Después de presidir cinco meses una Cámara de Diputados fragmentada y polarizada, Jorge Alessandri ha llegado a una conclusión: lo que corroe al Congreso no es solo la falta de acuerdos, sino una lógica donde el golpe comunicacional rinde más que el argumento de fondo. Lo dice desde su oficina en la sede santiaguina del Parlamento, donde exhibe fotos junto a su mujer y sus tres hijos, una placa de conmemorativa por sus casi treinta años como voluntario de Bomberos y un retrato de su bisabuelo, Arturo Alessandri Palma, dos veces presidente de Chile.
Ese cuadro también explica su tradición política. Esa manera de ejercer la labor parlamentaria, afirma el gremialista, que hoy pasa por su peor momento.
—¿Ha cambiado su forma de ver la política al ser presidente de la testera?
“Es distinta la presidencia en varios aspectos. No solamente es ser diputado de tu distrito, también tienes que ser una persona que tiende puentes entre oposición y Gobierno, que ayuda a articular las relaciones entre ministros y parlamentarios, que está muy en contacto con el Senado para ir sacando los proyectos. Es una tarea de coordinación más amplia. Y eso me lo tomo muy en serio, tanto en el papel de representación de un poder del Estado como en el de articulado. Porque el proceso legislativo es lento y la gente quiere soluciones rápidas. Entonces todo lo que yo pueda hacer para articular una buena tramitación democrática y rápida es parte de mi pega, y le dedico mucho tiempo a eso”.
—Y en lo personal, más allá de su labor, ¿hay algo que haya cambiado?
“Solo reforcé lo que venía haciendo: siempre he sido un diputado que articula, que se sienta con el otro lado del Congreso, que tiene amigos en la izquierda y en la derecha, que cuando hay un problema entre dos parlamentarios los invita a un café para recomponer relaciones. Tengo esas mismas convicciones”.
—¿De dónde viene esa forma de hacer política?
“A mí me tocó trabajar en el segundo piso, en La Moneda, con el presidente Piñera en su primer gobierno, y de ahí me quedó una visión sistémica del Estado. Ahora, desde un poder del Estado diferente he aplicado lo que aprendí ahí y trato de que todo le resulte bien al presidente Kast, por supuesto, y también a este control democrático que hace el Parlamento”.
—Usted mencionaba la ecuanimidad. ¿No le ha costado el tironeo de los propios y los adversarios?
“Siempre cuesta. Cuesta mantener el orden en la sala, cuesta dividir los tiempos para los discursos. Es un Parlamento bastante fragmentado en la cantidad de partidos políticos y bastante empatado. Pero he notado en los jefes de bancada una actitud muy de colaboración. Y más allá de lo que muchas veces se ve en televisión, tras bambalinas hay un afán por cuidar el prestigio del Congreso”.
—Usted dice que hay un afán por cuidar el Congreso, pero lo que se puede apreciar son parlamentarios peleando en los pasillos o enfrentándose a gritos en la Sala. ¿Existe un problema estructural en cómo se está haciendo política hoy en día?
“Creo que el problema es de la sociedad, y no solo de Chile. La política está más polarizada. Esto de ocultarse detrás de las redes sociales o de comentar una noticia bajo una identidad simulada ha ido quitando espacio a la argumentación profunda. En cambio, se visibiliza más el golpe comunicacional. Eso por supuesto que rinde frutos electorales, o al menos en el nivel de conocimiento. Pero la polarización es un mal camino, y hay que detenerlo rápido”.
—Desde su lugar en la Presidencia de la Cámara, ¿ha intentado atajar la situación de alguna forma?
“Lo discutimos mucho en los comités parlamentarios. Estamos trabajando en algunos cambios en las normas de conducta. Tenemos comisión de ética, tenemos la facultad de sancionar y castigar, pero yo estoy promoviendo más bien conductas positivas, de decoro parlamentario dentro del hemiciclo y también afuera de él. Lo mismo en las comisiones”.
—¿A qué se refiere con promover las conductas positivas?
