finalmente “volver a mover el techo sin soltar el piso”.
Lo último hace referencia a que el 2,6 % de excelencia y el 28,8 % bajo el mínimo “son la misma enfermedad”, ya que a su juicio, “es un sistema que no logra que nadie llegue lejos. Se necesita una política de desarrollo del talento, que hoy no existe, y sostener al mismo tiempo el apoyo a los estudiantes que van más atrás”.
Sumado a ello, Olea afirmó que hay una advertencia sobre la inteligencia artificial (IA). “El informe encontró que los estudiantes que usan chatbots para tareas específicas, como resumir textos, obtienen
en promedio peores resultados en ciencias que quienes no lo hacen. Pero los que la usan con frecuencia para aprender obtienen resultados mejores. Esas oportunidades de aprender a usarla críticamente las reportan sobre todo los estudiantes de mayor nivel socioeconómico. Se está abriendo una brecha digital nueva, que ya no es de acceso a la herramienta sino de acceso al criterio para usarla. Chile debería anticiparse ahora”.
En cuanto a las brechas de género en matemática, en Educación 2020 mencionaron una de las medidas que han implementado para intentar reducirlas. Se trata del programa Todas Cuentan, el cual contempla tutorías dirigidas a alumnas de tercero básico, que están pilotando junto al SLEP Los Parques, en tres escuelas de Quinta Normal, y con la Escuela de Ingeniería de la Universidad Católica.
Las tutoras son estudiantes universitarias de ingeniería, que además de enseñar buscan convertirse en referentes cercanas para las niñas, con el objetivo de proyectar que las mujeres también pueden desarrollarse en matemática. Son 12 sesiones híbridas y el programa cierra con un festival de aprendizaje a fines de noviembre.
