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Diputada Rodríguez (REP): “A algunos colegas les gustaría que me quedara callada, porque saben que lo que digo amenaza su hegemonía cultural” 

Apuntando a los indultos, la legisladora asegura que aún está pendiente un “respaldo moral” más decidido a Carabineros. Y sobre su estilo, sostiene que pese a los insultos y amenazas mantendrá su manera de conducirse en el Congreso.

“El crimen organizado va más rápido de lo que nos gustaría”, dice la diputada republicana Javiera Rodríguez, al responder si el Gobierno ha hecho lo suficiente tras la muerte del cabo segundo Cristopher Aguilera, baleado el domingo 27 de septiembre durante un procedimiento policial en Lo Espejo. 

En conversación con EL DÍNAMO, la parlamentaria, que proviene de familia de carabineros, valora la gestión del Ejecutivo en seguridad — “hemos ido en la línea correcta”—, pero afirma que “hay espacio para la mejora” reivindicando su solicitud de indultar a miembros de las fuerzas policiales condenados por delitos cometidos en el marco del estallido social. 

Sobre el perfil confrontacional que se le atribuye, la diputada responde sin matices: “La forma también es el mensaje” y asegura que a sus críticos “les molesta que yo exista, les molesta mi forma de ser”, pero que pese a insultos y amenazas, mantendrá su manera de conducirse en el Congreso.

—¿Le parece suficiente la respuesta del Gobierno tras la muerte del cabo segundo Cristopher Aguilera?

—La verdad es que el Gobierno, incluso antes de ser Gobierno, siempre ha mostrado un trabajo directo de apoyo hacia Carabineros. Entonces, al menos en espíritu, siempre ha existido ese respaldo y esas ideas y propuestas de política pública que van en sintonía con una mejora sustantiva de las condiciones y del respaldo hacia la institución. Naturalmente, el crimen organizado y las formas de delito van más rápido de lo que nos gustaría.

Creo que siempre existirá un espacio para la mejora, para proponer nuevas ideas, para seguir extendiendo el respaldo hacia instituciones como Carabineros, Gendarmería, la PDI y, obviamente, las Fuerzas Armadas. Siempre hay espacio para poder hacer las cosas con más fuerza y con más ahínco.

—Usted mencionaba que el crimen organizado y el terrorismo van muy rápido frente a la respuesta del Estado. ¿Cree que el Gobierno ha ido más lento de lo esperado?

—Como le mencionaba, el crimen organizado va vinculado a su mercado, y el mercado siempre va a ir más rápido incluso que la legislación o la implementación de una política pública. Además, hay una mezcla de factores; no es solamente un trabajo legislativo, sino también un trabajo de gestión, que es a lo que el ministro Arrau se refería. Hay ciertas modificaciones, desde lo que pasa en Gendarmería hasta el apoyo directo que el Ejecutivo puede dar a Carabineros o a la Fuerza Armada que pueden ir mejorando la situación. Son carriles que van cada uno por su lado, pero que conversan. Y al menos en gestión, que depende directamente del Ejecutivo, creo que hemos ido en la línea correcta.

—El lunes usted aseguró estar decepcionada de “varios”, tras la muerte del cabo Aguilera. ¿Esa referencia apuntaba a gente del Gobierno, incluido el presidente, o a quién se refería?

—Desde que asumí he vivido cuatro fallecimientos de carabineros. Siento un dolor muy grande, porque para mí es inevitable tener una cercanía: mi familia completa es de Carabineros. Entonces no puedo dejar de imaginarme si yo hubiese sido una niña a la que se le hubiese muerto su papá o su mamá. 

Para mí existe decepción no contra alguien en particular, ni siquiera contra un sector político. Es una decepción hacia una sociedad que hoy día permite que alguien que nos defiende frente al delincuente, que es capaz de hacer un sacrificio, muera a manos de alguien que quiere hacer daño. Para mí, esa decepción no va con rostro. Es una serie de cosas que a mí me frustran porque, como le decía, las soluciones a veces no son tan rápido como me gustaría. 

—¿Considera que la agenda de protección a las fuerzas policiales que impulsa el Gobierno se queda corta?

—Tal como le mencionaba, mi decepción no es contra alguien en particular, sino que es una serie de cosas. Una de ellas es el respaldo moral y político hacia los uniformados, que creo que también pasa por otorgarles el indulto a estos doce carabineros y militares condenados por el estallido delictual. Ellos ya pasaron por un proceso de justicia, pero creo que, más allá de lo que dice la condena, que ya es lo que es, ningún carabinero tiene que pasar por un proceso así cuando lo que cada uno de ellos hizo fue levantarse y servirle al país. Por eso, para mí existe una tremenda frustración de que no se haya otorgado aún ningún indulto.

