Por segundo año consecutivo, London Spirits Competition entregó a un pisco chileno la distinción “Mejor Pisco del Año” a nivel mundial . Adicionalmente, el mismo concurso lo situó en el primer puesto en la escala nacional al otorgarle el premio “Mejor Espirituoso de Chile”. El laureado brebaje fue el Bou Legado Especial 35°, guardado en roble. Otra edición de la misma marca, Bou Legado Reservado 40°Blanco Original, fue galardonada con medalla de oro, con una puntuación de 93 de un máximo de 100.
El prestigioso concurso, que roza los 10 años de antigüedad, premia a los destilados de todo el mundo sopesando tres principios clave: su calidad -es decir, su apariencia, aroma, cuerpo, sabor y regusto-, la relación calidad-precio y otros aspectos de la presentación, como la calidad y diseño de la etiqueta y la facilidad del vertido.
En total, 43 jueces fueron los elegidos para, entre el 24 y 25 de marzo, probar bebidas espirituosas de todo el mundo. El término “espirituoso”, un poco menos usual que el de “destilado” en Chile, tiene su origen en la palabra spiritus (aliento o esencia en latín) y hace referencia al proceso mismo por el que se obtiene el licor. Según recoge una empresa del rubro, Excellent Cork, los alquimistas creían que la destilación liberaba el “espíritu” del vino.

Añejado en roble francés
Según señalan desde Bou Legado, la edición premiada es elaborada en su totalidad con uva Moscatel, no se combina con otras variedades. La uva Moscatel es reconocida por su aroma intenso y dulce y es una de las más utilizadas en la producción de pisco chileno.
A diferencia de su símil peruano, el pisco chileno se puede envejecer en barricas. Para Fernando Bou, dueño y fundador de Bou Legado, es indispensable que este proceso se haga en barricas de roble francés. “Es el estándar de oro a nivel mundial. Es valorado por su capacidad de dar elegancia, estructura y complejidad sutil a destilados nobles “, detalla Bou en diálogo con EL DÍNAMO.
“A diferencia del roble americano, que aporta notas muy intensas, dulces y cremosas (propias del bourbon o el whiskey), yo busco la fineza. El roble americano opacaría los aromas primarios de la uva Moscatel que tanto nos esforzamos en proteger. El raulí (roble nativo de Chile y Argentina), aunque es parte de nuestra tradición, es una madera más rústica y de alta porosidad. Esto impide una guarda prolongada, que es lo que buscamos. Un proceso de maduración lento y controlado que solo la densidad del roble francés permite“, relata.
Al ser consultado sobre qué otros aspectos hicieron destacar al ahora “Pisco del Año”, el empresario rememora el legado que le dejó su familia, de larga tradición pisquera en el siglo pasado y que inspiró la creación de su propia marca en 2017, tras la muerte de su padre, el dueño de Bou Barroeta. “La excelencia se logra en los detalles del manejo en bodega, desde una fermentación controlada y una destilación precisa, hasta una guarda prolongada que permite la maduración perfecta de nuestro pisco. El pisco es un producto vivo que refleja nuestra historia. Mis padres me enseñaron que el éxito está en el cuidado de los detalles, desde la planta hasta la copa“, responde.

La sequía y el mercado internacional en la mira
—¿Tiene algún mercado extranjero en específico en la mira?
Tengo varios mercados en mente, pero si tuviera que elegir uno ahora, sería el europeo. Me apasiona su cultura en torno a los destilados y el nivel de exigencia de sus consumidores, quienes valoran profundamente los productos donde lo artesanal se encuentra con la alta calidad. Además, Europa es la cuna de algunos de los mejores espirituosos del mundo; llevar nuestro pisco allá es el desafío natural para un producto que, como el nuestro, se añeja con la nobleza del roble francés
—Usted dijo en otras entrevistas que la sequía es una “amenaza constante y latente” para su rubro. ¿Está siguiendo alguna línea de acción para hacer frente a esta amenaza, por ejemplo, optimizando de alguna manera el consumo de agua?
Sin duda. En la zona pisquera (D.O.), el agua siempre ha sido un recurso escaso que nos obliga a una gestión diaria sumamente rigurosa. En nuestro caso, abordamos esta realidad desde dos frentes: primero, en el campo, mediante la implementación de riego tecnificado para asegurar que cada gota llegue a la planta de forma eficiente. Segundo, en la planta de procesos, donde apostamos por la reutilización del agua en etapas clave de la producción. Entendemos que la sostenibilidad no es una opción, sino la única forma de proyectar nuestra industria hacia el futuro
—Usted también ha dicho que uno de sus principales objetivos es demostrar que el pisco es chileno ¿de qué manera trabaja para cumplir ese objetivo, hay algo más formal, una veta histórica por explorar?
Premios internacionales como estos son la prueba tangible ante el mundo de que en Chile existe un destilado de nivel mundial. En cada escenario donde nos presentamos, defendemos con orgullo los más de trescientos años de historia que respaldan al pisco en chile. Sé que no es una tarea sencilla, pero estoy convencido de que la defensa de lo nuestro empieza por casa: primero nosotros, los chilenos, debemos valorar y proteger nuestra identidad. Mi trabajo es que cada botella de Bou Legado sea un embajador de esa historia y de la excelencia de nuestra tierra.