“A que hay que reconocer a los que se portan bien. Ojalá los medios de comunicación nos ayudaran a relevar a esos diputados modelo, y no solamente al diputado que se dedica al espectáculo y al insulto. Y ahí distingo a varios: desde Guillermo Ramírez, de la UDI; al diputado Leiva, del Partido Socialista. Me gustaría que ellos fueran los que se hacen conocidos, no el que insulta o grita. El Parlamento tiene que mostrar un decoro, una conducta más allá del estándar legal y más allá del estándar de costumbre, porque está representando al país”.
—¿Usted cree haber contribuido a esa polarización de la que hablamos?
“Seguramente alguna cuña uno podrá encontrar, pero mi forma de hacer política en general ha sido más bien de buscar acuerdos, de buscar consensos y defender con mucha fuerza lo que yo creo, pero nunca faltando el respeto al otro, y nunca usando el insulto como argumento”.
—¿El Gobierno ha aportado en la tarea de bajar los decibeles de la política? En su momento, el presidente Kast era reconocido como uno de los más duros a la hora de referirse a sus adversarios…
“Yo destaco las formas del presidente Kast. Tiene una manera de abordar sus alocuciones en público en que siempre llama a la calma o a poner la pelota al piso, y eso se va traspasando a la mayoría de sus ministros. Quizás el de Vivienda —Iván Poduje— sigue en un tono un poco más alto, por la crisis que le ha tocado enfrentar o por su estilo, pero al resto lo veo bastante en la otra línea. Porque al final las palabras traen palabras: si yo subo el volumen, me van a responder con más volumen, y eso es una bola de nieve que muchas veces no para y te desvía la atención de lo realmente importante, que es hacer crecer al país”.
—¿Usted cree que este Gobierno tiene la intención de escuchar? Hasta el momento no hemos visto grandes acuerdos.
“Por supuesto que sí. Lo he visto en el ministro Quiroz desde el día uno. Lo que pasa es que, en la ley de Reconstrucción, las propuestas que nos traían a la mesa los diputados de oposición eran ideas que ya se habían aplicado con Bachelet, que ya se habían aplicado con el presidente Boric, y que habían fracasado en el objetivo de hacer que Chile creciera más, y en que el fisco recaudara más. Entonces, cuando traen ideas que ya han fracasado dos veces en Chile, y muchas veces fuera de Chile, uno tiende a mirarla con distancia”.
—Pero se han hecho valer las mayorías o “pasar la máquina”, ¿o no es así?
“Aunque se quisiera, no se puede, porque no tenemos una clara mayoría en el Congreso. En la Cámara estamos a dos votos y en el Senado sólo un voto arriba. En el período anterior estábamos a doce, y ahora estamos a dos. Pero de todas formas eso te obliga a moderar las posiciones, a buscar los votos fuera y a convencer a diputados que están fuera del pacto oficialista. Si esto hubiera sido con dos tercios otro gallo cantaría. Para que las leyes duren en el tiempo y los cambios sean duraderos, siempre es importante conversar y buscar las mayorías, lo que no significa ceder en tus posiciones”.
—¿Le preocupa que al Partido Republicano le esté costando moderar ciertas posiciones que exhibía antes de ser Gobierno?
“Una cosa es estar en campaña y otra es gobernar. La UDI, mi partido, ha tenido experiencia de gobernar dos veces, y eso no significa renunciar a tus anhelos: tienes un programa de gobierno, un objetivo en seguridad, en crecimiento económico, y eso hay que llevarlo a cabo. Pero es distinto cuando estás al mando del país, porque tienes que conseguir votos, convencer a las personas y tener atracción social para esas ideas. Y yo he visto al presidente Kast muy en esa línea: avanzando, pero convenciendo antes”.
—Aun así, se ha visto al Partido Republicano y otros del oficialismo presionando al Gobierno.
“Por supuesto que los diputados tienen todo el derecho a presentar iniciativas, a pedir que el Gobierno vaya más rápido, a plantear sus sueños de sociedad como algo que debería ser instantáneo. Pero los gobiernos son distintos a los parlamentarios. Lo que sí me ha gustado mucho es que, en estos cinco meses, ningún diputado cercano al oficialismo ha dejado de votar por los proyectos del Ejecutivo. Una cosa son los anuncios, lo que se pide por la prensa, y otra los votos. Al final, al Gobierno de Kast no lo van a medir por la cantidad de ruido interno que tuvo, sino por la cantidad de leyes que aprobó y los votos que juntó en el Parlamento”.
