Este sábado el Partido Socialista celebra su aniversario 93 con una cita que concentra buena parte del mapa de la izquierda chilena: Gabriel Boric, Michelle Bachelet, Carolina Tohá y Jeannette Jara estan invitados. Pero antes de la conmemoración, el partido tiene una conversación pendiente: su comité central, donde debatirá qué tipo de oposición será frente al Gobierno de José Antonio Kast.
En la víspera de dicha instancia, Paulina Vodanovic, presidenta del PS conversó con EL DÍNAMO. Habla de un gobierno “sordo e indolente”, de las tensiones internas del partido y del silencio del presidente Kast ante la candidatura de Bachelet a la ONU. “Uno esperaría que el presidente se condujera poniéndose por encima de la pequeñez, pero no es lo que hemos visto hasta ahora”, asegura.
En esa línea, la timonel del PS, senadora por el Maule e integrante de la Comisión de Hacienda apunta contra el proyecto de reconstrucción presentado esta semana por el Gobierno de Kast. “Un proyecto que juega con las necesidades de la gente no puede ser bien valorado por la oposición”, cuestiona.
—La oposición lleva un poco más de un mes funcionando como tal. ¿Cómo evalúa el arranque del sector?
—Llevamos un poco más de un mes siendo oposición, pero tenemos una larga relación entre todos los partidos políticos de trabajo conjunto, de haber sustentado incluso una candidatura presidencial común. Frente al escenario político actual, buscamos siempre continuar trabajando en forma coordinada. Esperamos también que se resolvieran procesos internos, como el de la Democracia Cristiana, donde ya se han sumado a la mesa de trabajo y de coordinación el presidente Álvaro Ortiz y la secretaria general Alejandra Krauss. Vamos avanzando de buena forma en estas coordinaciones, que son a nivel técnico, con economistas, abogados y equipos que puedan ir sumando, también con nuestros centros de estudio en paralelo, y por supuesto la coordinación política de los presidentes y secretarios generales.
—¿Esa articulación puede dar como resultado una futura coalición o una estructura más uniforme en la oposición?
—La política no tiene que estar permanentemente hablando de la orgánica y de los problemas de los partidos. Ser una coalición o no, si la oposición es de un tono o de otro, no le soluciona los problemas a la gente. Nosotros tenemos que ser una oposición que escucha, que represente los problemas de los chilenos y chilenas de verdad, no de las clases más acomodadas, no del uno por ciento más rico, sino a quienes les impactan las políticas públicas. Ese es el sentido de que busquemos la mayor coordinación posible.
—Al sector no le fue bien en la última elección. ¿Cómo se logra esa intención de representar a la ciudadanía desde la derrota?
—Efectivamente, en primera vuelta no nos fue bien, y ese es un tema de análisis permanente para nuestro sector. En segunda vuelta tuvimos un importante apoyo, pero aquí hay temas que tomó el candidato Kast y sobre los cuales no ha cumplido un ápice. Uno de ellos es la seguridad. Vemos lo que pasó con la zanja, una burla para el país —hasta la maquinaria se la terminaron robando—. No hay un avance, no hay un expulsado, no hay tampoco baja en las tasas de ningún tipo; incluso han llegado a cambiar la forma de contabilizar los delitos. Cuando la gente ve que se usa un tema tan sensible como la seguridad para campaña y no hay ningún efecto concreto en sus vidas, nosotros también tenemos la obligación de hacernos cargo de ese problema y buscar soluciones concretas.
—Hablando del Gobierno de Kast, ¿cómo se ha dado la relación del Partido Socialista con el Ejecutivo?
—Lo que hemos visto es un Gobierno que no nos escucha, un Gobierno sordo, bastante indolente frente a las necesidades de la gente. Y la oposición, como toda relación humana, requiere una contrapartida. Frente a un Gobierno que no le interesa el diálogo, que no le interesa escuchar a la otra mitad de Chile, es difícil poder establecer una relación constructiva. Yo personalmente, en la Comisión de Hacienda, le hablé al ministro Quiroz cuando expuso el Consejo Fiscal Autónomo. Le dije que las conclusiones de ese consejo apuntan a que tiene que haber un diagnóstico compartido y un diálogo entre el Ejecutivo y el Legislativo frente a una reforma importante como la que se pretende proponer. La respuesta fue ninguna.
—¿Con los ministros García Ruminot y Alvarado hay un relacionamiento más fluido, siendo ellos el brazo político de La Moneda?
