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Cuando faltan cuatro meses: cómo están los equipos sudamericanos para el Mundial 2026

Un repaso al presente futbolístico de la región muestra proyectos consolidados, apuestas tácticas definidas y estilos bien marcados, en un escenario donde cada selección llega con fortalezas claras y desafíos propios de cara a la cita planetaria.

Con el aumento de cupos definidos por la FIFA, Sudamérica atravesó una eliminatoria distinta a lo habitual: las selecciones históricas reafirmaron su jerarquía, mientras nuevas fuerzas comenzaron a ganar protagonismo y a mover el tablero del fútbol regional.

El resultado es un escenario que anticipa una presencia sudamericana en el Mundial marcada por el cruce entre la experiencia de los campeones y la ambición de equipos que regresan a la élite tras décadas fuera de ella.

Sin embargo, para el hincha nacional, este cierre de ciclo viene acompañado de una mezcla de nostalgia y aprendizaje. Mientras las selecciones vecinas afinan los últimos detalles para la cita en Canadá, Estados Unidos y México, los fanáticos chilenos vuelven la mirada a las estadísticas y al análisis previo del torneo.

En ese seguimiento, las apuestas deportivas también ganan espacio como una forma de mantenerse conectados con el Mundial, a través de plataformas como Betsala Chile.

Entender dónde estamos parados frente al resto de la región no es solo un ejercicio de autocrítica, sino un punto de partida indispensable para proyectar el recambio que la selección necesita con urgencia.

Desde ahí, revisamos el presente y las proyecciones de las selecciones que llevarán la bandera de la CONMEBOL al escenario más grande del fútbol mundial.

Argentina: El campeón que no pierde el hambre

La selección argentina dirigida por Lionel Scaloni cerró un proceso clasificatorio prácticamente impecable. Con una base sólida y un funcionamiento colectivo que no depende de manera exclusiva de sus figuras, la albiceleste proyecta su llegada con identidad clara y consolidada.

La combinación entre la experiencia que encabeza Lionel Messi, quien podría disputar el torneo con 39 años, y la energía de una generación joven representada por Julián Álvarez y Alexis Mac Allister, la instala naturalmente como el rival a vencer. Más allá de los nombres, su principal fortaleza sigue siendo la gestión emocional del grupo y una solidez defensiva que le permitió atravesar las eliminatorias sin mayores sobresaltos.

Brasil: en busca de la identidad perdida

Por su parte, la Selección de Brasil ha atravesado un proceso de transición más complejo. Pese a contar con el talento generacional de Vinícius Júnior y Rodrygo, el equipo ha evidenciado desajustes en su estructura defensiva y pasajes de irregularidad en el mediocampo. Aun así, Brasil sigue siendo la mayor cantera de talento del planeta y su apuesta de cara al Mundial pasa por recuperar la verticalidad sin perder equilibrio. Si consigue consolidar un sistema táctico consistente antes del inicio del torneo, su poder ofensivo volverá a ser —como siempre— una amenaza para cualquier rival, incluso los europeos

Ecuador: el muro del Pacífico

La Selección de Ecuador proyecta su llegada a 2026 con una de las defensas más sólidas del panorama internacional. Liderados por futbolistas ya consolidados en la élite europea, como Piero Hincapié y Willian Pacho, los ecuatorianos han construido un equipo extremadamente difícil de vulnerar. Su propuesta se apoya en transiciones físicas de alta intensidad y una fortaleza aérea que suele marcar diferencias. En Norteamérica, donde el clima y las largas distancias jugarán un rol determinante, esa potencia física posiciona a Ecuador como una selección con reales opciones de avanzar, por primera vez, a instancias decisivas del torneo.

Colombia: talento puro y equilibrio estratégico

Bajo la conducción de Néstor Lorenzo, la Selección de Colombia ha recuperado tanto la alegría como la eficacia. El equipo cafetero logró combinar la creatividad de futbolistas como Luis Díaz con un orden táctico que durante años fue esquivo. Su rendimiento en las eliminatorias resultó sólido y sostenido, con triunfos clave que lo mantuvieron en la zona alta de la tabla a lo largo de todo el proceso. Colombia no solo asegura su clasificación, sino que llega al Mundial con una idea de juego clara, basada en la posesión y en un ataque constante por las bandas.

Uruguay: la revolución de la intensidad

Bajo la conducción de Marcelo Bielsa, la Selección de Uruguay dejó atrás su histórico perfil reactivo para transformarse en un equipo de presión alta y transiciones frenéticas. La Celeste consiguió lo que parecía improbable: cerrar con naturalidad el ciclo de sus grandes referentes y dar paso a una nueva generación encabezada por Federico Valverde y Darwin Núñez, un bloque intenso que corre, presiona y asfixia durante los 90 minutos. Su clasificación sin sobresaltos es consecuencia directa de un sistema que no transa el esfuerzo y que proyecta a Uruguay rumbo a 2026 como ese rival incómodo que ningún europeo quiere cruzarse.

Paraguay: el retorno de la Albirroja de hierro

La Selección de Paraguay optó por volver a sus raíces. Tras años intentando un fútbol de posesión que no terminó de consolidarse, el equipo guaraní recuperó su mística defensiva y la eficacia en el balón aéreo. Ese regreso al orden lo convirtió en uno de los rivales más incómodos de las eliminatorias, capaz de sumar puntos clave a partir de un bloque bajo difícil de penetrar y una intensidad física constante. Su retorno al Mundial se explica como un triunfo del rigor táctico y de esa garra histórica que le permite competir incluso frente a selecciones con planteles mucho más costosos.

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