La preparación frente a los incendios forestales comienza meses antes de los días más calurosos. Durante otoño, invierno y primavera se manejan combustibles vegetales, se mantienen cortafuegos y caminos, se identifican sectores críticos, se preparan comunidades y se entrenan equipos. Cuando aparece el primer foco del verano, gran parte del trabajo preventivo ya debería estar realizado.
En Chile, la preparación para la temporada 2026-2027 comenzó durante agosto y septiembre, con reuniones técnicas entre CONAF, Bomberos y CORMA para revisar protocolos, coordinación operativa y aprendizajes de temporadas anteriores.
¿Cómo se prepara un territorio antes de la temporada de incendios?
CONAF distingue entre prevención y mitigación. La prevención reúne las actividades destinadas a evitar que se origine un incendio por acciones humanas. La mitigación comprende intervenciones sobre la vegetación orientadas a impedir o retardar su propagación una vez iniciado.
Esta última dimensión explica gran parte del trabajo que se realiza antes del verano. Vegetación seca, ramas, residuos y pastizales pueden convertirse en combustible, mientras su distribución influye en la continuidad que encuentra el fuego al avanzar.
La silvicultura preventiva busca modificar esas condiciones mediante herramientas como fajas libres de vegetación, fajas cortacombustibles y cortafuegos. Su ubicación depende de las características de cada territorio, especialmente en sectores donde viviendas, caminos, líneas eléctricas, quebradas y vegetación se encuentran a poca distancia.
La interfaz urbano-rural concentra parte importante de este trabajo, ya que allí la preparación busca reducir el riesgo para las personas y facilitar la respuesta ante una emergencia.
El trabajo comienza antes de que la vegetación esté seca
La prevención también incorpora a las comunidades. CONAF estima que el 99,7% de los incendios forestales tiene un origen asociado a la acción humana, lo que vuelve especialmente relevantes las iniciativas de educación y organización territorial.
Forestal ARAUCO participa en la Red de Prevención Comunitaria, que reúne a más de 500 comités en 80 comunas, y ha desarrollado proyectos y estrategias de prevención y gestión de interfaz en comunas de Biobío y Ñuble. Estas instancias permiten identificar riesgos locales, priorizar limpiezas, reconocer puntos críticos y establecer canales de coordinación antes del verano.
Por eso, durante invierno y primavera es posible intervenir el territorio antes de que coincidan altas temperaturas, baja humedad y viento.
Durante esos meses se mantienen estructuras preventivas, se elimina combustible acumulado, se despejan accesos y se revisan sectores de interfaz. Una faja libre de vegetación genera una discontinuidad física; una faja cortacombustible reduce o modifica el material disponible para arder; un cortafuego puede entregar un punto de apoyo para los equipos de combate.
La efectividad de estas estructuras depende del terreno, la vegetación, su mantenimiento y el comportamiento del incendio. Su aporte está en reducir la continuidad del combustible y facilitar el trabajo de brigadas y maquinaria.
En su plan para la temporada 2025-2026, ARAUCO informó que mantiene 14.000 kilómetros de estructuras preventivas y realiza trabajos anuales sobre 25.000 hectáreas de su patrimonio forestal, además de patrullajes que permiten detectar focos oportunamente y evitar su propagación. El Informe de Monitoreo 2025 de la compañía también describe fajas asociadas a caminos, tendidos eléctricos y cursos de agua en sectores definidos como de mayor riesgo.
Tecnología para vigilar y anticipar el riesgo
La tecnología comienza a operar antes de que exista un incendio.
Durante la temporada 2025-2026, ARAUCO informó una red integrada por 165 cámaras robotizadas propias, otras 50 cámaras de empresas vinculadas a CORMA y seguimiento mediante 24 satélites. El sistema además incorpora drones y herramientas de simulación de propagación.
Estos recursos permiten vigilar grandes extensiones, apoyar la detección de humo, evaluar focos y anticipar posibles escenarios de avance del fuego.
La información meteorológica complementa esa vigilancia. Temperatura, humedad, viento y estado de la vegetación ayudan a identificar jornadas especialmente favorables para la ignición y propagación.
CONAF utiliza, entre otras herramientas el denominado “Botón Rojo” que permite reconocer sectores con condiciones de mayor riesgo y orientar patrullajes, restricciones y preparación adicional de recursos.
Equipos preparados antes de la emergencia
Durante otoño e invierno se realizan capacitaciones, revisión de procedimientos y ejercicios de coordinación. Para la temporada 2025-2026, ARAUCO reportó 130 brigadas, de las cuales 34 eran nocturnas y 12 mecanizadas, además de 40 fuerzas de tarea, además de otros recursos.
La empresa informó también que, junto con CORMA, había participado en la formación de más de 10.000 bomberos forestales.
En agosto de 2026, CONAF, CORMA y Bomberos comenzaron formalmente la coordinación para la temporada 2026-2027, con una agenda que considera procedimientos comunes, coordinación estratégica y operativa, sistema de comando de Incidentes e interoperabilidad entre instituciones.
¿Cuándo comienza realmente la temporada de incendios forestales?
Desde una perspectiva preventiva, la temporada comienza meses antes y se intensifica durante el verano. En concreto, empieza cuando se mantienen caminos y cortafuegos, se maneja la vegetación, se identifican sectores críticos, se capacitan brigadas, se coordinan instituciones y se trabaja junto a las comunidades.
Las aeronaves y los equipos de combate adquieren protagonismo cuando comienza una emergencia. La preparación territorial ocurre mucho antes y busca llegar a ese momento con mejores condiciones para actuar.
La capacidad de enfrentar un incendio forestal depende, en buena medida, de las decisiones tomadas cuando todavía no hay humo en el horizonte.