—Este no es un tema de estilos ni de personas. El Gobierno es uno solo, más allá de que haya 25 ministros distintos. Y la conducta del Gobierno no es una conducta de diálogo ni de escucha. Fíjese lo que ha ocurrido con Libertarios, un partido que siendo de derecha está en la oposición. Vanessa Kaiser lo dijo en el hemiciclo del Senado. O sea, esto no afecta solo a la oposición de centro y de izquierda, sino incluso dentro de la propia derecha.
—Hablemos del Plan de Reconstrucción. ¿Cuáles son las líneas rojas del Partido Socialista en esa tramitación?
—Primero, el proyecto tiene que revisarse en la Cámara de Diputados y ver qué se va a hacer allá. Pero la apreciación que tenemos desde toda la oposición es que un proyecto que debiera ser para recaudar más, que es lo que hace una reforma tributaria, aquí se propone en un sentido totalmente inverso: va a disminuir los ingresos al fisco, y eso finalmente va a impactar a la gente. Cuando se le preguntó al ministro Quiroz, en la Comisión de Hacienda de la Cámara, si había certezas acerca de los empleos y el crecimiento, su respuesta fue que no hay certezas, y que habría que esperar diez años aproximadamente para tener el crecimiento que se proyecta. Un proyecto que juega con las necesidades de la gente no puede ser bien valorado por la oposición.
—En este momento, ¿no hay apertura para siquiera aprobar la idea de legislar y comenzar a discutir el fondo?
—No puedo hablar por todos los parlamentarios, pero lo que hemos discutido con los jefes de bancada va en el sentido que yo le digo. No se puede tildar a la oposición de no querer dialogar, en circunstancias en que el proyecto lo conocimos una vez presentado. Lo estamos estudiando y vamos a analizarlo en el mérito, pero no es un buen proyecto para Chile. Esa es la conclusión que uno puede ver en la forma en que está presentado, en el informe financiero que lo sustenta, en las pocas explicaciones del ministro de Hacienda y en las incertidumbres que crea.
—¿Y cómo la oposición le hace frente al proyecto si no tiene mayoría en las cámaras?
—Hay al menos dos cosas que valorar. Primero, que la estrategia del Gobierno era dividir a la oposición y no lo logró. Y segundo, que la oposición exigió que el proyecto pasara no solo por la Comisión de Hacienda, sino por comisiones técnicas —y así va a ser, va a pasar al menos por las de Trabajo y Medio Ambiente—. Además, el Congreso no es un buzón. No puede estar sujeto a las presiones del Ejecutivo para aprobar un proyecto sin estudiarlo responsablemente. Los parlamentarios tenemos la obligación de ser muy responsables con los efectos que puede provocar un proyecto —mal llamado de reconstrucción—, que lo que hace es reformar la estructura tributaria del país con una invariabilidad de largo plazo.
—Algunos parlamentarios del PS han planteado llevar la invariabilidad tributaria y otras disposiciones al Tribunal Constitucional. ¿Es un camino viable?
—Lo que resolvimos fue que hay un grupo de abogados de nuestro sector que estudien el tema y hagan un informe jurídico. Después vendrá la decisión política. Pero me sentaría más bien viendo cómo avanza este proyecto y cuáles son las posibilidades que tenemos de finalmente hacer valer la voz de la gente.
—El Gobierno negoció con el Partido de la Gente para asegurarse los votos. ¿Cómo lo ve?
—El Gobierno optó por hablar con el Partido de la Gente. Esto enfureció no a la oposición, sino al Partido Nacional Libertario. Es una decisión política del ministro. Lo que a nosotros nos interesa es que el proyecto tenga el menor impacto posible para la gente, porque pareciera que se nos olvida que hace un mes se aprobó un mal proyecto en relación al MEPCO. Un mal proyecto que terminó pasando lo que dijimos que iba a ocurrir: en mi región, en el Maule, subió la micro, subió el colectivo, no hay ayudas para las personas, los colectiveros dicen que los cien mil pesos no alcanzan. Y esas alzas las paga la gente. El propio Banco Central señaló en la Comisión de Hacienda que va a haber más inflación y menos crecimiento, y pareciera que la hoja de ruta del Gobierno sigue siendo la misma, sin escuchar a los organismos autónomos.
“No estoy de acuerdo en que haya una voz de los senadores y otra de los diputados”
—Hay un debate dentro de la oposición sobre qué tipo de liderazgos faltan. ¿Usted ve al PS con capacidad de ser la fuerza ancla del sector?
—El Partido Socialista siempre ha sido un partido convocante que construye mayorías y que busca hacer cambios en nuestra sociedad. Esa es la razón de existir de nuestros 93 años que acabamos de celebrar. La orientación que tenemos desde nuestro Comité Central es precisamente esa: construir fuerzas mayoritarias, defender a los trabajadores y a las trabajadoras, seguir poniendo énfasis en los derechos sociales de las personas. Vamos a estar siempre del lado de quienes pueden verse afectados por las políticas públicas de un gobierno que no está escuchando a la gente.
