La polarización no es una percepción: es medible. Esa es la premisa del estudio “Radiografía al Congreso Nacional 2022-2026”, elaborado por el Instituto Res Publica, que analizó 6.478 votaciones de diputados y 2.282 de senadores para construir el mapa ideológico del período legislativo 2022-2026.
Las conclusiones llegan en el momento en que el presidente José Antonio Kast inicia su gobierno. Y a pesar del cambio de legislatura y el ingreso de nuevos rostros al Congreso, los autores del informe adelantan que el Ejecutivo deberá lidiar con el mismo escenario del pasado periodo: una Cámara más polarizada y un Senado que, por ahora, aún funciona como espacio de acuerdos.
El hallazgo central del estudio es justamente ese: mientras la polarización entre izquierda y derecha a nivel de diputados aumentó un 11,34% respecto del periodo 2018-2022, en el Senado la misma distancia cayó un 18,83%.
Dos cámaras, dos lógicas distintas, dice Ricardo Hernández, Coordinador de Política y Sociedad de Res Publica. “La cámara baja está marcada por la fragmentación política que dejó la reforma al sistema electoral que terminó con el sistema binominal bajo el segundo Gobierno de Michelle Bachelet”, explica.
“El Senado, en cambio, opera con una inercia diferente: sus parlamentarios duran ocho años y se renuevan por mitades en circunscripciones regionales, lo que favorece un perfil distinto, con cierta mirada a más largo plazo”, añade.
El período bajo análisis estuvo marcado por hitos que ayudan a explicar el endurecimiento de posiciones en la Cámara. Por un lado, el ingreso del Partido Republicano (fundado por Kast) como fuerza parlamentaria, los dos plebiscitos constitucionales —el primero rechazado con 61,89% y el segundo con 55,76%— y las elecciones de 2025 que tuvo como protagonistas a una militante del PC, Jeannette Jara y al mismo Kast, identificado con la derecha radical o conservadora.
Ese escenario, dice el investigador, es difícil de cambiar. “Las reglas que fomentan una alta fragmentación política y el discolaje dentro de la Cámara de Diputados y la existencia de dos polos continuarán existiendo por lo que se podría prever que la polarización a lo menos se mantenga en estos niveles altos”, asegura Hernández.
Cómo se comportaron los extremos
En la Cámara, los extremos son nítidos. Del lado izquierdo, Roberto Celedón (independiente-Frente Amplio) encabeza la lista de diputados más alejados de la derecha, seguido de cerca por Lorena Pizarro, María Candelaria Acevedo, Matías Ramírez y Nathalie Castillo, todos del Partido Comunista.
Del lado derecho, el podio es casi exclusivamente republicano: Johannes Kaiser —fundador del Partido Nacional Libertario— lidera el ranking de diputados más alejados de la izquierda, seguido de Luis Fernando Sánchez, Cristián Araya, Benjamín Moreno y Agustín Romero, del Partido Republicano. El diputado de Chile Vamos más alejado de la izquierda recién aparece en el puesto 19: el UDI Sergio Bobadilla.

Ese dato explica la aritmética del nuevo Gobierno. La derecha que llegó al poder junto a Kast no es un bloque homogéneo: entre Republicanos y Chile Vamos hay una distancia ideológica medible, y la nueva Cámara replica esa brecha.
Hernández apunta que el sistema electoral vigente “premia el discolaje y no tiene incentivos para que un parlamentario se mantenga ordenado tanto dentro de un partido como en una bancada”.
La consecuencia, advierte, es estructural: “El fin del binominal y la aplicación de un sistema proporcional con distritos grandes deja una puerta abierta para parlamentarios con baja representación y liderazgos de nicho”.
El peligro que acecha el Senado
En el Senado, la foto es distinta. Fabiola Campillai aparece como la senadora más alejada de la derecha dentro de la izquierda, con una distancia que el propio informe califica como “un caso atípico”. En el otro extremo, Ximena Rincón y Matías Walker —ambos de Demócratas— fueron los senadores cercanos a la centro izquierda que terminaron más cercanos a la oposición, junto a Álvaro Elizalde del PS, a la postre, ministro del Interior de Boric.
En la derecha, Rojo Edwards lidera el alejamiento de la izquierda, mientras que Sebastián Keitel (Evópoli), Paulina Núñez y Manuel José Ossandón son quienes más se acercan al centroizquierda.

Pero el Senado moderado visto en el anterior periodo podría cambiar. Hernández advierte que la Cámara Alta “es permeable a los fenómenos de fragmentación y polarización de la Cámara” y menciona ejemplos concretos ya observados, como la tensión entre Paulina Vodanovic y Daniella Cicardini, y la eventual conformación de un nuevo bloque de senadores del Frente Amplio y del PC.
Además, la llegada de perfiles más jóvenes e ideológicamente definidos al Senado —como Cicardini, Astudillo, Mirosevic o Ibáñez— pone en duda que la cámara alta mantenga indefinidamente su rol de espacio de negociación.
La tarea de Kast de navegar en un congreso polarizado
Para el Gobierno de Kast, el diagnóstico del informe plantea alertas concretas. La nueva administración ha optado, al menos en su inicio, por convocar apoyos desde el centro político: con ese respaldo logró quedarse con la testera de la Cámara y avanzar en algunos proyectos en educación. Fórmula que espera replicar en la tramitación de la ley de Reconstrucción.
Hernández, sin embargo, advierte que ese sustento podría ser circunstancial: “Probablemente este apoyo solo sea circunstancial y temático, es decir, que los apoyos y por tanto la estrategia a utilizar dependa de la popularidad de cada proyecto de ley que de alguna alianza política”.
Esa advertencia abre la pregunta sobre si el Ejecutivo debe apostar por un consenso transversal o hacer valer sus votos en la Cámara donde la ley miscelánea enfrentará su primer escollo. Según el experto, la respuesta no depende solo de la voluntad política, sino de la arquitectura del sistema: mientras el diseño electoral siga premiando la atomización y no existan incentivos para la cohesión de bancadas, la gobernabilidad legislativa dependerá más de negociaciones puntuales que de alianzas estables.
Para contener el escenario de fragmentación y polarización, en el Senado avanzó la reforma política impulsada por Boric y Elizalde, la cual hoy está durmiendo en la Cámara.
Para Hernández, el hecho de querer cambiar el sistema es una señal relevante, pero el contenido no es suficiente: “La reforma al sistema político o electoral es una necesidad real. Sin embargo los proyectos de ley actualmente en discusión son solo medidas de corto plazo que sin duda requerirán un refuerzo si se quiere tener resultados profundos”, sentencia.