—¿Cómo puede ayudar a Carabineros que personas condenadas, de quienes se comprobó que cometieron delitos en el ejercicio de sus funciones, sean indultadas? 

—Como legisladores, podemos apoyar —y el Ejecutivo también— a mejorar las condiciones laborales de nuestros carabineros. Pero también debe existir un respaldo moral hacia la obra de nuestras policías. Y eso va, obviamente, primero en darles todo el respaldo si alguno de ellos cae en un procedimiento: que, por cumplir con su deber, lo primero que haga la justicia no sea condenarlo. Para eso, nosotros impulsamos reformas que ayuden a fortalecer esa defensa hacia nuestros carabineros. Lo que pasa con la legislación de defensa, ¿cierto?

—¿No sería más funcional para la labor de Carabineros reforzar la ley Naín-Retamal 2.0 que otorgar indultos, por ejemplo?

—Hay cosas que nosotros podemos hacer para fortalecer ese respaldo, para mejorar la justicia, mejorar los procedimientos, pero también creo que es deber del Estado dar un respaldo más allá de lo político y lo procedimental, un respaldo moral a nuestras policías. Y para ello hay 12 uniformados que todavía están sufriendo las consecuencias del desastre del estallido social.

Creo que es importante que el Estado reconozca que en ese período no estuvo a la altura de un caos social —como es lógico también— y que no fueron los carabineros los responsables ni tienen ninguna culpa frente a lo que sucedió. 

—Pero hubo condenas…

—Por eso creo que es importante —si bien nosotros no nos podemos saltar el sistema judicial, porque son poderes diferentes— que exista esta facultad del Ejecutivo. Y lo digo para todos los parlamentarios de izquierda: es una facultad del Ejecutivo que no borra la condena, que no quita lo que pasó, sino que es una forma de dar vuelta a la página y de respaldar a nuestros carabineros, que hoy día se enfrentan al dilema de morir o la cárcel.

—¿Qué pasa con las familias de las víctimas? 

—En general, el Estado, frente a todo ese proceso, ha pagado indemnizaciones. Obviamente, una vida nunca se va a recuperar y es muy lamentable que alguien haya muerto en esas circunstancias. Incluso yo no estuve de acuerdo con las manifestaciones y no estoy de acuerdo con la posición política de muchos manifestantes que en ese momento salieron a la calle, pero yo nunca justificaría alguna muerte. Entonces creo que el Estado se hace cargo de ese lado, que es de lo que puede hacerse cargo, claramente, pero no desde los carabineros, no desde los militares que hoy están condenados precisamente por haber cumplido con su deber en un contexto de desorden y caos social.

—Mencionaba que la oposición está de alguna manera muy fijada en su figura. Y se ha instalado una imagen confrontacional de usted. ¿Cómo maneja ese perfil?

—Yo llegué al Congreso siendo siempre directa, con una profunda convicción en mis ideas y en quienes represento, pero además con una tremenda valentía, que creo que es lo que más molesta y enoja a algunos colegas. Pese a que me molestan, pese a que me insultan, pese a que me amenazan —me han dejado hasta amenazas de muerte, que me dibujan en las universidades—, no logran entender cómo yo no dejo de decir lo que pienso.

Eso es lo que les molesta, porque les encantaría que yo me quedara callada, les encantaría que yo bajara mi perfil, les encantaría que yo no hiciera nada, porque sienten que lo que digo les causa algún daño o amenaza su hegemonía cultural, que han tenido durante esta última década.

—¿Es lo que usted dice o es la forma lo que choca con la oposición?

—La forma también es el mensaje. Yo soy comunicadora, es lo que estudié, soy periodista, siempre he hecho comunicación política. Les molesta que yo utilice mis redes sociales, les molesta que yo tenga un estilo. Quieren que me vista como un estereotipo que tienen en su cabeza sobre alguien de derecha, quieren que no hable. ¿De qué otra manera puedo hablar, si así me dirijo a las personas? Ese es el lenguaje que utilizo, esas son mis palabras. No podría ser alguien diferente a como soy. Hace años que vengo haciendo activismo, hace años que vengo trabajando en redes sociales, y se sorprenden porque me pinto los labios rojos y tengo piercing. Lo siento, yo no voy a cambiar porque les moleste mi forma. En el fondo, lo que les molesta es que yo exista. Pero no me arrepiento de ser como soy, porque es lo que me hizo llegar hasta acá también.

