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Baja percepción de riesgo del VIH en jóvenes en Chile impulsa tasa a cinco mil contagios anuales

En la última década, los nuevos casos de VIH aumentaron un 35%, con los individuos de 25 a 29 años como el principal grupo afectado. Leandro Carreño, investigador del IMII, señala que solo el 49% de los hombres jóvenes utiliza preservativo.

Chile lleva una década registrando entre 4.000 y 5.000 nuevos casos de VIH al año, y el grupo que concentra la mayor parte de esos diagnósticos no cambia: jóvenes de 20 a 29 años, con el segmento de 25 a 29 como el de mayor tasa del país. No es un dato biológico. Es conductual. Y tiene un nombre que los especialistas repiten con consistencia: baja percepción de riesgo.

Los números del Ministerio de Salud confirman que ese segmento registró una tasa de 59,2 casos por cada 100.000 habitantes, la más alta del país. Leandro Carreño, inmunólogo e investigador del Instituto Milenio de Inmunología e Inmunoterapia (IMII), afirma que el resultado expone una brecha entre el riesgo real y el percibido que ninguna campaña ha logrado cerrar.

En la última década, el número de personas en terapia antirretroviral en Chile se duplicó: de 28.000 en 2015 a 64.000 en 2023. Esa expansión salvó vidas, pero también produjo un efecto secundario: al desaparecer el miedo, cayó la disposición a testearse. “Al perderse la percepción de riesgo y ser una infección que puede pasar asintomática, las personas pueden estar infectadas y no saberlo; siempre estamos frente a nuevas infecciones, por lo tanto es súper importante tener el diagnóstico para un tratamiento efectivo“, explica Carreño.

De sentencia fatal a enfermedad crónica

En los años ochenta y noventa, recibir un diagnóstico de VIH equivalía a recibir un plazo fatal. Las generaciones que nacieron después no tienen esa imagen, y esa ausencia de memoria colectiva explica, en parte, por qué los jóvenes de 20 a 29 años reducen su conducta preventiva. “La terapia ha mejorado tanto que el VIH tiene mejor pronóstico que la hipertensión o una coronaria”, señala Carreño. Ese mismo éxito produce el efecto paradojal: a mejor tratamiento, menor percepción de amenaza.

El 87% de los diagnósticos corresponde a hombres jóvenes y la vía sexual es la principal forma de transmisión. El uso de preservativo alcanza apenas el 49,2% en hombres jóvenes y cae al 26,1% en mujeres, según ONUSIDA. La baja percepción arrastra además el alza de otras infecciones sexuales. “Al bajar la percepción del riesgo del VIH, la gente se cuida menos; antes no escuchábamos de casos como clamidia o gonorrea y hoy en día hemos vuelto a escuchar eso; son enfermedades que pueden dejar a una persona marcada de por vida”, apunta Carreño.

El test existe, tarda 20 minutos y es gratuito

La red de testeo es extensa: Cesfam, consultorios y centros comunitarios distribuyen pruebas rápidas con resultados en 15 a 20 minutos y consejería profesional. Y sin embargo, la resistencia persiste. “Aún las personas tienen un poquito de miedo a saber; debería ser al revés: es bueno saber porque se pueden tratar”, sostiene Carreño.

El Dr. Ricardo Soto-Rifo, investigador asociado del IMII e integrante del Grupo de Trabajo en VIH y Sida de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, describe la lógica de llevar el testeo a donde los jóvenes ya están, tales como eventos culturales y campus universitarios.

“Muchas veces a las personas les complica ir al consultorio. Es una intervención de salud pública donde respondemos dudas, damos consejería y entregamos preservativos y lubricantes”. “El diagnóstico precoz y el tratamiento hacen que la calidad de vida sea virtualmente como la de una persona sana”, añade. “Las personas que tuvieron una conducta de riesgo o que iniciaron su vida sexual y nunca se han hecho el test, es buena idea hacérselo”.

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