—En la oposición hay un debate sobre la ausencia de figuras que articulen al sector. ¿Usted se ve a sí misma como una de esas líderes?
—No caigo en el juego de los medios de decir que aquí no hay articulación ni liderazgo. La verdad es que hay un liderazgo político importante dentro de nuestro sector, dentro y fuera del Congreso. Y creo que lo más importante no es proclamarse ni autoproclamarse líder, sino hacer el trabajo: ejercer la capacidad que tenemos, no solo desde los partidos políticos sino desde todos los sectores de la sociedad, de construir proyectos de país, de empujar soluciones para la gente, de poner la voz de las regiones en el centro de la discusión.
—En el PS hay distintos estilos. El diputado Manouchehri, por ejemplo, ha marcado mucha agenda con una oposición más confrontacional. ¿Cómo ve ese liderazgo?
—Hay distintos tipos de liderazgo y lo importante es que cada uno en el rol que le compete pueda trabajar mancomunadamente para defender los intereses de las personas. Este proyecto —reitero, mal llamado de reconstrucción— trae, incluso, normas que violentan la propiedad intelectual de los artistas, que vulneran el medio ambiente sacando todo tipo de control del Estado. Hay que estar muy atentos a todos esos temas. No se trata de estar en contra del crecimiento, sino de conciliarlo con los derechos de las personas.
—¿No hay riesgo de que el Partido Socialista esté hablando con dos voces distintas, una de los senadores y otra de los diputados?
—La diversidad es consustancial a la democracia. Dentro de un partido evidentemente puede haber distintos estilos. Ahora, no estoy de acuerdo en que haya una voz de los senadores y otra de los diputados: eso no es así. Cada uno tiene un rol; la función fiscalizadora le corresponde a los diputados y los senadores tenemos otras funciones constitucionales. Pero lo que constituye la esencia del Partido Socialista —la defensa de los derechos de las personas, en particular del mundo de los trabajadores— es absolutamente transversal a todos los militantes del partido.
—El episodio con la senadora Cicardini, cuando usted en la sala del Senado dijo que su opinión no representaba a la bancada, generó mucho ruido. ¿Eso ya está superado?
—Sí, eso ya pasó. Lo importante es que el Partido Socialista entero está enfocado en defender a la gente. Estamos preocupados por este proyecto, que viene con una visión que no es propia de Chile: lo hicieron en Estados Unidos, lo hicieron en Argentina con las leyes misceláneas, donde se pretende, bajo el amparo de una buena idea —como en el caso de Chile la reconstrucción—, transformar el sistema tributario para aliviar la carga a los más ricos y que los trabajadores terminen pagando ese precio. Nosotros frente a esto vamos a seguir trabajando enfocados en la gente, con la máxima unidad.
“Uno esperaría que el presidente se condujera poniéndose por encima de la pequeñez, pero no es lo que hemos visto”
—Esta semana la expresidenta Bachelet expuso ante los 193 miembros de la ONU. ¿Cómo ha decantado la decisión del gobierno de Kast no respaldarla?
—El Gobierno no ha tenido la grandeza que se requiere para un caso como este, de haber apoyado con una visión de Estado a la presidenta Bachelet. Ella hoy día es la candidata de México y Brasil, y el Gobierno parece que olvida eso, porque hace alusiones más bien de índole interna a su candidatura, sin entender que están en juego también las relaciones internacionales con dos grandes potencias de América. Uno se pregunta cuánto de egoísmo y de ideología hay, de poca visión de Estado. Qué mejor representación puede tener Chile que alguien que fue dos veces presidenta, que fundó ONU Mujeres y fue Alta Comisionada de Derechos Humanos con un trabajo impecable a lo largo del mundo.
—El gobierno abrió un sumario administrativo a funcionarios por supuestamente trabajar a favor de su candidatura. ¿Cómo lo ve?
—La persecución política a la que están siendo sometidos los funcionarios, no solo de cancillería sino del Ministerio de Obras Públicas —como se vio en este caso donde se califica a la gente de “zurda”— o lo que está ocurriendo en el hospital de San Antonio con la situación de Jeannete Vega, es muy preocupante. Los funcionarios públicos no son funcionarios de un gobierno, son funcionarios del Estado y están ahí para servir a la ciudadanía.
—¿Cree que el gobierno todavía está a tiempo de cambiar su posición respecto a la candidatura de Bachelet?
—Uno esperaría que el presidente de la República se condujera como tal, con visión de Estado y poniéndose por encima de la pequeñez. Pero no es lo que hemos visto hasta ahora.