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La mexicana que enseñó a los chilenos a hacer altares de muertos: “Me han contado cómo esta tradición les da una esperanza”

La mexicana que difunde el Día de Muertos en el país destaca el interés de los chilenos y relata a EL DÍNAMO las diferencias que ha percibido. “Hay una resistencia a hablar de la muerte, por pensar que a lo mejor se atrae a la tragedia”, cuenta.

Anabella Picazzo, mexicana de 31 años, llegó en marzo de este año a Chile y desde entonces se ha dedicado a documentar su proceso de adaptación al país y a acercar su cultura a los chilenos interesados en aprender de ella, especialmente en lo relacionado a la gastronomía.

Conocida en redes sociales como Jarochita en Chile, durante estas fechas comenzó a recibir varias consultas sobre qué elementos se podrían incorporar a un altar de muertos, un espacio que en México se instala a esta altura del año en hogares o sitios públicos para honrar las almas de los seres queridos que fallecieron.

Así, por ejemplo, dio recomendaciones de dónde encontrar las ofrendas, alimentos y artesanías de México que suelen ponerse en el altar. “Tradicionalmente el altar de muertos, debe tener siete niveles ya que representa todo lo que representa un alma para llegar al descanso eterno, pero no se preocupen porque en versiones más modernas la gente lo hace en una mesa, en dos niveles, o donde le acomode”, dijo en uno de sus videos.

La licenciada en Mercadotecnia y Publicidad detalla a EL DÍNAMO cómo los chilenos han recibido e incorporado estas tradiciones y las diferencias entre ambas culturas en la forma de abordar la muerte. “Me ha tocado mucho chileno cauteloso, respetuoso de no faltar al respeto a la tradición mexicana”, destaca.

— ¿Cómo has percibido la recepción de las tradiciones del Día de Muertos mexicano acá en Chile?

Claro, mira, te platico. Creo que desde que salió la película Coco fue como poner en bandeja de plata la tradición del Día de Muertos en todo el mundo, ¿no? Ya se sabía, había salido en algunas películas y tal, pero esa película fue lo que potenció todo este movimiento que ahora a mí me está tocando ver de este lado del mundo.

Lo que yo he percibido es que el chileno, al menos en mi experiencia, ha estado muy interesado en aprender y en hacerlo lo más mexicano, tradicional y fiel posible. Mucha gente me dijo: «¡Ay, qué bueno! Yo pensé que como era chileno no podía hacerlo, que era faltar al respeto». Entonces, me ha tocado mucho chileno cauteloso, respetuoso de no faltar al respeto a la tradición mexicana y con ganas de querer hacerlo, pero lo más fiel posible a lo que es nuestra cultura.

— ¿Fue a partir las consultas, de ese interés de los chilenos, que surgió la serie de videos?

No, la serie de videos nació porque este es mi primer año en Chile. Yo llegué en marzo a este país y es mi primer Día de Muertos aquí. Entonces, yo me planteé la pregunta: ¿cómo lo voy a hacer si estoy tan lejos? ¿Cómo voy a buscar las flores si aquí no se cultivan y todo?

Entonces dije: «¿Sabes qué? Voy a empezar a documentar mi proceso personal haciéndolo». Y mucha gente fue como que: «¡Guau! Entonces, ¿sí se puede hacer aquí también? ¿Cómo lo podemos hacer?».

Y yo respondía: «Ah, mira, el papel picado lo puedes conseguir aquí; las flores de cempasúchil no hay, pero puedes usar tagete o clavelones…». Ha sido, de hecho, algo muy bonito porque me han contado sus historias personales, cómo han perdido a sus familiares y cómo esta tradición les da una esperanza de volverse a encontrar en algún momento.

— En tu país, ¿esta festividad es comparable, por ejemplo, al apego que se tiene por la Navidad en otros lugares o acá a las Fiestas Patrias?

Sí, allá se celebra mucho el Día de Muertos. En Chile está el 18, que es el orgullo nacional; en México, el Día de Muertos es parte de nuestra cultura desde que somos niños. Yo aprendí a hacer altares de muertos desde los 9 años, porque en la escuela te lo enseñan. Digo, no sé cómo sean los planes educativos actualmente, pero es algo que tenemos inculcado desde la infancia.

Yo soy de Veracruz, que es centro sur de México, y ahí se festeja mucho. De hecho, en Ciudad de México, ahorita ya en la actualidad hacen unos desfiles hermosos; rompieron el récord Guinness de la catrina más grande del mundo. Es parte ya de nuestra identidad.

Es, creo que, una de las fechas más bonitas también para visitar nuestro país, porque todo se pinta de colores recibiendo a esta festividad.

— Además del altar, ¿notaste interés por otras tradiciones del Día de Muertos o te hicieron más consultas al respecto?

Sí, mucha gente me consultó acerca del papel picado, que es tan característico. Es una artesanía mexicana, pero hecha en papel, lo cual es raro; normalmente las artesanías son de cerámica, de barro, etc., pero esta es hecha en papel y es muy característica del Día de Muertos por los colores y las figuras. Me preguntaban dónde conseguirlos.

