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Del 1% al 5%: El impacto familiar y social de la nueva regulación en el pago mínimo de las tarjetas de crédito

José Navarrete, académico de la Universidad Andrés Bello, recomienda analizar la situación personal y calcular cuánto sería el impacto en el bolsillo para tomar medidas que ayuden al orden y salir del bucle.

El uso de tarjetas de crédito se ha vuelto parte del panorama habitual de consumo en el país. Ante un escenario económico complejo, marcado por cifras desafiantes de empleo, muchas familias han adoptado el “tarjetazo” como estrategia para financiar el costo de la vida diaria. 

Una reciente regulación busca frenar en seco la acumulación de deudas invisibles, obligando a los usuarios a un ordenamiento financiero que promete ser tanto una solución contra el sobreendeudamiento como un “pequeño terremoto” para aquellos que no cuenten con una base firme frente a las distintas adversidades o mal manejo de los recursos.

Se trata de la Norma de Carácter General 537 de la Comisión para el Mercado Financiero (CMF), una medida que modifica sustancialmente las reglas que hasta ahora existen en donde  el pago mínimo requerido por los bancos para mantener los plásticos vigentes subirá del histórico 1% actual a un 5% sobre el saldo total. El objetivo central de la autoridad reguladora es disolver el efecto de “bola de nieve” en el que caen miles de clientes que, por meses o años, solo cubren el monto base sin reducir el capital real de la deuda.

Al respecto, José Navarrete, académico de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Andrés Bello (UNAB), advierte sobre las repercusiones sociales de esta transición: “Por una parte se busca un bien, que es reducir la morosidad y el nivel de endeudamiento. Pero este bien también va a tener un problema porque si las familias no están preparadas para este cambio, independiente que sea gradual, esto podría generar un pequeño terremoto financiero a nivel social”. El docente enfatiza que la clase media será el sector más afectado debido a su mayor acceso a cupos bancarios altos y a la presión social que muchas veces los lleva a sostener ciertos estándares de vida en momentos como el  desempleo.

Hasta ahora, si una persona pagaba solo el mínimo, esa cuota sin interés terminaba de igual forma generando recargos hacia el mes siguiente. Con la nueva regla, el sistema obligará de forma gradual a que los usuarios paguen el total real de esas cuotas mensuales y los seguros asociados, evitando que las compras cotidianas o los beneficios de fidelización se transformen en una trampa financiera a largo plazo.

Navarrete sugiere también que si ya se tiene una deuda que está costando financiar, se evalúen alternativas de pago para comenzar a ordenar el bolsillo. “Si yo veo que este pago mínimo me va a tener angustiado todos los meses y no voy a ser capaz de pagarlo,  a lo mejor es la instancia para ir y refinanciar con otro instrumento, como pedir un préstamo y pagar la tarjeta”. Aunque esta parece una solución rápida cuando no se tiene el dinero directamente, Navarrete agrega que esto puede llegar a ser un arma doble filo dado que,  “mucha gente lo hace y pasan  uno o dos tres meses super bien, pero después vuelven a ocupar la tarjeta, y en vez de tener una deuda, terminan teniendo dos”.

Frente a este nuevo esquema, los expertos coinciden en que la educación financiera es la herramienta principal para sortear la crisis. La recomendación inmediata para los usuarios es revisar en detalle los estados de cuenta de los últimos meses, cuantificar el impacto numérico de la nueva exigencia y, en caso de verse sobrepasados por el nuevo mínimo, evaluar alternativas de financiamiento con tasas más bajas que las aplicadas directamente por las tarjetas de crédito.

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