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Este viernes se cumplen 53 años del Golpe de Estado que dio inicio a 17 años de dictadura militar. Por primera vez desde el retorno a la democracia en 1990, el Gobierno no realizará un acto oficial para conmemorar la fecha: el presidente José Antonio Kast —el primer mandatario desde 1990 en votar por el “Sí” en el plebiscito de 1988— optó por mantener su agenda habitual y desplegarse en regiones, dejando en manos de la oposición la organización de actos conmemorativos.

La decisión reabrió una pregunta que atraviesa a la sociedad chilena hace años: qué lugar ocupa hoy el golpe en la memoria colectiva y si el clivaje entre dictadura y democracia, que por décadas ordenó buena parte de la política nacional, sigue teniendo la misma fuerza.

EL DÍNAMO consultó a cinco analistas sobre cómo ha cambiado esa imagen, qué tanto explica el triunfo de Kast nuestra relación con el quiebre democrático y si es posible, alguna vez, cerrar ese capítulo.

Dan su visión el antropólogo e investigador del Instituto de Estudios de la Sociedad (IES) Pablo Ortúzar; el sociólogo y académico de la Universidad de Santiago Alberto Mayol; el periodista, columnista y académico Sergio Muñoz Riveros; el sociólogo, politólogo y académico de la Universidad Diego Portales Alfredo Joignant; y la fundadora y directora de Latinobarómetro-MORI Chile Marta Lagos.

La lejanía con el golpe explicada por el recambio generacional 

Consultados sobre cómo cambió, en estos 36 años de democracia, la relación política y emocional de la sociedad con el golpe, los analistas ofrecen lecturas distintas, aunque varias apuntan al recambio generacional como factor central.

Pablo Ortúzar: “Las atrocidades humanas de la dictadura languidecen en la medida en que nos alejamos generacionalmente de ellas, mientras que sus logros institucionales y económicos ganan terreno en la valoración de nuevas generaciones que valoran menos la democracia y favorecen el autoritarismo. El ataque brutal del Frente Amplio a la Concertación, además, hace hoy más difícil defender el período de Aylwin a Bachelet I, el más próspero y pacífico de la historia de Chile, como un paradigma hacia el futuro”.

Alberto Mayol: “Los países viven episodios traumáticos igual que las personas, esos episodios traumáticos quedan en forma de stock, pueden estar guardados en bodegas pero cuando son convocados aparecen, no son convocados por un aniversario, no, aparecen en los momentos en que algo convoca, converge, construye una clase de relación con ese momento histórico. En total, el estallido fue un contragolpe, entonces hay un trauma inverso que es el trauma que viven los sectores más alineados con la derecha, que lo viven como un trauma de carácter ideológico. Para la mayor parte de la población no es así, es un trauma, pero es un trauma social, es un trauma de cómo se puede degradar la vida política y cómo se pueden convertir los problemas en un problema más grande todavía.

Entonces la relación con el golpe ha sido permanentemente de ponerle analgésico porque nos cuesta manejarlo y hoy todavía es una unidad de sentido que permite entender la historia. Al no tener reemplazo, la bodega con el stock, la historia con el golpe quedan ahí encima, no hay forma de decir está realmente superado porque sencillamente se actualiza y es una herida que puede estar tapada, cerrada, pero que es álgida y que cada vez que se toca, porque convoca en algún sentido, es más problemático. Eso es lo más importante: en nuestros últimos datos, la configuración de similitudes entre Allende y Boric y Pinochet con Kast es de alguna manera una forma de entender las novedades políticas que tanto el Frente Amplio como Republicanos han significado, pero con un código antiguo, porque no hay forma de leerlo de otra manera, no tenemos otra forma de leerlo”.

Sergio Muñoz Riveros: “Fui parte del bando derrotado en 1973, y yo sé que a mucha gente que se sintió parte del bando vencedor le cuesta imaginar la inmensidad de los dolores que se desataron entonces. Por desgracia, la noción de enemigo tiende a perder de vista a los seres humanos concretos. Fue una inmensa tragedia nacional que se viniera abajo el patrimonio de civilización y que hasta el recurso de habeas corpus dejara de tener vigencia.

No podemos examinar la historia al margen de los sufrimientos de las personas. Para la viuda de un fusilado en Calama, la herida que dejó el golpe de Estado y la represión es muy difícil de curar. Para los miles de compatriotas que pasaron por los centros de tortura, igualmente. Y para los familiares de los prisioneros asesinados, porque ellos fueron los detenidos desaparecidos, el dolor no tiene fecha de vencimiento. Es cierto que el tiempo y el olvido hacen lo suyo, pero tratemos de no mirar este traumático capítulo de nuestra historia en términos abstractos”.

Creo que la sociedad chilena ha aprendido a valorar la cultura de los derechos humanos y entiende que la condición de su vigencia es la democracia. Pero, a veces, las enseñanzas de la historia no pasan de una generación a otra. No son pocos los jóvenes que creen que las bombas molotov pueden abrir las alamedas hacia una sociedad más justa, y están profundamente equivocados”.

