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Diputada Pamela Jiles (PDG): “El grueso de la agenda de seguridad contará con nuestros votos, pero la reforma constitucional es un error”

En diálogo con EL DÍNAMO, la legisladora habla de su identidad política y dice que el Gobierno “se pisó la cola” al intentar posicionar a Arrau como presidenciable con la agenda legislativa de seguridad.

El Partido de la Gente (PDG) fue el primero en tirar el mantel esta semana: su fundador y secretario general Franco Parisi anunció que los votos de la bancada en la Cámara de Diputados no están para la reforma de seguridad que propone el Gobierno.

Sin el PDG, y aunque logre alinear a todo el oficialismo y al Partido Nacional Libertario, el Ejecutivo solo contaría con 75 votos. Lejos aún de los 4/7 —89 votos— que requieren las ocho modificaciones constitucionales que forman parte de su agenda de seguridad.

EL DÍNAMO habló con una de las articuladoras de la bancada: la diputada Pamela Jiles. En esta entrevista, la legisladora da a conocer que si bien el rechazo a los cambios constitucionales se mantiene, apoyarán el resto de la batería legislativa del ministro Martín Arrau (Seguridad).

No ahonda ni reniega de sus orígenes ligados a la izquierda. “Me siento orgullosa de mi historia”, dice. Pero aclara que la dicotomía derecha-izquierda es incorrecta y que la verdadera confrontación es “entre los intereses de la élite y los intereses de la gente”. Su partido se ubica en el segundo bloque, añade.

Sobre la performance del Ejecutivo en esta etapa que sucede a la megarreforma, sostiene: “Tengo la impresión de que el Gobierno se pisó la cola al intentar instalar un presidenciable a partir de su propuesta de seguridad”.

Periodista de profesión, trasmite a este medio que una de las preguntas está mal formulada y en otra, que buscaba averiguar cómo ella enfrenta la indagatoria de la Fiscalía Centro Norte al PDG por lavado de activos, retruca que “las investigaciones judiciales se refieren a personas específicas”.

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI /UNO NOTICIAS.

Pamela Jiles y su lugar en el espectro político

—A usted la señalan como parte del círculo de poder en el PDG. ¿Se identifica con esa descripción? Si no, ¿con qué descripción cree que encaja su rol dentro del partido?

No tengo ningún poder ni me interesa nada que provenga de la élite. Soy una abuela que ama a sus millones de nietos, que los protege con ferocidad y que solo obedece a ese mandato. Ahora con 13 amiguitos espléndidos con los cuales hacer travesuras.

—En el pasado se le asoció con la izquierda, ¿con qué sector se identifica hoy?

El clivaje izquierda-derecha fue explosionado por la gente, por la vida real, hace mucho tiempo. Fue lo que la gente gritó en la calle el 2019, lo que dijeron las masas exigiendo los retiros del 10%, lo que produjo el rechazo a las dos pesadillas constituyentes que impuso la élite contra la voluntad popular. 

Pero la clase política —y sus lacayos en la prensa—  insiste en esa dicotomía incorrecta. La confrontación en Chile es entre los intereses de la élite y los intereses de la gente.

Yo soy la abuela de mi pueblo que sufre, la gente. Mi ejército de nietos no se moviliza ni por fachos ni por comunachos, siente un profundo malestar por el abuso, la corrupción, la inseguridad cotidiana que los somete la casta. No somos parte de una clase política miserable, insensible al dolor, que no quiere escuchar el sentido común.

—Antes de que la gente explosionara el clivaje izquierda-derecha, ¿alguna vez usted creyó en esa dicotomía?

Mis abuelos fueron fundadores del Partido Comunista. Luché contra la dictadura arriesgando mi vida en el trabajo político clandestino. Fui prisionera política y torturada por los aparatos represivos de Pinochet. Me jugué la vida en el periodismo antidictatorial. Me inscribí en el Partido Comunista para devolverle la legalidad a petición personal de Gladys Marín. Me siento muy orgullosa de mi historia. Hice lo que muchos otros no hicieron y asumí todos los costos sin quejarme, sin profitar, sin acomodarme.

La megarreforma y la agenda de seguridad del Gobierno

—¿Cuál es su balance de cómo negoció el PDG con el Gobierno la megarreforma?

El éxito de nuestra negociación estará determinado por nuestra capacidad de interpretar los intereses de la gente, en una situación dada en que el Gobierno por sí solo tenía los votos para aprobar la megarreforma.

Una bancada nueva, sin experiencia legislativa, debió elegir entre quedarse tirando piedras a la muralla o convertirse antes de tres meses en la clave para la gobernabilidad del país. Elegimos lo segundo y de pasada logramos tramitar el proyecto de pañales y medicamentos que es de iniciativa exclusiva del Ejecutivo. Es decir, fuimos capaces de poner en tabla el proyecto estrella de Franco Parisi, cuando todavía faltan 4 años para que optemos a la presidencia. La clase política nos denuesta pero la gente recibirá su devolución de IVA, que es lo que nos interesa.

