Arturo Barrios es el secretario general subrogante del Partido Socialista. El cargo no le es del todo ajeno, pues a principios de los 2000 fungió como tal con Gonzalo Martner a la cabeza del partido y también se ha mantenido en la directiva de la casi centenaria tienda.
Pese a ello, reconoce en conversación con EL DÍNAMO: “Es mucha pega, porque hay una función administrativa que otorga la ley, pero también una función política. En este tiempo es una labor compleja, porque estamos ante una situación delicada. Chile aún no logra dimensionar este Gobierno y las transformaciones que quiere llevar adelante, que para mí son inversas a lo que dicen que va a ocurrir”.
Además de los aspectos administrativos y la labor política, a Barrios le tocó asumir en momentos en que el titular del cargo, el histórico dirigente del PS Camilo Escalona enfrenta un cáncer de próstata que lo ha obligado a reducir su participación en el partido, según reveló el mismo a La Tercera el domingo pasado.
“Espero que nuestro secretario general, Camilo Escalona, vuelva lo antes posible a ejercer sus funciones. Nosotros somos parte de una directiva que ya lleva dos periodos: Paulina Vodanovic, Camilo Escalona y quien habla como primer vicepresidente. Uno toma el desafío con humildad y responsabilidad”, señala Barrios.
Profesor de Historia y Geografía, socialista desde hace casi cuatro décadas y católico -algo anómalo en la tienda, según admite él mismo- Barrios recibe a este medio en la sede del Partido Socialista. Esa mañana corrió siete kilómetros: “Llevo 35 medias maratones, nueve triatlones y un Ironman. He nadado dos veces en el Estrecho de Magallanes, en tramos de 5 y 10 kilómetros. Siempre corro por los detenidos desaparecidos, con una camiseta que lleve su nombre. Implica investigar sobre esa persona, conversar con un familiar y pensar en ella durante la carrera”.
Dos grandes temas cruzan la conversación: la articulación de las fuerzas opositoras y el carácter del Gobierno de José Antonio Kast. Todo, en medio del revuelo que han generado los recortes presupuestarios a programas del Ministerio de Desarrollo Social y Familia, como el ajuar de recién nacidos y otros que el propio Kast y su ministro de Hacienda, Jorge Quiroz han debido salir a aclarar, así como los controversiales oficios que sugerían descontinuar programas sociales. “No va a haber ningún recorte que pueda afectar la salud y la vida de un niño”, sostuvo el presidente el miércoles con un megáfono en mano a los manifestantes en el Hospital de Temuco.

“El Gobierno de Kast no cree en el Estado”
—¿Cómo evalúa el despliegue del Gobierno en sus primeros dos meses? ¿Ha sido intempestivo?
Muy rápido. Yo creo que ellos tenían un diseño que fue variando por la situación internacional, como el alza internacional del petróleo por el conflicto en Irán. Pensé que estaban más preparados, pero cometen el mismo error de Piñera I: creer que la gestión supera a la política, cuando ambas van de la mano. No dimensionaron que necesitaban a Chile Vamos más de lo que creían, a esa “derechita cobarde” como la llamaban. Eso configura un cuadro gubernamental de desorden y versiones contrapuestas
— ¿Dice que todavía no lo dimensionan?
Creo que no. Las fuerzas de oposición están observando, pero no dimensionamos que lo que ellos intentan es un cambio de modelo estructural. El Gobierno de Kast no cree en el Estado. Creen que a la gente se le deben otorgar beneficios y no derechos; ven lo social como un costo, mientras nosotros lo vemos como una inversión.
Representan a la columna vertebral de la derecha política, vinculada al poder monopólico de la economía. Por eso impulsan una reforma tributaria que, a nuestro entender, no generará inversión, crecimiento ni empleo. Lo ha dicho hasta el ministro Quiroz. Ellos creen en la tesis del chorreo, algo superado por la historia. Además, se traspapelan con oficios y terminan dando explicaciones absurdas. El objetivo de fondo es achicar el Estado porque no creen en él y prefieren que el libre juego de la oferta y la demanda determine todo.
— Pero a pesar de esos enredos y descoordinaciones entre ministros, es probable que la ley miscelánea pase su primer trámite. El Gobierno parece contar con los votos, después de su acuerdo con el Partido de la Gente.
Sí, hay una conversación con el PDG. Es un partido que llega a una franja importante de la población, pero creo que no logran dimensionar el cambio estructural de fondo que plantea este Gobierno.
En ese esquema calza bien la petición del PDG de quitar el IVA a los medicamentos y pañales, pero no se entiende que detrás hay un cambio en la visión de sociedad. Por ejemplo, poner en cuestión a la JUNAEB, que atiende a millones de niños desde 1964, es algo que ni los Chicago Boys ni Pinochet se atrevieron a tocar. Lo mismo pasa con poner en duda el modelo de Codelco. Ellos creen tener un respaldo ciudadano para configurar una nueva matriz en Chile, pero es un error profundo y por eso bajan en las encuestas: la gente no votó por eso.
