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Diputado Jaime Bassa: “La posibilidad del Frente Amplio de volver pronto a La Moneda es cierta”

El diputado y exvicepresidente de la Convención Constitucional asegura que el FA trabaja para retornar al gobierno y critica la gestión de Kast: acusa “certeza ideológica y poca responsabilidad democrática” tras el bencinazo, y advierte que la retórica de la crisis fiscal “no se sostiene con datos”.

El diputado Jaime Bassa (Frente Amplio), abogado constitucionalista y exvicepresidente de la Convención Constitucional, llegó al Congreso en marzo de 2026 representando al Distrito 7. Desde esa nueva tribuna, ya tiene definido el horizonte para el proyecto político que representa: volver a gobernar.

La transición de Bassa y el Frente Amplio no es menor. El diputado fue uno de los rostros que lideró la redacción de la primera propuesta de nueva Constitución que fue rechazada en 2022. Ahora, Bassa integra la bancada frenteamplista, la más numerosa del progresismo. El FA, en tanto, pasó de ejercer la primera magistratura del país a la oposición del Gobierno del presidente José Antonio Kast.

Sobre ese trayecto reflexiona Bassa en conversación con EL DÍNAMO. Sobre su paso por la convención, el diputado dice haber aprendido la importancia “del diálogo y la capacidad de sentarnos a conversar con quienes piensan distinto”. Y respecto a la experiencia del FA a la hora de gobernar, acota: “Ese aprendizaje es bastante completo para un proyecto político que llegó a gobernar muy poco tiempo después de haberse fundado”.

Eso sí, para Bassa hoy lo relevante es cómo hacer frente a la ola de medidas que ha tomado Kast en sus primeras semanas cuestionando el relato del Gobierno en torno a la situación fiscal del país: “Si fuera cierto que estamos en un problema de estrés fiscal, no hay ninguna explicación que permita justificar medidas tributarias que, como las que ha anunciado el presidente Kast, disminuyen la recaudación”, dice el diputado.

Bassa: “El Gobierno de Kast está actuando con mucha certeza ideológica y con muy poca responsabilidad democrática”

—¿Le parecen suficientes las medidas que anunció el Gobierno esta semana para contener el alza en el precio de los combustibles?

—El problema con esas medidas es que dejan en evidencia que el Gobierno no se da cuenta de que subir el precio del combustible de la forma en que lo hizo afecta a toda la cadena de producción y distribución de los bienes y servicios que consumen las familias. Entonces, medidas puntuales de subsidios a quienes consumen combustibles —taxistas, transporte— o incluso los subsidios al gas son insuficientes, porque no contienen el impacto más potente que va a tener el alza: la presión inflacionaria sobre los precios de los bienes y servicios. Eso demuestra mucha ignorancia por parte del Gobierno.

—¿La oposición apunta a reponer el MEPCO?

—Llamaríamos al gobierno a recapacitar, a retroceder, y a permitir que el MEPCO funcione como venía funcionando por bastantes años.

—¿Pero eso sería fiscalmente sostenible? 

—Si el Estado no asume la responsabilidad de mantener la estabilidad financiera de las familias, ese costo lo van a asumir ellas de todas formas, independientemente de cuál sea el monto. La pregunta de fondo no es cuánto cuesta, porque lo sabemos. El punto es quién asume ese costo. El Gobierno decidió que lo asumieran las familias chilenas.

—¿Pero reconoce que hay una situación de estrés en las cuentas públicas que atender?

—Si efectivamente hubiera un estrés sobre el gasto fiscal, entonces uno debería preguntarse por qué el Gobierno decide rebajar la carga tributaria a las empresas, a los más ricos. Eso va a generar que disminuya la recaudación. Entonces, si fuera cierto que estamos en un problema de estrés o estrechez fiscal, no hay ninguna explicación que permita justificar medidas tributarias que, como las que ha anunciado el presidente Kast, disminuyen la recaudación.

—¿Cuál sería la alternativa, entonces?

—Es necesario ordenar la estructura de gasto, sí. Pero esa debe ser una discusión democrática que se lleve adelante en el Congreso, que no se implemente simplemente por decreto, y que incluya también un debate sobre los ingresos fiscales, no solamente el gasto. Hay una cuestión importante con el litio, hay margen para pensar de una buena vez un cambio en la matriz productiva de nuestro país. Si solo vamos a reducir el gasto público, los que van a pagar las consecuencias son las familias, y ya lo estamos viendo con la decisión que se tomó respecto del MEPCO.

—¿Cree que hay un componente ideológico en la política fiscal con la que partió este gobierno?