Su futuro a la cabeza de la UDI
—En el horizonte está la renovación de la UDI, la que usted aspira a presidir. ¿Cómo ve el presente de su partido?
“Veo un partido muy vivo, con una estructura territorial muy sólida con alcaldes y concejales que han demostrado en el Gobierno de Kast ser leales, pero también experimentados, y que conocen las dificultades de gobernar. Además, hemos aportado con la experiencia del ministro Alvarado que hoy lidera el gabinete. Por eso veo un tremendo futuro en este partido, que promueve las ideas de la libertad, que cree en la seguridad como objetivo primordial del Estado, que cree en la familia, en el emprendimiento, y que además tiene la madurez y la experiencia para ser un aporte en el Gobierno”.
—¿En qué lugar del espectro político se posiciona la UDI ahora con la aparición de otros proyectos como Republicanos o Libertarios?
“La UDI es un partido de derecha que ha tenido la oportunidad, gracias a los votos de los chilenos, de participar de dos gobiernos, de liderar la Cámara de Diputados y el Senado varias veces. La UDI viene con ideas de derecha, con experiencia para gobernar y con la madurez de saber llevar esas ideas adelante para que se transformen en realidad”.
—¿Le gustaría que la UDI, bajo su mando, sea reconocida como el primus inter pares en la derecha?
“Más que esos calificativos, creo que nuestro partido es un gran aporte y tiene que seguir siéndolo. La UDI tiene que influir más, tiene que marcar pauta y atraer jóvenes talentosos para que se dediquen al servicio público. Esa va a ser una de mis banderas de lucha”.
—¿Le hace sentido el llamado de Longueira, cuando dice que quiere que la UDI vuelva a ser la UDI popular?
“La UDI tiene que volver a ser influyente. Chile ha cambiado en estos 40 años. Nosotros estamos llamados a defender a la gran clase media: esas familias que tienen por primera vez un hijo universitario, una casa propia, la posibilidad de emprender. La UDI tiene que estar detrás de cada uno de esos casos, apoyando también a los sectores más vulnerables, pero entendiendo que el Estado está al servicio de las personas. Chile no es el mismo de los años 80. Estamos mejor en muchas cosas. Tenemos todas las posibilidades para ser el primer país de Sudamérica en dar el salto y ser un país desarrollado y sin pobreza”.
—De todas formas, hay cierta discrepancia entre lo que dice usted y lo que propone Longueira: usted habla de un partido de futuro, con otros eslóganes y otras banderas, y Longueira habla mucho de volver a ser la UDI de antes.
“No existiría la UDI que estoy tomando si no hubiera habido un Longueira que construyó esos cimientos. La UDI está construida sobre roca y no sobre arena. Tiene una estructura territorial, tiene una historia en los sectores populares, y gracias a esa historia es capaz de tomar esa posta y seguir adelante, proyectarse como partido y proyectar a Chile con nuestras ideas, para que seamos el primer país de Sudamérica en llegar a ser desarrollados y sin pobreza”.
—¿Entonces la candidatura de Longueira a la secretaría general es un reconocimiento a su carrera?
“En gran parte, es un reconocimiento a su carrera, y también a todo lo que puede seguir entregando al partido, al sector y al país”.
—En la actual directiva, que fue la que impulsó su candidatura, hay quienes comentan que a usted lo eligieron para competir con Longueira, no para pactar con él. ¿Cómo maneja esa sensación dentro de la UDI?
“Son cientos los mensajes que hemos recibido los dos, de que la unidad le hace bien a la UDI, de que la unidad le hace bien al proyecto del presidente Kast, y de que la unidad le hace bien a un proyecto de derecha para lograr el objetivo de gobernar por dos o tres periodos y sacar una mayoría importante en el Parlamento. El resto es música”.
—¿O sea que no hay una incomodidad real con el nombre de Longueira?