— Pero el presidente Kast habló en campaña de cambios radicales
Llegaron con ese discurso, pero como excandidato te puedo decir que lo que la gente quería en realidad era más seguridad, una política efectiva en migraciones y crecimiento económico para llegar a fin de mes. Todo eso se diluyó, tal vez por promesas falsas o porque no definieron a las personas aptas para los cargos. La ministra de Seguridad (Trinidad Steinert) tiene debilidades evidentes; el mismo senador (Karim) Bianchi decía que no hay una política de seguridad seria, no hay agenda legislativa.
— Volviendo a la ley miscelánea, ustedes se oponen a la idea de legislar, pero está la posibilidad de que el Gobierno pase ese escollo. También hay un desacuerdo sobre el impuesto corporativo. El Gobierno propone reducirlo al 23% y ustedes ya han dicho que se negarán. ¿Puede haber un punto intermedio, como el 25% que sugirió el expresidente Boric?
Esta reforma no tiene evidencia, es una cuestión de creencia, y las creencias no son políticas públicas. Ellos creen que así atraerán capital extranjero y empleo, pero no es así.
La invariabilidad tributaria que proponen va en la misma dirección. Ellos suponen que esto generará riqueza, pero lo que realmente genera es un déficit fiscal de 4.800 millones de dólares. ¿De dónde sale eso? De los recortes. Tienen que recortar programas sociales para tapar ese forado. Cuando decían que no sabían de dónde sacar la plata, bueno, aquí está la respuesta. Como dijo el alcalde Carter: si revelaban cómo ejecutarían ese recorte “tendríamos las calles incendiadas”.
— Pero aún no están incendiadas las calles, ¿podría pasar?
Chile no es un país de polarizaciones extremas, pero va acumulando malestar. Ya vimos las manifestaciones estudiantiles. Antes decían que con Boric no existían; ahora intentan quitar la alimentación de la JUNAEB o el ajuar, y cuando se descubre, echan pie atrás.

El rol de la oposición y la relación con el PDG
— Entiendo los flancos de los que me habla y que enfrenta el Gobierno, pero aun así lograron el acuerdo con el PDG en la Cámara. ¿Qué van a proponer ustedes en la discusión legislativa?
Lo primero es defender los derechos de las personas. Es gravísimo que se quiten 32.000 millones de pesos de un paraguazo en desarrollo social, juventud y salud mental. Debemos poner un dique de contención y construir una oposición que lo sostenga.
Nosotros hemos hecho un esfuerzo grande para ordenarnos y coordinarnos, sin vocerías únicas, sino con una unidad en la diversidad. Queremos ensanchar este ámbito hacia los alcaldes, las pymes y los medioambientalistas. Queremos evitar que se implemente este cambio de matriz que es nocivo para Chile y que contradice valores como la solidaridad y la importancia del Estado en la regulación económica.
— Más allá de lo discursivo, ¿qué margen de acción tienen ante decretos y recortes ya anunciados? El Gobierno sostiene, por ejemplo, que en el tema del ajuar se necesitan menos, porque están naciendo menos niños.
Esa narrativa no está siendo bien recibida. El 73% del país cree que las reformas propuestas son para aumentar la riqueza de los más ricos. Las promesas de campaña no se están cumpliendo. Cuando estás en el Gobierno, las cosas deben ser autoexplicativas; el que mucho explica, se complica.
El lunes tendremos una reunión con economistas para elaborar propuestas concretas. El Ejecutivo es el colegislador y quien tiene el sostén de las propuestas, pero nosotros como oposición tenemos nuestro rango de acción. Chile no quiere que le quiten la PGU o el ajuar.
—Recientemente se retiraron tres circulares educativas del Gobierno anterior. Una de ellas incorporaba el enfoque de género. ¿A qué lo atribuye?
Ellos siempre han sostenido una batalla cultural. Creer que el control punitivo es la única solución para la convivencia es un error. La nueva ley exacerba el control: ¿van a tener a los niños a las 5 de la mañana revisándoles las mochilas? Los que somos profesores y hemos estado en el aula sabemos que la violencia estructural traspasa los muros de la escuela. No basta con una ley punitiva si no se trabaja en formación ciudadana, habilidades socioafectivas, autorregulación y mediación de conflictos desde la preescolaridad.
— Mencionó la articulación con pymes y municipios. ¿Pretenden sumar al PDG en acciones más concretas?
No tengo ningún problema. He estado en paneles con Franco Parisi; me parece una persona audaz. Aunque no comparto su mirada política, tiene una representación no menor con la tercera mayoría nacional y una bancada importante. No soy de los que menosprecian esos fenómenos. Ese discurso de “ni facho ni comunacho” hace sentido a una parte de la población y hay que escucharlo.
Ellos fueron los que le dieron el paso a la segunda vuelta a Kast, pero luego fueron menospreciados por quienes iban a asumir el Gobierno. Yo creo que no hay que menospreciar a nadie. Hay que conversar con mucha gente porque con nosotros mismos no basta. He visto opiniones de Ignacio Briones, Evelyn Matthei o Karla Rubilar que comparto; sectores que no están en la posición radical de la ultraderecha republicana.