—Creo que es muy evidente que el Gobierno de Kast está actuando con mucha certeza ideológica y con muy poca responsabilidad democrática. Está empujando una agenda de reducción del Estado, de reducción de los impuestos a los más ricos, pero sin transparentar realmente lo que está haciendo, escondiéndose básicamente en esta retórica de la “crisis financiera”, del “Estado en quiebra”, que el mismo Gobierno tuvo que salir después a moderar. 

—Atendiendo esa retórica del gobierno, y considerando que el déficit fiscal subió de manera importante en los últimos tres años del gobierno de Boric sin cumplirse las metas, ¿usted cree que el gobierno anterior pudo haber hecho algo mejor para no dejar esta situación al actual Gobierno?

—Lo que muestran las cifras es que efectivamente hay un problema estructural en los ingresos y el gasto fiscal del país. Eso no se puede desmentir, y viene arrastrándose incluso antes de la pandemia. Creo que el gobierno anterior hizo bastante reactivando la economía, conteniendo la inflación, aumentando la inversión pública y privada. Lo que correspondería para este Gobierno —en vez de disminuir los impuestos y reducir la recaudación— es consolidar el esfuerzo que se ha venido haciendo por normalizar esa situación de déficit estructural, y hacer una propuesta al país que permita aumentar los ingresos públicos, mejorar las capacidades regulatorias del Estado en lugar de reducirlas.

Bassa y el aprendizaje de los procesos constitucionales: “El principal aprendizaje de ambos procesos es la necesidad del diálogo y la capacidad de sentarnos a conversar”

—¿Cómo han sido estas primeras semanas para usted como diputado? Durante la campaña la derecha dirigió bastante críticas a su figura por el rol que cumplió en la Convención.

—Para nada he sentido ese emplazamiento. Han sido semanas de una interlocución muy intensa e interesante. He aprendido mucho en pocos días sobre el funcionamiento del aparato estatal y de la Cámara de Diputados en particular. Esta semana iniciamos además el trabajo territorial, principalmente en la provincia de San Antonio. Todos entendemos que el momento político que estamos viviendo es distinto al de 2021. Hoy estamos llamados a pensar en el interés de la ciudadanía, de la clase media, de los sectores populares y cómo resolver los problemas concretos.

—Sobre esa reflexión que usted hace, de que estamos en un momento político diferente al de 2021, ¿qué experiencia se lleva del primer proceso constitucional para esta nueva etapa como diputado?

—Yo diría que el principal aprendizaje de ambos procesos es la necesidad del diálogo y la capacidad de sentarnos a conversar con quienes piensan distinto. Una de las cosas que me preocupa es la falta de aprendizaje de esos procesos que vemos hoy en el Partido Republicano que está gobernando con la misma dinámica que tuvo en el Consejo Constitucional: tomando decisiones solo. Me preocupa que hoy estemos viendo decisiones que se imponen verticalmente, sin consulta, y cuyas consecuencias no se prevén: retirando decretos muy importantes en tramitación, retirando leyes que incluso contaban con apoyo transversal, como la ley de pesca o la atención universal en salud. Ahí hay un aprendizaje pendiente de parte de quienes están gobernando hoy. Si no lo asumen pronto, la falta de diálogo y de responsabilidad democrática les va a pasar la cuenta.

—¿Y en lo más personal? ¿Hay algo que usted vea diferente ahora como diputado respecto a lo que hizo en la Convención?

—Probablemente, tener una visión panorámica más completa respecto de las tácticas que uno puede implementar para conseguir determinados objetivos políticos. La construcción de acuerdos transversales es fundamental. Ese trabajo político caracteriza a los órganos colegiados de representación popular, y deberá caracterizar también a la Cámara de Diputados y al Senado durante este período legislativo. Espero contribuir en ese sentido.

Bassa y el futuro del FA: “Espero que todo el aprendizaje que hemos tenido en los cargos de gestión nos permita fortalecer el partido para volver pronto a La Moneda

—¿Qué saca en limpio el Frente Amplio de los cuatro años de gobierno ahora que les toca ser oposición?

—Fueron cuatro años bien interesantes e intensos. Hubo una buena combinación entre resultados concretos y positivos, discusiones que se iniciaron pero no pudieron cerrarse, y también la cruda realidad de cuestiones que no pudieron ni siquiera comenzar a discutirse. El gobierno del presidente Boric presenta resultados concretos muy positivos en materia macroeconómica, y también en políticas públicas concretas: la Política Nacional del Cuidado, la Ley de 40 Horas, entre tantas otras. También hay discusiones que se inician en este período y que esperamos puedan seguir adelante, como la despenalización del aborto

Luego, evidentemente, está la conciencia de todo aquello a lo que simplemente no se pudo avanzar, como la reforma tributaria. Ese aprendizaje es bastante completo para un proyecto político que llegó a gobernar muy poco tiempo después de haberse fundado.

