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Sergio Bitar (PPD): “La arrogancia y el criterio puramente empresarial no dan los resultados que el Gobierno de Kast piensa”

El histórico dirigente del PPD avala la dupla Soto-Barra para renovar la mesa del partido, aunque reconoce las dudas que genera el antecedente de hurto de Cristóbal Barra. Además, evalúa las primeras semanas del gobierno de Kast —al que acusa de “arrogancia” y de una “desviación preocupante” en política exterior— y llama al PPD a ejercer un socialismo democrático autónomo de los extremos de la izquierda.

El PPD se prepara para renovar su conducción el 31 de mayo, y el nombre de Sergio Bitar pesa aunque no aparezca en las listas. El histórico dirigente, exministro de tres gobiernos de la Concertación y uno de los fundadores del partido, ha estado activo en las reuniones internas donde se fraguó la dupla que encabezará la nueva mesa: Raúl Soto en la presidencia y Cristóbal Barra en la Secretaría General, fórmula impulsada también por Guido Girardi. En entrevista con EL DÍNAMO, Bitar defiende esa elección, pone en perspectiva el controversial antecedente de Barra y traza el horizonte que, a su juicio, debe asumir el PPD frente al gobierno de José Antonio Kast.

— ¿Qué perfil cree usted que debería tener la nueva directiva del PPD, considerando también el nuevo ciclo político?

— La nueva directiva tiene un objetivo ampliamente compartido por todo el partido, por la democracia y por muchos independientes cercanos a la mirada socialdemócrata: realizar un gran esfuerzo de construcción de un proyecto político de futuro para el progresismo chileno. Y hacer una oposición constructiva, coincidiendo donde haya acuerdo, pero siendo claros también en las materias donde no estaremos de acuerdo. Eso incluye, especialmente, cuidar que Chile mantenga en política internacional su línea histórica de no alineamiento; en materia económica, preservar el equilibrio macroeconómico con atención a la equidad y a la justicia social; y en política tributaria, evitar mayor déficit y que la carga recaiga sobre las familias de menores ingresos.

En ese marco, el proyecto apunta a liderar —con alianzas más amplias en la izquierda— una propuesta socialista democrática o socialdemócrata, con autonomía respecto de las demás fuerzas pero en unidad con ellas. Sobre eso hay consenso.

—¿Los nombres de Raúl Soto y Cristóbal Barra le hacen sentido para esa tarea?

—Yo creo que Raúl Soto puede ser una muy buena opción. También habrá una discusión, que todavía se está desplegando, respecto a la Secretaría General. La idea es constituir un equipo que expanda la tarea regional, con una subdirección de programa que le proponga a los diputados y senadores iniciativas concretas, que reaccione a las acciones del gobierno cuando se alejen de lo que nos interesa, y que incluya también una línea de formación política. Además, estamos pensando en lanzar una iniciativa más amplia, superpartidaria, para articular ese nuevo proyecto. Y hemos planteado que Carolina Tohá podría jugar un papel en eso.

— Entrando a los nombres: en la Secretaría General, uno de los que tiene fuerza es el de Cristóbal Barra, actual vicepresidente. Pero hay dudas por una condena que tuvo por hurto hace algunos años. ¿Eso le parece un impedimento para que asuma ese cargo?

— Es un tema delicado. Yo lo he analizado desde mi perspectiva. Según la información que tenemos, en ese momento él tenía 17 años. Según lo que él mismo me ha relatado, entró a comprar una camiseta, había una oferta de dos por uno, pagó una y se llevó las dos, y le dijeron que esa oferta ya no estaba vigente. Eso derivó en una multa de media UTM, hace más de diez años, que fue sobreseída y no deja ningún antecedente formal.

Entonces, la discusión que algunos hemos tenido es si corresponde condenar a un joven de 17 años para toda su vida política por un hecho que fue superado y que ni siquiera figura en su certificado de antecedentes. Ese problema existe y por eso se está haciendo el análisis. Hay otros candidatos también. Esa es mi opinión personal; pero yo no soy quien está tomando decisiones en esta materia.

— Usted mencionó a Carolina Tohá. ¿Qué papel imagina para ella?

— Carolina Tohá es una líder con una orientación estratégica muy clara para una propuesta progresista, especialmente en lo social y también en lo tecnológico: inteligencia artificial, crecimiento en torno al cobre, litio e hidrógeno verde. Estamos pensando en el futuro: cómo va a evolucionar la democracia, cómo protegerla, cómo evitar que una oligarquía controle todas las comunicaciones, y al mismo tiempo cómo protegemos a la gente en lo social, en su seguridad personal, y hacemos una acción regionalista fuerte a través de los municipios. Esa lógica de una nueva mirada trasciende al PPD. No es solo del partido; es una línea que debe asumir toda la izquierda democrática, y ahí Tohá puede jugar un papel bastante fundamental de convocatoria.

— ¿Qué tipo de oposición cree que debe ser el PPD? En estas primeras semanas de gobierno se ha mostrado más dialogante que otros partidos. 

— Yo creo que así como hay dos derechas, también hay al menos dos izquierdas. La sociedad se hace más compleja y las visiones no son binarias. El partido ha decidido apostar por la lógica propia del socialismo democrático. Después de la experiencia de la convención y de la elección primaria —con una candidata muy buena, pero comunista, que generó un bloqueo en la votación de mucha gente— tiene que haber una propuesta centrada en la izquierda democrática. Queremos jugar un papel activo desde el socialismo democrático, sin quedar condicionados a las posiciones más extremas de la oposición.

