“El Gobierno no necesita oposición porque él mismo se hace las propias zancadillas”. La frase de la cientista política Javiera Arce resume el diagnóstico que circula en el progresismo chileno a seis meses de la administración de José Antonio Kast: pese al deterioro sostenido de la evaluación ciudadana del Ejecutivo, la izquierda no ha logrado traducir ese malestar en una ofensiva política propia.
Los números respaldan la primera parte de esa lectura. La última encuesta Plaza Pública de Cadem situó la aprobación del Presidente en 34% —un punto menos que la medición anterior— y la desaprobación en 62%, el registro más alto desde que Kast asumió el 11 de marzo.
El mandatario, además, obtuvo una nota promedio de 3,4 en una escala de 1 a 7, y un 62% de los consultados afirmó que la gestión ha sido peor de lo que esperaba antes de que llegara a La Moneda.
El alza de los combustibles, el bajo crecimiento económico y el desempleo concentran las principales críticas; entre los escasos logros que se le reconocen figuran la reducción del gasto público y la aprobación de la megarreforma.
Ese deterioro, sin embargo, no se ha reflejado en un fortalecimiento equivalente de la oposición. En el sector reconocen que el problema es, ante todo, aritmético. La inferioridad numérica en el Congreso impide propinarle al Gobierno derrotas legislativas de peso, más allá de episodios puntuales como la propia megarreforma.
A eso se suma la ausencia de una coalición formal y de liderazgos visibles capaces de ordenar al bloque frente a la opinión pública, un déficit que en la propia izquierda admiten sin mayor resistencia. Todo esto, en un contexto en que el progresismo sigue lamiendo las heridas que dejó la derrota en las presidenciales y parlamentarias.
Para Arce, el ejercicio de recomposición de la izquierda y centro izquierda recién está comenzando y explica por qué la izquierda no logra capitalizar nada por ahora. “La izquierda no tiene capacidad de capitalizar absolutamente nada, porque ella misma todavía no se pone de acuerdo. Recién se está organizando y ordenando, y eso me parece bien”, plantea la analista.
Fernando López Balboa, coordinador de economía y sociedad del Instituto Res Publica pone el foco en la falta de liderazgos: “No basta sólo con figuras como Boric o Vodanovic. Boric tiene el peso de ya haber sido presidente sin resultados positivos claros (…) Por otro lado, habrá que ver si el alcalde Vodanovic defiende este plan del Frente Amplio o va a intentar capitalizar de manera individual su gran aprobación como alcalde de Maipú. Pero es importante recordar que varias aventuras de alcaldes como candidatos presidenciales, sean de izquierda como de derecha, no han llegado a buen puerto y, al contrario, obtienen bajas votaciones en las elecciones”.
En ese marco, la comparación con el Partido de la Gente (PDG) es, para Arce, inevitable. “El PDG ha sido bastante más astuto en esto, en tomar en consideración distintas cosas”, sostiene.
Mientras, dice la politóloga, a la izquierda “todavía le falta calibrar el tema de la unidad”.
Balboa advierte que aún falta un periodo largo para determinar quién tiene el potencial de capitalizar el momento político. Sin embargo, asegura, “tanto Kaiser como Parisi presentan fortalezas y debilidades a la hora de pensar en una futura elección”.
“En materia económica, Kaiser se ha mostrado muy defensor del Gobierno en ciertas materias, pero también con matices al querer impulsar reformas más profundas que las que se han hecho (…) Franco Parisi, por otro lado, está siendo muy cauto en sus apoyos al Gobierno, lo que le va a permitir a futuro tomar distancia respecto a ciertas políticas de Kast que puedan tener una apreciación negativa por parte de la ciudadanía y, al mismo tiempo, mostrar cercanía en otras materias que tengan alta aprobación”.