—¿Qué reflexión hay de que ahora se pasa a ser oposición? ¿Hay un aprendizaje del “otra cosa es con guitarra”?

—Toda esa retórica de “otra cosa con guitarra” que se ha aplicado mucho a esta generación tiene cierto tufo paternalista, porque no se aplicó respecto del presidente Piñera en 2010, y tampoco se está diciendo ahora respecto del presidente Kast, cuyo partido también se ha dado cuenta de las dificultades que tiene para llenar cargos y de la ausencia de cuadros técnicos. 

—Pero respecto al fondo, ¿hay un aprendizaje sobre cómo ser oposición a partir de haber gobernado cuatro años?

—Efectivamente, ser oposición es distinto a ser gobierno, y el Frente Amplio ha dado muestras de ser una oposición muy efectiva: el partido creció mucho siendo oposición, y el hecho de haber llegado al gobierno apenas diez años después de que se fundaron los primeros movimientos que derivaron en el Frente Amplio da cuenta de que sabemos ser oposición. Espero que todo el aprendizaje que hemos tenido en los cargos de gestión —en el gobierno central, en los gobiernos regionales y especialmente en los municipios— nos permita fortalecer el partido para volver pronto a La Moneda

—¿Cree que el proceso que está atravesando hoy el Frente Amplio tiene como conclusión retornar al poder?

—El partido está viviendo un proceso de fusión que ha traído buenos resultados. Es un proceso en algún sentido contracíclico: mientras vemos que todos los partidos se dividen y muchos partidos chicos se ven amenazados por la disolución —terminando muchas veces gestionados como verdaderos chiringuitos políticos—, el Frente Amplio va en el sentido contrario: juntándose, fusionándose, creciendo. Además, estamos en un proceso de congreso estratégico e ideológico del cual vamos a salir fortalecidos como partido. Y, por cierto, la posibilidad del Frente Amplio de volver pronto a La Moneda es cierta. Hemos estado trabajando firmemente para eso en los últimos meses, sacando conclusiones y adelantando las experiencias que se gestionan en el Ejecutivo, en la Junta Nacional y en los municipios. Es la aspiración legítima de todo partido: llegar al poder.

—¿Ve al Frente Amplio como el partido llamado a liderar al sector —la izquierda y la centroizquierda— en estos próximos cuatro años de oposición?

—Creo que cada partido dentro de la oposición tiene roles distintos. Lo importante es que podamos articular una relación coordinada y horizontal entre todos los partidos del sector —el Partido Socialista, el Partido Comunista, los demás partidos de la centroizquierda— y colaborar de forma fraterna y honesta, primero para hacer un contrapeso efectivo al poder del gobierno, y luego para articularnos con miras a volver a ser gobierno en el futuro cercano.

—¿Cómo han sido estas primeras semanas en términos de articulación de la oposición? En los meses previos se vieron bastantes episodios de roces y desencuentros entre los partidos del progresismo.

—Han sido semanas bien intensas, no hay dudas. El gobierno ha empezado con mucha fuerza, tirando del mantel prácticamente en todos los ministerios y en todos los espacios de implementación de políticas públicas. La oposición, por su parte, ha venido generando canales de articulación durante el verano. Hemos tenido algunas dificultades propias de la construcción de nuevas formas de coordinación política entre los partidos, pero ya están funcionando bien. 

Lo que veo en el Congreso es a las bancadas compartiendo información, dialogando en torno a las decisiones más importantes y a algunas votaciones recientes. Las mesas directivas de los partidos están coordinadas, reuniéndose directamente todas las semanas. Ese proceso ha tenido algunos traspiés, pero nos estamos consolidando como una oposición robusta, capaz de ejercer la fiscalización y el contrapeso que corresponde.

—¿Cree que es una obligación o una tarea de la izquierda llegar con una coalición articulada al próximo ciclo eleccionario?

—Creo que sería el ideal. La historia demuestra que mientras mayor unidad existe en las fuerzas políticas, mejor se enfrentan los desafíos electorales. Tenemos una buena oportunidad en estos dos o tres años sin elecciones para generar esos lazos, construir confianzas, de modo tal que podamos tener, si hay una coalición, la más cohesionada posible para enfrentar los desafíos políticos y electorales de la mejor forma posible.

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