— Pero el PPD no ha actuado coordinado con el PS. De hecho, la presidenta del PS ha dicho que la coalición no existe porque no hay coordinación. ¿Usted ve un distanciamiento entre ambos partidos?

— Hay una coordinación porque hay una historia común y una mirada común. Tal vez no todo el PS tiene la misma visión, pero una parte importante sí la tiene. Por lo tanto, hay que trabajar para que haya la mayor unidad posible, sin quedar subordinados a las posiciones más rígidas de la izquierda. Tiene que ser una oposición más amplia, que mire a largo plazo y que recupere lo que se ha perdido en la sociedad chilena, que no es menor. Es esencial esa línea de izquierda progresista para ayudar a que haya más unidad nacional, más cohesión social y no aumenten las desigualdades.

— ¿Ve posible que el PPD reformule sus alianzas, por ejemplo con el Partido Liberal o la DC, considerando que el PS se ha acercado más a la izquierda?

— Yo creo que las cosas están cambiando. Si uno mira la orientación que fue tomando el propio presidente Boric hacia el final de su gobierno, es una línea inclusiva que se alinea bastante con una postura socialdemócrata. Y ese es el debate que está teniendo lugar en todo el mundo: frente a una derecha dura que favorece la guerra, la discriminación y una postura intransigente frente a la inmigración, una socialdemocracia que quiera contener esa tendencia tiene que ser más amplia, no puede ser restringida.

Por lo tanto, tiene que haber espacio para gente de clase media, sectores progresistas, intelectuales, culturales, dirigentes sociales y regionales. Eso no puede conducirlo solo el PPD y el PS, ni tampoco solo con la DC o con los liberales. Ese es el núcleo, pero a partir de ahí hay que pensar algo mucho mayor.

— Respecto al gobierno de Kast: ¿ha sido lo que se esperaba, o sus posturas han resultado más duras de lo que se proyectaba?

— Todavía es ambiguo. Hay elementos de la derecha muy dura que vienen más bien del sector republicano, y hay una mirada más tradicional de derecha conservadora pero democrática, que está representada por otros sectores. Además, han llegado personas que antes estuvieron vinculadas a la Concertación. Hay, todavía, un rasgo de ambigüedad.

Yo no soy partidario de hacer declaraciones tajantes, pero sí quiero advertir sobre los puntos más importantes. Hemos visto una cierta desviación en la política internacional. Algo muy chocante: mientras va a saludar a Orbán —que es la expresión del autoritarismo europeo, amigo de Putin y de Trump—, al mismo tiempo le quita el respaldo a una presidenta chilena que ha ganado dos veces y que es una figura mundial. Eso es una contradicción evidente.

— ¿Y en la política nacional?

— En lo social, ya el PPD y todo el Socialismo Democrático ha dicho que no a la rebaja del impuesto de primera categoría si no viene compensada, porque si no el fisco acumulará más déficit. Tiene que ser una política que ayude a la unidad y a la inclusión social. Lo mismo en materia de derechos de las mujeres. Vamos a apoyar las medidas de seguridad, pero no si se transforman en una política del miedo.

— ¿Usted cree que Chile Vamos debería jugar un rol de ancla democrática dentro del gobierno, frente a las posiciones más radicales?

— Creo que es un hecho que así debería ser. La historia de la transición chilena —una de las más exitosas del mundo, aunque fue muy lenta, liderada por la Concertación— tuvo una cierta empatía con sectores de la derecha para ir sacando acuerdos y consolidando la democracia sobre la base de la cohesión social. La derecha sabe, porque vivió el estallido, que no hay que descuidar fenómenos que explotan en la ciudadanía sin ser conducidos por ningún partido. Si hay insensibilidad —como es uno de los rasgos preocupantes de este gobierno frente a los temas sociales— el riesgo vuelve a reproducirse. Y naturalmente, nuestra actitud es evitar eso mediante una política social firme, y encontrar en la derecha sectores afines para defender la democracia, las instituciones, la política social, la ambiental, el crecimiento y una política internacional no alineada.

— En estas primeras semanas de gobierno hemos visto diversas controversias: el almuerzo del Presidente con sus compañeros de colegio, minutas de comunicación. ¿Usted ve en eso una inexperiencia similar a lo que ocurrió al inicio del gobierno de Boric, o son fenómenos distintos?

— Evidentemente hay algo similar: la inexperiencia al entrar. El gobierno pasado tenía poca destreza en la gestión del Estado. Y los primeros que llegaron lo hicieron con una actitud un poco deficiente y un cierto sentimiento de superioridad intelectual, o de ser más revolucionarios. Este llega con una actitud similar, pero para el otro lado: la idea de que los empresarios son los únicos que entienden cómo se maneja una sociedad y cómo se es eficiente. En un lado había deficiencia, en el otro hay arrogancia. Eso es propio de la primera fase.

Lo importante es que a este nuevo Gobierno se le apoye para que las cosas caminen, pero también se le advierta que la arrogancia, la insensibilidad y el criterio puramente empresarial no dan los resultados que este Gobierno piensa, y que tiene que buscar entendimientos más amplios.

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