— Volviendo al PDG, le citaba el ejemplo de la ley miscelánea donde hubo acuerdo en temas como los pañales. ¿Planean replicar algo similar? Apuntan a un sector similar: la clase media y los más vulnerables. ¿Hay posibilidad de encuentro ahí?
Sí, creo que sí. En la labor parlamentaria todos conversan con todos; eso no es privativo de nadie y será algo siempre presente, es parte del ejercicio de la política. También hago un llamado a Chile Vamos: fue Sebastián Piñera quien hablaba de la Sala Cuna Universal, que daría empleo a 150.000 mujeres. Hoy, por un fundamentalismo, el Partido Republicano no la quiere.
La reflexión del PS y la izquierda
— ¿Qué rol debe tener el Partido Socialista en este escenario? ¿Debería ser un articulador?
En eso estamos, junto a otras fuerzas. Somos un partido con alcaldes, concejales, gobernadores y una fuerza parlamentaria relevante: 11 diputados y 7 senadores, con una fuerte presencia femenina, como Danisa Astudillo, Daniella Cicardini y la propia Paulina Vodanovic. Esa fuerza nos permite ser articuladores en esta disputa social.
— En el PS conviven distintos liderazgos y facciones. ¿Pretende administrarlos? ¿Busca potenciar o unificar esas corrientes, como la que representa el diputado Daniel Manouchehri y la senadora Daniella Cicardini?
No creo que haya “almas” diferentes. Hoy existe un gran acuerdo en el partido; se vio en el Comité Central y en los actos de aniversario. Tenemos claridad sobre nuestro rol opositor. Las diferentes identidades son, precisamente, la fuerza del Partido Socialista.
El partido goza de buena salud; lo que falta es ponerlo en acción y construir acuerdos. Siempre bajo la premisa de unidad interna y unidad en la diversidad con las fuerzas opositoras.
— En los meses que vienen no hay elecciones a la vista. ¿Habrá una reflexión más allá del PS, como izquierda en este periodo?
Hemos acordado una conferencia programática. El partido tiene sus congresos, pero esta conferencia no busca un programa de gobierno, sino reflexionar sobre nuestras debilidades y fortalezas para construir un cuerpo de ideas que proponer a Chile. Queremos construir esa “mayoría social y política” de la que hablaba Salvador Allende. El país se gobierna con un relato y proyectos. Le aseguro que si la gente hubiera sabido lo que está ocurriendo ahora, este Gobierno no habría pasado a segunda vuelta.
— ¿Están en camino a materializar el anhelo del expresidente Gabriel Boric de formar una gran coalición progresista de largo plazo?
No, nosotros estamos en una reflexión interna. El hecho de que no haya elecciones en 30 meses es una “ayudita” para este Gobierno, considerando que Boric tuvo que enfrentar comicios a los cinco meses de asumir. En su momento se definirá la política de alianzas, pero hoy enfrentamos la emergencia que crearon los mismos que decían que no la había. Ellos inventaron una “emergencia” rimbombante en campaña y luego terminaron subiendo el costo de la vida.
— En los meses finales del Gobierno de Boric hubo un cruce entre el Socialismo Democrático, el Frente Amplio y el PC por la Ley Naín-Retamal. ¿En qué quedó ese conflicto?
Hicimos una inflexión política al señalar que la vulneración de derechos de Gustavo Gatica no tenía que ver con la Ley Naín-Retamal, sino con una mala decisión judicial al liberar a quien lo dejó ciego. Hubo un “tira y afloja”, pero nosotros somos herederos de una historia de lucha y violaciones de derechos humanos; no podíamos aceptar que se nos imputara esa responsabilidad. Marcamos el punto, conversamos con el PC y el Frente Amplio, y se entendió.
Lo bueno de esta oposición es que aprendimos que el camino es la unidad en la diversidad. Mientras la ultraderecha intenta implementar cambios nocivos, nosotros podemos “caminar y mascar chicle”: ser oposición y realizar nuestra conferencia programática. Mañana mismo marcharemos el 1 de mayo, como siempre.
— ¿Deben cumplir algún rol en esta reflexión liderazgos transversales como Carolina Tohá, Jeannette Jara o el propio Gabriel Boric?
Gabriel Boric estuvo en el acto del partido el sábado, igual que Jeannette Jara y Carolina Tohá. Hay que reflexionar entre todos. Pasamos de 26 puntos en primera vuelta a 41 en la segunda; debemos analizar por qué nos alejamos de la gente. Lo miro con autocrítica, no solo como un problema de los demás.
Este Gobierno lo está haciendo muy mal y el PS tiene mucho que decir. Cuando corro por un detenido desaparecido, lo hago para que nunca más vuelva a ocurrir. También corrí una maratón por los carabineros asesinados en la Araucanía, porque la violencia no puede ganarle al entendimiento humano. Como decía Humberto Maturana, el otro es un “legítimo otro”. Es sorprendente que en Chile aún haya sectores de derecha que justifiquen lo ocurrido en el pasado, rompiendo incluso con el concepto de “cómplices pasivos” que enarboló Piñera. Hay un retroceso planteado por el Partido Republicano.