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Empresas longevas, pero enfermas

Hoy vemos organizaciones que logran sobrevivir por años, incluso décadas, pero eso no significa que estén sanas. Muchas operan con culturas rígidas, baja capacidad de adaptación y una innovación que aparece solo cuando la crisis ya es evidente. Empresas longevas y enfermas.

Estamos obsesionados con vivir más, pero no necesariamente con vivir mejor. La incómoda tesis del médico Peter Attia en Outlive plantea que, extender la vida, no sirve si no extendemos la calidad de ella. Podemos llegar a los 90… pero enfermos, dependientes y con baja funcionalidad.

Algo muy similar está ocurriendo con las empresas. Hoy vemos organizaciones que logran sobrevivir por años, incluso décadas, pero eso no significa que estén sanas. Muchas operan con culturas rígidas, baja capacidad de adaptación y una innovación que aparece solo cuando la crisis ya es evidente. Empresas longevas y enfermas.

El problema es que seguimos gestionándolas como el antiguo modelo de salud: de forma reactiva. Se interviene cuando la “enfermedad” ya está avanzada, cuando cae la productividad, cuando aparece un competidor, cuando el negocio deja de crecer. En ese punto, innovar ya no es estrategia, es una urgencia.

Y casi siempre, es tarde.

En países como Japón, donde la longevidad es una realidad instalada, las organizaciones han tenido que adaptarse, rediseñando roles, integrando talento senior y apostando por el aprendizaje continuo. No por convicción, sino por supervivencia. En Singapur, el reskilling dejó de ser un beneficio y ya pasó a ser, básicamente, infraestructura.

La señal es clara y apunta a que la longevidad es un tema de productividad. En Chile, sin embargo, seguimos mirando este fenómeno como un problema previsional, no como una transformación estructural. Extendemos la vida, pero no rediseñamos el trabajo. Alargamos la trayectoria, pero no fortalecemos las capacidades.

Es exactamente el riesgo que advierte Attia: más años no garantizan mejor vida. Más años tampoco garantizan mejores empresas. Si no cambiamos la lógica, si no pasamos de reaccionar a prevenir, vamos a seguir acumulando organizaciones que existen, pero que no compiten. Que operan, pero no evolucionan.

Porque en la era de la longevidad, el verdadero riesgo no es desaparecer, es volverse irrelevante lentamente.

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Empresas longevas, pero enfermas

Hoy vemos organizaciones que logran sobrevivir por años, incluso décadas, pero eso no significa que estén sanas. Muchas operan con culturas rígidas, baja capacidad de adaptación y una innovación que aparece solo cuando la crisis ya es evidente. Empresas longevas y enfermas.

Foto del Columnista Camila Mohr Camila Mohr