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Cuestión de seducción

La carrera presidencial 2025 va a resultar una confrontación de imágenes y los candidatos saben que se exponen con su propia marca. Todo simbólico.

El 25 de febrero pasado es posible que se recuerde en el corto plazo como “el día en que apagaron la luz”, y lo que podría ser un hecho de rabia, indignación e impotencia frente a la calidad de un servicio público, será seguramente un nuevo input para que los políticos en carrera a La Moneda, agreguen a su oferta de planes la definición de medidas para controlar el accionar de estas empresas que prestan servicios públicos esenciales. Nada nuevo para creer, solo algo más para prometer gestión eficiente. 

Zona de promesas para el discurso electoral…

En esta etapa de transición a la campaña, las encuestas y percepciones colectivas dan como clara favorita a Evelyn Matthei, demostrando que ninguna sociedad insatisfecha escapa del péndulo que significa la reversión democrática, pero la irrupción de Michelle Bachelet podría mover el tablero y cambiar la tendencia de la contienda electoral.

La posible participación de Bachelet en la carrera presidencial va a generar, más allá del lógico enfrentamiento ideológico, una interesante prueba de la capacidad comunicacional entre los candidatos.

Y sabemos que la política, como la estrategia, es comunicación.

Y en este punto hay que que analizar lo que cada una de las mujeres más representativas de la política chilena, suponen interpretar lo que el ciudadano espera, aunque todos sabemos que en la mayoría de los casos ni siquiera el propio ciudadano, confundido y distraído por el bombardeo de mentiras verdaderas, sabe lo que espera.

Siguiendo lo que las encuestas plantean como necesidades a afrontar por el próximo gobierno (seguridad, crecimiento económico, etc.), la prolijidad administrativa de Matthei la lleva a proponer un discurso en forma de plan y de medidas supuestamente efectivas para resolver esos problemas.
Matthei, es administración.

Pero todos sabemos que el arte de la política es también crear carencias que ni siquiera la ciudadanía sabe que las tiene. Y allí está la magia del relato político. Desde ese lugar y tal como lo ha hecho siempre, Bachelet construirá su maniobra.

Sin plan y sin una oferta de medidas, ella es un relato en sí misma. En su primer gobierno fue la mamá necesaria para proteger, en el segundo la abuela nucleadora. Simbología pura.

Bachelet no es administración, es política.

¿Podrá un plan y un conjunto de medidas hacer frente a la seducción política? Sabemos que gobernar no es administrar, es un estadio superior en el que se trabajan los conflictos y no los problemas. Y se pueden sacar a la luz conflictos de fondo cuya resolución disuelven los problemas.

Hablar de convivencia democrática, de equidad ante la ley, de evitar la corrupción, son los puntos que hacen al valor superior que es la paz social, sin la cual no hay solución a los problemas que emergen a la superficie.

La imagen, el posicionamiento y la cualidad política generan el relato emotivo y conciliador del que debe hacerse cargo quien quiera gobernar, más allá de un plan y de un programa de promesas y de acciones que finalmente nadie lee ni recuerda. Porque son las emociones las que guían.

En toda campaña es determinante la coherencia comunicacional entre el mensaje y el mensajero. Desde allí se genera un acto de seducción que depende de un impulso estratégico que sintetice un discurso. Es un un eje conceptual con forma de propósito para encender una ilusión. Lo que viene después ya es realidad.

La carrera presidencial 2025 va a resultar una confrontación de imágenes y los candidatos saben que se exponen con su propia marca. Todo simbólico.

Va a estar interesante.

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