—¿Y eso usted lo siente, por ejemplo, en los pasillos?

—Hay muchos a los que les gusta hablar por redes sociales o por la prensa y, frente a cualquier cosa, se espantan y al tiro prenden un micrófono y se creen muy valientes por llamarme la atención frente a cualquier cosa que hago, digo, etc. En el Congreso yo soy una persona que, pese a mi forma de ser y de llevar la política, en general no le tiene miedo a hablar y sentarse con alguien que piensa muy distinto, a conversar, incluso a reírme. Pero hay quienes no son así, no tienen esa misma visión, no separan a la persona del político y, cada vez que yo digo algo, que hago alguna intervención o que digo lo que pienso, prenden las luces y se dedican a atacar. Pero en el día a día no son capaces de decírmelo en persona.

—Este perfil que usted ha cosechado, ¿no choca con el tono de unidad nacional que invoca el Presidente Kast para que avance la agenda del Gobierno?

—Creo que el hecho de uno ser fiel a sus convicciones no significa que uno no pueda conversar con alguien que piensa distinto y llegar a un acuerdo. Uno siendo fiel a lo que piensa puede ser mucho más consecuente que alguien que te dice voy a dialogar, pero termina votando otra cosa.

Muchas veces caen en decir oye, pero es que ella es súper confrontacional, pero son ellos los que terminan poniendo ciertos límites al resto. Yo no. Bienvenidos todos a la mesa, y que nadie se sienta excluido por cómo piensa, por cómo es o por cómo se viste.

—¿No cree que esas formas que usted tiene han podido contribuir a la polarización de la política?

—Hoy el Congreso se enfrenta a una realidad que no había existido antes: la mediatización de la información a través de las redes sociales. Eso antes no existía, porque solo existía un canal de comunicación, la prensa. Hoy ya no es así porque existe una disputa en redes sociales que no podemos sacar de la ecuación. Yo soy parte de esa ecuación, como también los otros 154 diputados, y estoy en mi legítimo derecho de utilizar esas herramientas para poder seguir representando de mejor manera a los ciudadanos.

Y en eso, obviamente, existe un perfil determinado, que es el mío, que no puedo sacarme de mí misma porque así soy nomás. Creo que eso es parte también de la nueva definición de la política en función del uso de redes, de inteligencia artificial, del manejo de la audiencia. Es parte de ella y hay muchos que son reacios, pero hoy día es inevitable pensar la política en función de esa mediatización del espacio digital.

—En lo político se ha puesto mucho en discusión el espíritu del acuerdo, algo que en Chile Vamos personifica, por ejemplo, la presidenta del Senado, Paulina Núñez. ¿Usted comparte que, a pesar de tener cierta mayoría, hay que acordar con la oposición, o es de la idea de ganar por un voto si es necesario?

—Siempre existirá el espíritu de que la agenda del Gobierno avance. Sin embargo, yo no creo que los acuerdos sean buenos per se. Existen los buenos y los malos acuerdos. Y frente a eso, creo que no le pueden pedir a ningún republicano que contraríe su espíritu o su esencia en función de un acuerdo, porque habrá quienes ganan o pierden con los acuerdos. 

—¿Cuál es el límite de los acuerdos?

—La línea roja es respetar nuestros principios, nuestras convicciones, etc. Habrá quienes impulsen los acuerdos por el mero hecho de hacer acuerdos, y así también funciona la política. Hay que jugar un rol, pero otros jugamos otro rol en el partido, y estamos para que esos acuerdos vayan en función de mejorar nuestro país, con nuestra forma de pensar también incluida.

—¿Existe algún conflicto interno en el Partido Republicano entre defender o mantener la esencia republicana y acompañar al Gobierno en ciertas iniciativas que requieren moderación?

—Es difícil ser oficialista en general, porque si bien el Gobierno es de esencia republicana, ahí también juegan muchos otros partidos que tienen sus intereses y su forma de ver la política. Por eso no son todos republicanos, sino que existen diferentes partidos. Creo que es difícil trabajar con quienes, si bien compartimos muchos principios, vemos también nuestras diferencias.

Creo que el Partido Republicano debería siempre tener en mira el proyecto país, el cual nos representa, pero también hay que distinguir que somos un poder aparte: somos el poder legislativo, en el caso de los diputados republicanos. Entonces tenemos también nuestro rol que jugar ahí. Habrá reformas que quizás son más amplias desde el Gobierno, pero nosotros tenemos que evaluar siempre cuánto de esto es de esencia republicana, cuánto no, y en función de eso ir proponiendo, modificando, empujando, o también tratando de hacer calzar esa diferencia.

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