Mientras países como Estonia digitalizaron sus servicios públicos en menos de 15 años, Chile sigue avanzando lentamente en la modernización del Estado. El problema ya no es la falta de tecnología ni de diagnósticos. Es la dificultad para adoptar una lógica de innovación que permita acelerar los cambios.
Casos como ChileAtiende, ClaveÚnica o la digitalización del Registro Civil demuestran que el Estado chileno sí puede evolucionar cuando existe visión y decisión. La pregunta ya no es qué hacer, sino cómo hacerlo más rápido y con mayor impacto.
La experiencia internacional muestra que las transformaciones más significativas ocurren cuando el sector público colabora activamente con empresas, startups, universidades y centros de investigación. La innovación rara vez surge desde una sola institución, nace en los ecosistemas.
Chile ha reconocido la importancia de esta colaboración, pero aún predominan modelos de ejecución internos y fragmentados. En un mundo donde la inteligencia artificial y las tecnologías digitales avanzan a gran velocidad, modernizar el Estado exige no solo digitalizar procesos, sino también transformar la forma en que se diseñan y ejecutan las soluciones.
La modernización del Estado no es un desafío tecnológico, es un desafío de liderazgo, colaboración y capacidad de innovar. Y, mientras más tiempo tardemos en entenderlo, más lejos estaremos de construir un Estado a la altura de las necesidades de las personas y de los desafíos del país.