“Hay mucha incomodidad con mi nombre, quizás; hay mucha incomodidad con el nombre de Guillermo Ramírez; otros tendrán incomodidad con el nombre de Macaya. En fin. Lo importante es tener metas claras, tener el apoyo del partido y poder avanzar. Chile no se merece estar estancado otra década”.
—¿No le preocupa que este ruido interno de paso a otra lista?
“Pero si esto a lo que yo me dedico se llama democracia. Todos los días hay competencia por la presidencia de la Cámara, por la presidencia de los partidos, y todos los días hay competencia por la diputación del Distrito 10, que hoy represento. Es parte de las reglas del juego. ¡Viva la competencia!”.
—Usted dijo hace un tiempo que se sentía que por primera vez en 30 años las ideas de la derecha había ganado, ¿cómo se proyecta eso más allá de este Gobierno?
“Se logra cuando las ideas que apruebas en el Parlamento se transforman en cambios sustanciales para la vida de las personas. Y si eso ocurre, esas ideas se van a perpetuar en el siguiente período presidencial, y la gente las va a ir percibiendo como propias”.
—¿Qué debería hacer distinto este Gobierno de lo que hizo el presidente Piñera en su momento, que no logró que lo sucediera alguien de su sector?
“La llave para eso la tiene el presidente Kast, y principalmente pasa por volver a conformar la mayoría con la que rechazamos el primer proyecto constitucional, el 4 de septiembre de 2022: lograr un abanico político desde el Partido Libertario hasta Demócratas y sectores independientes. Podemos no estar de acuerdo en todo dentro de ese abanico, pero sí en pilares fundamentales, como el crecimiento económico, la seguridad, la libertad de las personas para emprender o desarrollar su proyecto de vida. Si ese abanico se conforma en las listas de alcaldes y gobernadores, y en las listas parlamentarias, el presidente Kast va a haber abierto la llave a los años más prósperos de Chile en su historia. ¿Es fácil? Por supuesto que no. ¿Tiene que llamarse coalición? No necesariamente. Sí tiene que haber un pacto político, un acuerdo de mínimos comunes, un gran movimiento político que permita sentar los cimientos para los años más prósperos de la historia republicana de Chile”.
—Me imagino que ese pacto debería partir, por ejemplo, por dejar de llamar “derecha cobarde” a la gente de Chile Vamos.
“Todas esas frases de campaña tienen que guardarse en el cajón donde se guardan los letreros de campaña; uno entiende que en períodos de campaña la discusión se torna más virulenta. Hasta ahora, lo que yo he visto en los ministros y en los parlamentarios de Chile Vamos es mucha valentía”.
—¿Usted diría que Chile Vamos todavía existe?
“Yo creo que sí. Los partidos —Renovación Nacional, la UDI, Evópoli— todavía nos articulamos, todavía tenemos no solamente la capacidad de atraer nuevos talentos, sino de poner a disposición a los más experimentados. Todo lo que sume a esta mayoría del 62%, todo lo que sea capaz de convocar para construir un Chile más próspero, va a ser bienvenido”.
—Está en su tercer período, ¿Ha pensado en lo que viene después? ¿El Senado? ¿La Moneda?
“Han sido años duros, en la UDI y en la política. Partí como concejal en 2008, luego en La Moneda con el presidente Piñera, y luego en el Parlamento. Pero también ha sido un período muy gratificante, aunque tiene un alto costo familiar. Las cosas que se han logrado para Chile han sido muy importantes. Me veo en política por un tiempo más. No sé dónde voy a servir, pero mi mejor energía, mis mejores años y mis mejores esfuerzos van a seguir destinados a servir a Chile”.
—De todas maneras, usted tiene un apellido con bastante tradición política: dos Alessandri fueron presidentes. ¿No lo seduce que un Alessandri vuelva a estar en la presidencia?
“Por ahora, feliz como presidente de la Cámara; el próximo año, feliz como presidente de la UDI, y entregándolo todo. Cuando uno entrega al 110% y se esfuerza mucho, lo que hagas al final te produce una gran satisfacción, y las satisfacciones más grandes que he tenido en mi vida laboral han sido dedicándome al servicio público”.