Alfredo Joignant: “Hay efectivamente un cambio, y se vio muy bien con ocasión del 50 aniversario, y con total claridad en 2024 y 2025. Hay un revisionismo merodeando, a veces de modo legítimo, en otras ocasiones desbordando en el negacionismo. El libro de Daniel Mansuy sobre Allende y la UP —que yo mismo presenté en la Universidad de Los Andes en 2023— es un excelente libro revisionista, a condición de quitarle al término todas las connotaciones fatales de negacionismo: es un estupendo libro que descansa sobre la tesis de que el golpe era “inevitable”, lo que abre un muy interesante debate historiográfico.

Lo que sigue después es mediocre, y refleja el debilitamiento de la memoria popular y de izquierdas sobre el golpe. Hoy, Pinochet sigue siendo el mal universal, pero con menos intensidad, y el golpe un acto de fuerza inevitable: hay un evidente retroceso, sobre todo cuando constato que Patricio Fernández, durante el gobierno de Boric, fue acusado por Lorena Pizarro de negacionista, lo que fue una infamia incalificable, y una estupidez histórica que recién ahora estamos calibrando. La diputada Pizarro tiene responsabilidades importantes en el retroceso de la memoria del golpe, aun cuando ella crea que lo hizo estupendamente bien en nombre de los muertos: lo hizo horrible”.

Marta Lagos: “Lo que yo puedo hablar es de la imagen de Pinochet y del golpe. A lo largo de la transición, la imagen de Pinochet ha tenido altos y bajos, y cuando se cumplieron los 50 años, nosotros publicamos un informe que mostraba que el 35% de la población de Chile veía con buena cara a Pinochet. Esa es la base del voto de Kast. Ahora, hace tres años nadie lo miró teniendo una consecuencia como esa, pero de facto, ese aumento de la bondad de Pinochet, José Antonio Kast lo capitaliza en su campaña y gana la presidencia.

Entonces, Pinochet ha ido a lo largo del tiempo manteniendo o aumentando su imagen positiva. El tema de los derechos humanos, las muertes, los asesinatos, las torturas, no está en el imaginario colectivo con el peso de una sociedad que se arrepiente. Esto no es la sociedad alemana que fustiga y que rechaza lo que hizo Hitler; por el contrario, tenemos una sociedad que acoge con benevolencia, en una parte sustantiva, lo que ha hecho Pinochet. Aquí hay una anomalía y una excepcionalidad que no se ha dado en ninguna otra dictadura”.

El triunfo de Kast: ¿el fin del clivaje dictadura-democracia?

Pablo Ortúzar: “En parte es el tiempo. Este año se cumplen 20 años desde la muerte de Pinochet, casi 30 desde su detención en Londres, 36 desde que dejó el poder y 53 desde el golpe. El golpe del 73, de hecho, está más lejos de nosotros de lo que el golpe de Ibáñez del 25 estaba para los chilenos del 73.

Y el plebiscito del 88, por otro lado, deja de ser un parteaguas político debido a la demolición de la memoria de la Concertación por parte del Frente Amplio, y luego al trauma del Estallido y la Convención, que rebarajaron el naipe político y reconfiguran las identidades. Hace poco hicimos un seminario en el IES sobre este cambio de clivaje, y da la impresión de que será más duradero de lo que algunos piensan o querrían”.

Alberto Mayol: “Respecto a la victoria de Kast, con el estallido ocurre un contragolpe que abre la cancha. Podemos convocar una mirada más amplia al respecto y, por tanto, tenemos una posibilidad de aceptar a un seguidor de la dictadura porque se rompió ya el velo anticonflictivo que suponía tener que mantener esto dentro de la bodega.

Sencillamente se ha ido normalizando la presencia de los extremos, nos hemos ido acostumbrando a un menor espesor institucional, por lo que se hacen posibles cosas que no eran posibles antes. No es sólo lo que pasó con Kast y no es sólo lo que cambió el clivaje, porque no cambió: si tú miras el clivaje del estallido, este se superpone al clivaje del golpe. Es su inversión en ese sentido”.

Sergio Muñoz Riveros: “Las viejas divisiones no pueden mantenerse indefinidamente. Es obvio que hoy carece de sentido una diferenciación entre allendistas y pinochetistas. La reconstrucción democrática nos devolvió la condición de ciudadanos y, por ende, la competencia política en condiciones de igualdad. Ese es el principio de alternancia en el poder, que permitió que Kast llegue a La Moneda. Lo esencial es que seamos leales con la democracia, y en 2019 vimos demasiadas muestras de deslealtad”.

Alfredo Joignant: “El clivaje dictadura-democracia no existe desde hace mucho tiempo: el recambio generacional provoca estragos, desconcierta, provoca perplejidad, pero es sumamente explicativo. ¿Cuántos chilenos vivos hoy nacieron después de que terminara la dictadura en 1990? Alrededor de la mitad, lo que es enorme, y muchos de ellos no tienen ni recuerdo ni noción de lo que pudo significar humanamente el golpe, el que se representa como una abstracción o como algo sobre lo cual no tienen la menor idea. En ese sentido, Piñera fue una anomalía, humanista y de la ilustración, de esas que se agradecen: temo que seguirá siendo una anomalía en tiempos en donde la derecha se radicaliza en formas extremas.

