Hace casi 500 años Pedro de Valdivia le escribía al rey Carlos V que hace cuatro meses la primera ciudad que había fundado en Chile no celebraba el culto divino ni oía misa, porque no había vino.
Hoy un Santiago muy distinto al que Valdivia conoció alista la celebración del Día del Vino para el próximo 4 de septiembre, rescatando un vínculo que parecía olvidado, teniendo en cuenta que casi el 70% del cultivo y producción de este brebaje nace en las regiones de O’Higgins y Maule. La capital hoy quiere ser reconocida como la cuna del vino chileno.
De la mano del historiador Gonzalo Rojas Aguilera, la capital recuerda tres hitos que la unen a los orígenes de esta bebida en Chile, además de la primera referencia documental en la carta de Valdivia, que sirvió para crear en 2015 el Día del Vino.

La historia del vino en Santiago en tres actos
El primero de ellos tiene relación con las vides que Valdivia ordenó traer a Chile en 1548, apenas tres años después de su carta al rey Carlos V. Los españoles las trajeron desde Perú, México y España al puerto d e Coquimbo y las llevaron a La Serena y Santiago. Con posterioridad, una de ellas recibiría, la Listán Prieto originaria de las islas Canarias, el nombre de cepa País.
Al cabo de tres años, las primeras uvas se cosecharían en la chacra de Alonso Moreno, al norte del río Mapocho. El saldo fue de dos botijas de vino.
Otro de los hitos rescatados por Gonzalo Rojas es que en los terrenos cercanos a lo que hoy se conoce como avenida Brasil se erigió la primera viña documentada en Chile, el 28 de agosto de 1554. Pertenecía al conquistador Diego García de Cáceres, uno de los hombres de confianza de Valdivia.

En paralelo, se instalaron las primeras “viñas cercadas” en los faldeos del cerro Santa Lucía. Allí, en ese sector identificado siglos después como el bohemio barrio Lastarria, nació el vino elaborado por el conquistador español Rodrigo de Araya. De 1555 data el registro de esta bebida, que era destinada a misas. A Rodrigo de Araya, a su vez, se le identificó como el primer viticultor de Chile.
“Hay viñas y en ninguna parte de las Indias se ha dado tan buena uva como en esta tierra; hácese muy buen vino. El primer hombre que lo hizo fue un vecino que se dice Rodrigo de Araya, y así mismo fue el primero que trajo trigo a esta tierra”, describía el historiador José Toribio Medina.
En los años siguientes, en casi todos los solares y chacras de Santiago se plantaron parrones para producir vino de consumo personal, según recoge el sitio web Memoria Chilena. Ad portas del siglo XVI, la producción anual equivalía a 1,6 millones de litros de esta bebida. Siglos después, en la Quinta Normal de Agricultura la producción comenzaría a asemejarse más a lo que conocemos hoy, con la introducción en 1842 de cepajes y tecnologías francesas.
Los apuesta por el enoturismo
En vista de estos antecedentes, la Municipalidad de Santiago junto a la Asociación Gremial de Turismo y Comercio del Centro Histórico de la capital lanzaron una guía de enoturismo urbano, que incluye la historia vitivinícola de la ciudad y agrupa a 23 bares, restaurantes y hoteles que integran al vino en su carta mediante degustaciones, catas y maridajes.
El alcalde de Santiago, Mario Desbordes (IND), al recordar que las primeras cepas de cabernet sauvignon se plantaron en la Quinta Normal, expresó su intención de volver a introducir estas plantas en ese lugar. También de posicionar a la comuna como un referente del enoturismo y un potencial nuevo motor económico.
La oferta, según el municipio, se sustenta en el interés que despierta el vino y la gastronomía en los turistas extranjeros. Según el estudio de la Subsecretaría de Turismo, Enoturismo Chile y la Universidad de Talca, la mayoría de los asistentes declaró gastar entre $10 mil y $40 mil en alimentación, mientras que un 62,2% señaló haber participado en estas experiencias en más de una oportunidad.
La Gúia de Etnoturismo Urbano puede encontrarse en formato digital en el sitio web santiagourbano.cl/enoturismourbano. La iniciativa cuenta con un mapa interactivo, accesible mediante código QR, que permite ubicar cada local, filtrar por tipo de experiencia y planificar un recorrido a pie por el casco histórico de la capital.