—Las modificaciones constitucionales para la agenda de seguridad del Gobierno no causan consenso en el oficialismo y el PDG ya les cerró la puerta. Los votos no están por ahora. ¿Qué podría ceder el Ejecutivo para tener un acercamiento con su bancada en esta área? ¿el PDG tiene otras líneas rojas además del tema constitucional?

Venimos a cambiar las malas prácticas en política. Me siento muy orgullosa de ser la diputada que menos gasta en 9 años en el parlamento, tengo 98% de asistencia y un trabajo legislativo relevante, respetado incluso por mis detractores. Esos son nuestros estándares: más trabajo y menos gasto.

Líneas rojas son el respeto y defensa de la Constitución y la Ley, la probidad y transparencia en la función pública, la defensa de los derechos fundamentales de las personas y muy especialmente la protección a la infancia.  El grueso de la agenda de seguridad —los proyectos de ley— contará con nuestros votos, pero la reforma constitucional propuesta por el Gobierno es un triple error: no mejora en nada la seguridad de las personas, al contrario, generaría nuevos problemas de seguridad pública. Abre las puertas a un tercer proceso constituyente, que la gente ha dicho en todos los tonos que no quiere. Tercero y lo más grave, es un atentado flagrante a la democracia.

La performance del Gobierno y la oposición

—En las últimas semanas se han visto descuelgues en el oficialismo, descoordinaciones públicas entre ministros y salidas de ministras. Pero también la megarreforma está ad portas de promulgarse. ¿Qué tan preparados están el Gobierno y el oficialismo para enfrentar lo que viene?

Tengo la impresión de que el Gobierno se pisó la cola al intentar instalar un presidenciable a partir de su propuesta de seguridad. La carrera presidencial está lanzada, todos le temen al crecimiento de Franco, y se han apurado en hacer correr a sus candidatos: (Tomás) Vodanovic, (Johannes) Kaiser, (Gabriel) Boric, Paulina Núñez, (Daniel) Manouchehri, entre otros. El Gobierno calculó que era el momento de posicionar al ministro Arrau con el tema que tiene mayor aprobación en la opinión pública. Era pan comido… pero la gente los sorprendió una vez más.

—¿Cuál es su mirada de la performance de la oposición en estos cinco meses?

La oposición no existe ni existirá sin el PDG. Los partidos que componen la oposición son un saco de operadores políticos sin contacto alguno con el mundo real. No han hecho la autocrítica necesaria sobre su nefasto gobierno, sobre el fracaso histórico al que los llevó Boric, no han redefinido su política de alianzas y están completamente perdidos en su lectura del gran protagonista: el elector obligado.

Siguen anclados en el falso clivaje izquierda-derecha, sin entender que son percibidos por la gente como “clase política”, élite corrupta y abusadora.

El camino del PDG al 2030

—En la derecha e izquierda hay quienes recriminan que negociar con el PDG es allanarles el camino a ser Gobierno. ¿Cuál es su lectura de esta idea?

La bancada es incómoda para la clase política. Afortunadamente. Ellos nos ven como una abuela muy molesta y 13 diputados nuevos, inexpertos, que se vienen bajando de la micro, con gel y zapatos de charol. Todo muy antiestético y contra-cultural desde la mirada de la clase política: unos aparecidos de los que no sospechaban capacidad política ni habilidad negociadora. Esperaban que la bancada se desarmara en un mes. Entonces cuando nosotros negociamos de cara a la gente y en pro de los intereses populares, ellos quedan fuera de juego.

Ahora por ejemplo, la discusión de fondo debería ser cómo abrimos espacio a la democracia directa: ¿bajamos los quórum para plebiscitar la política de seguridad? Deberíamos plebiscitar asuntos tan relevantes y controvertidos. Que haya participación ciudadana masiva en las decisiones, en el marco de la Constitución y el respeto irrestricto a la institucionalidad democrática que contempla el plebiscito.

Franco Parisi confirmó que anunciarán seremis pronto, que es probable que tengan de rivales a Boric y Kaiser en 2029 y que en un futuro gabinete incluiría desde republicanos al PPD. Usted dijo que le gustaría ser ministra del Interior o Defensa. ¿Qué otros nombres del PDG o de otros sectores como políticos ve preparados para llegar a La Moneda?

El nombramiento de ministros sería una facultad exclusiva de Franco, pero hemos definido que la gente participe de esa decisión, opine respecto de nombres específicos, los apruebe o rechace. El gobierno de Parisi 2030 tendrá las autoridades que la gente quiera. Será el poder de la gente.

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