No vengo para arruinar lo que queda de vacaciones, sino todo lo contrario. La idea de que marzo está a la vuelta de la esquina ya nos empieza a generar un leve dolor de guata, al pensar en los gastos que se vienen. Y entonces agitamos la cabeza, esperando que la idea salte lejos; dejemos eso para después, es lo que uno se dice. Personalmente, opino que hacerles frente a esos pensamientos y comenzar a trazar un plan es la mejor manera de superar el dolor de guata. Y por eso traigo algunas recomendaciones.
Primero, no eres sólo tú. Marzo definitivamente es un mes difícil para las finanzas personales: el inicio del año escolar, el permiso de circulación, contribuciones y lo que nos dejaron las vacaciones, o incluso, las fiestas del fin del 2025, que pudimos haber pagado en “cómodas cuotas”. De hecho, según el GPS Ciudadano de Datavoz de marzo del año pasado, no poder cubrir completamente los gastos es una inquietud de 7 de cada 10 personas encuestadas. Para ellos, justamente la patente, la educación y contribuciones son las principales preocupaciones. El mismo estudio revela que el 48,6% planeaba usar tarjetas de crédito o crédito de consumo. Sólo un 25,4% usaría ahorros y fondos propios. Así que, teniendo en cuenta este contexto, dejemos la culpa de lado.
Y precisamente, me quiero enfocar en el uso de tarjetas de crédito. Porque sé que para una gran mayoría, las “cómodas cuotas” son una oportunidad para no asfixiar el bolsillo, sobre todo bajo la promesa de respetar el precio contado. Pero hay que estar atento y saber qué significa.
Vamos a desglosar. Las tres cuotas permiten pagar el producto o servicio “X”, dividiendo su precio en tres partes iguales, programando una para cada uno de los tres meses siguientes. Precio contado es una promesa de que la suma de esas tres cuotas no sobrepasará el valor que tiene “X” en ese momento; es decir, no debieran sumarse ni tasa de interés ni Carga Anual Equivalente (CAE). Pero siempre hay al menos un pero. Esto tiene matices.
El primer riesgo de que esa cuota suba es que no la pagues en la fecha pactada. En ese caso, se activarán intereses rotativos, por mora, por cobranza. Y entonces, esa cuota de “X” ya hará que el valor total que pagues sea mayor que el precio contado. Por lo tanto, hay una parte de la responsabilidad de mantener ese precio contado que recae en ti: pagar las cuotas en los plazos previstos por la institución financiera.
Pero además de esto, hay otros detalles. Y esto dependerá de cada contrato, de cada tarjeta, por lo que tienes que estar al tanto de qué firmaste al recibir ese plástico. Hay tarjetas que cobran comisiones mensuales, anuales o por uso, y hay algunas que incluyen seguros (cesantía, desgravamen, fraude, etcétera). Hay que ver si el comercio o la institución financiera absorbe estos costos, o si lo harás tú.
Pero a mi juicio, lo que menos vemos con las tres cuotas precio contado es el impacto en nuestro flujo mensual y nivel de endeudamiento. Porque los tres pagos nos alivian marzo, pero no abril, mayo y junio, y menos aún si usamos este sistema para enfrentar todos los gastos. En ese caso, tendremos una suma de tres cuotas precio contado que nos asfixiará el bolsillo los próximos meses. Por eso, si tiene interés no es la única pregunta que debo hacerme al tomar la decisión. La más importante es si puedo absorber esta deuda sin tensionar demasiado mi bolsillo los próximos meses.
Las tres cuotas precio contado son un vicio que empieza con las vacaciones, luego con el pago permiso circulación y los gastos de colegio, después con las vacaciones de invierno, más tarde con las fiestas de septiembre y de diciembre. Pueden transformarse en un círculo vicioso que si no salimos de ahí, en plan de ir haciendo esfuerzos de fin al consumismo innecesario, es eterno. Y sí, es difícil no caer en tentaciones… créeme que yo también caigo en más de una ocasión… pero si las cuotas nos preocupan, hay que enfrentarlo.
Las tres cuotas precio contado pueden ser una ayuda. Pero hay que planificar. ¿Qué pago con este sistema? ¿Qué pago con mi flujo de caja del mes? Las finanzas personales son un trabajo activo, de todos los días. Ahuyentar las preguntas de cómo enfrentar marzo sólo traen más incertidumbre. La verdadera solución es programarse. Y no, no es fácil, ni de un día para otro. Pero hay que trabajar en eso, hay que ponerse metas. Decir “después veo” es una alerta, no una solución.