Y también sobre el pan de muertos: ¿dónde comprar un pan de muertos que supiera como en México? Esto me dio la oportunidad de apoyar a emprendedoras mexicanas que traen las esencias para hacer el pan de muertos desde México para que quede lo más igual posible, y también el papel picado para poderlo poner aquí a disposición de quien lo necesite.

También fue muy bonito el poder dar foco un poco a las emprendedoras mexicanas que intentan traer todo desde México y que todo sea muy tradicional.

— Observé que publicaste un resumen de los comentarios que te hicieron algunas personas religiosas de Chile que vinculaban las tradiciones mexicanas con lo diabólico. ¿En México ocurre lo mismo o la celebración se vive de manera más generalizada?

Sí, también pasa. Normalmente los que no creen en el Día de Muertos son las personas cristianas, porque argumentan que se celebra la muerte. Pero eso pasa en México y pasa aquí.

A lo mejor en México lo tenemos más normalizado porque el cristiano ya lo ve cotidianamente y dice: «Ustedes coman pan de muertos, yo no voy a comer porque no creo en eso».

Aquí fue un poco más revolucionado, porque no es una tradición de acá, sumado a su creencia religiosa, que es muy respetable.

— Ahondando en ese aspecto, ¿cómo percibes la relación de los chilenos con la muerte? ¿Encuentras similitudes con México o qué diferencias has notado durante estos meses?

Fíjate que en México crecemos con la cultura de la muerte, como te decía. Al menos en mi núcleo familiar es muy común. Frases como «cuando yo me muera» o «si me muero» son cotidianas; es muy común hablar de la muerte porque es parte de la vida. Así crecemos nosotros.

Aquí, si yo hablo con un chileno y digo: «Es que cuando yo me muera…», me responden: «No, no llames a la desgracia». Es como si tuvieran una barrera o una pared para hablar de la muerte, como si fuera hablar de mala suerte o de algo negativo, lo que también es respetable. Hay una resistencia a hablar de la muerte por pensar que a lo mejor es atraer a la tragedia.

—Da la impresión de que sus tradiciones intentan reencontrarse con el difunto cada cierto tiempo, otra forma de duelo.

Así es, es algo muy catártico. Da pie a tener esas conversaciones de: «¿Te acuerdas de que a mi tío le encantaba el pastel de chocolate? Hay que comprarle su pastel para ponérselo en su altar, ¿no?». Da pie a sanar.

Y como yo les decía en algún momento a las personas que me siguen: «¿Saben qué? Recuerden desde un recuerdo feliz, no desde el dolor». Cuando ustedes estén listos, pongan su altar. Porque se tiene que esperar un año para poner a una persona en el altar, es lo que marca la tradición. Pero si ustedes no están listos, no lo hagan, porque hay que recordarlo desde un lugar bonito. Si alguien viene a visitarte te quiere encontrar feliz, que lo recuerdes feliz, como a él le gustaba verte, no desde un lado triste o poniéndote a llorar en su altar; no es la idea.

La idea es recordarles de una manera bonita. Es muy sanador y muy catártico hacer un altar de muertos, realmente.

— ¿Consideras que esa perspectiva es el factor central al momento de armar un altar de muertos?

Sí, hay que recordar desde un lugar bonito. Es un momento de celebrar la vida de los que ya no están, el tener la esperanza de que ellos no se han ido y de que siempre nos vamos a reencontrar; que la muerte no es el paso final, sino solamente trascender a otro plano. Ellos siempre están con nosotros y es algo que da mucha esperanza.

También quisiera agregar que esta tradición viene desde los mexicas, no es una tradición católica. Ya cuando llegan los españoles se transforma un poco y es lo que tenemos actualmente, pero sí quisiera comentar que tiene un origen prehispánico.

— ¿Qué piensan tus compatriotas de la divulgación de sus tradiciones que estás haciendo?

Fíjate que muchos mexicanos se sienten un poco celosos de compartir esta tradición con el mundo. También he recibido críticas por parte de compatriotas que me dicen: «¿Por qué expones nuestra tradición?». Porque yo he intentado ir educando a la gente, mostrando: «Esto significa esto, y son siete escalones porque significa tal cosa». Entonces muchos mexicanos me han dicho que no diga eso en redes sociales, que es nuestra tradición.

Pero yo creo que ya Coco puso, como te decía, en bandeja de plata la tradición para quien la quiera hacer. Entonces, personas como yo lo que estamos haciendo es decir: si lo quieres hacer, eres bienvenido; tú también tienes derecho a celebrar a tus muertos, pero te voy a enseñar qué significa cada cosa, por qué se pone esto.

Es una parte de compartir nuestra tradición, porque en este punto del Internet ya no puedes hacer que alguien no lo vaya a hacer. Pero lo que queremos los mexicanos es que no se convierta en un Halloween más, que se sepa el origen de esta tradición que es México, que se sepa qué significa cada elemento y que lo puedan hacer, pero con el respeto y el conocimiento.

Es por eso que he hecho esta serie de videos platicando cada cosa, qué significa y por qué se ponen en el altar. La gente me lo ha agradecido: «Uy, qué bueno, porque yo lo quiero hacer pero no quiero faltar al respeto ni nada». Eso es lo que me ha gustado de compartir esta experiencia.

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