Todavía hay resiliencia importante en la sociedad chilena para no aceptar que el golpe era necesario y, sobre todo, que la dictadura fue necesaria. Lo que hará la diferencia son las luchas por la memoria: esa resiliencia de la sociedad chilena me resulta llamativa, una sociedad que no acepta cualquier tesis, que sigue viendo en Pinochet a un dictador y a su régimen de gobierno una dictadura que provocó muertos, desaparecidos y mucho dolor. ¿Cuánto durará esta memoria resiliente? No lo sé, tiendo a pensar que está orientada a perdurar por razones que no entiendo bien”.

Marta Lagos: “No, para nada, al contrario: creo que el hecho de que todavía exista tanta gente que ve con beneplácito a Pinochet es lo que le dio el triunfo a Kast, aunque ellos lo niegan y dicen que no. Pero no cabe la menor duda de que ahí hay una correlación, y esa correlación es la que yo creo que hoy día se afectó, se afectó valóricamente. Es muy difícil cambiar las afectaciones valóricas de la población, y eso porque las cuestiones de opinión cambian todos los días, pero los valores no”.

¿Se puede cerrar este capítulo? 

Pablo Ortúzar: “Ningún capítulo histórico se cierra mientras no sea olvidado. Puede dejar de determinar la política contingente, claro. Cuando uno estudia hoy la Guerra del Peloponeso no se siente presionado a tomar bando. Lo que se aprecia es la gran tragedia humana, las contradicciones y las ambiciones de las personas de carne y hueso.

Yo creo que pronto podremos mirarnos en el espejo del hundimiento de la democracia chilena y la dictadura militar dispuestos a tratar de aprender lecciones antes que a terminar de distribuir las culpas. Es lo que hace Mansuy con Allende en su libro, me parece. Y es lo que yo traté de hacer en ‘El precio de la noche'”.

Alberto Mayol: “Estos episodios que quedan en el stock siempre están ahí. Lo que pasa es que en un momento culminado pierden su capacidad semántica de interpretar otros procesos. Cuando eso pasa, naturalmente uno abre la puerta a que aparezcan otras cosas que le den sentido al proceso. El estallido de alguna manera fue suficientemente fuerte como para parecer que iba a doblegar el anterior clivaje.

A mi juicio, hay una reproducción invertida del clivaje. Quien acusa del uso de la violencia política al otro es el otro sector. Quien acusa de intento de golpe es el otro sector. Entonces tiene elementos de inversión bastante claros. Bajo estas condiciones, mientras siga dando sentido, mientras siga teniendo significado, es irreemplazable, porque ayuda a entender el mundo y no tenemos otra forma de leerlo. Así que no es la cantidad de años lo que le quita pertinencia. Lo importante termina por ser la capacidad de salir de una narrativa y entrar a otra, y eso no ha ocurrido”.

Sergio Muñoz Riveros: “El análisis de la historia nunca está cerrado. No podemos esperar que llegue un día en que se establecerá una historia oficial. Seguiremos revisando las causas y consecuencias de la dictadura, como también la relación entre la experiencia de la Unidad Popular y la dictadura de Pinochet. Lo que cuenta es aprender de la historia, para no tropezar en las mismas piedras. Deberíamos haber aprendido, por ejemplo, que el delirio ideológico tiene malas consecuencias, que el desprecio de la izquierda de los años 70 por lo que llamaba “la democracia burguesa” pavimentó el camino a los tanques, y el costo humano fue horroroso. La idea de una revolución como la cubana encandiló a muchos líderes y militantes de la izquierda en los años de Allende, y los hizo desdeñar el régimen de libertades construido por la nación chilena. Aunque el resultado habla por sí solo, aun hoy hay quienes, como los dirigentes del PC, se atreven a calificar a la dictadura cubana, que ha durado 67 años, como una “democracia distinta”.

El 11 de septiembre debemos recordar a todos los caídos. Y comprometernos a sostener la democracia a pie firme”.

Alfredo Joignant: “Me resulta completamente esperable, sin sorpresa (que Kast no realice una conmemoración). Una evidencia evidente, sobre la cual podía existir una expectativa absurda (de querer cerrar este capítulo)”.

Marta Lagos: “Europa lleva 80 años desde el fin de la guerra, y los alemanes todavía no lo cierran. Entonces, ¿cuántos años se demora un pueblo en superar los traumas del pasado? Es muy difícil decirlo, pero lo que sí está claro es que las cosas que están sucediendo hoy día en este gobierno están teniendo un impacto sobre esa evolución, y yo creo que es un impacto a favor de la democracia, en contra de todas las tesis autocráticas. Y esa es la buena noticia: al margen de que uno esté en desacuerdo con la actual propuesta, el impacto de la propuesta ya ha sido positivo para la democracia”.


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