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En medio de la discusión por el alto costo de la gratuidad en la educación superior, parlamentarios han puesto sobre la mesa la idea de acortar las carreras universitarias. En este marco, la bancada de la UDI solicitó al Ministerio de Educación (Mineduc) crear una comisión asesora para evaluar esta medida.

“Hoy en Chile las carreras universitarias son excesivamente largas y costosas, lo que impacta directamente en las familias y en el gasto público. Además, cuando uno compara con países desarrollados, la diferencia es evidente. En Europa, por ejemplo, los programas de pregrado duran en promedio tres años, mientras que en Chile alcanzan cerca de 5,2 años efectivos. Esa brecha nos obliga a preguntarnos si realmente estamos formando mejor o simplemente más largo”, sostuvo a EL DÍNAMO la jefa de bancada UDI, Flor Weisse.

“Impulsamos esta idea basada en evidencia comparada y en una necesidad urgente: modernizar el sistema, hacerlo más eficiente y adaptarlo a las exigencias actuales, donde el conocimiento cambia rápidamente y las trayectorias formativas deben ser más flexibles”, añadió.

Esta misma línea ha seguido la bancada del PDG, la cual durante esta semana envió un petitorio al Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCH) y a la Corporación de Universidades Privadas (CUP), con el objetivo de abrir un debate estructural sobre la formación superior en el país.

En dicho documento proponen revisar las mallas curriculares y evaluar la eliminación o ajuste de asignaturas que podrían ser redundantes, con la finalidad de acortar los tiempos de titulación sin afectar la calidad de la formación.

La diputada Weisse menciona que esto significaría “un alivio económico” para los estudiantes y sus familias, mientras que para el Estado, considerando políticas como la gratuidad, “esto permitiría un uso más eficiente de los recursos públicos”.

Desde el punto de vista laboral, plantea que “hay un beneficio clave: permitir una inserción más temprana de los jóvenes al trabajo”.

Los planes del Mineduc para la educación superior

Desde el Ministerio de Educación han señalado que esta discusión está en línea con lo que ellos mismos están evaluando respecto a modernizar la oferta académica, según comentan desde la UDI, por lo que se planteado la posibilidad de trabajar en conjunto con universidades y expertos para abordar este tema.

“Han manifestado su disposición a estudiar esta propuesta, sin que ello implique afectar la calidad de la educación. Por eso hemos planteado que el mecanismo de trabajo sea una comisión asesora ministerial, de manera que en ella puedan participar los rectores, estudiantes, académicos, profesores y expertos, de tal manera que entre todos se pueda avanzar hacia una propuesta alineada con los estándares de los países de la OCDE”, expresó a este medio el presidente de la Comisión de Educación, el diputado Sergio Bobadilla.

Además de la duración, enfatizó la importancia de discutir la empleabilidad y el campo laboral de ciertas carreras que, “con el avance de la tecnología y, por ejemplo, de la Inteligencia Artificial, podrían quedar medianamente obsoletas en el mediano plazo”.

“Este debate abre la puerta a una modernización mucho más amplia”, dice Weisse, quien también hizo hincapié en fortalecer la educación técnico-profesional, “que es clave para el desarrollo productivo del país. Y también avanzar en sistemas de educación continua, entendiendo que hoy las personas deben capacitarse a lo largo de toda su vida”.

La mirada de los expertos

La vicerrectora académica de la USACH, Leonora Mendoza, sostiene que si bien la duración de las carreras universitarias es una discusión necesaria, “no puede resolverse únicamente por comparación con otros países ni por razones económicas”.

“En Chile cualquier modificación debe partir por una revisión seria de los perfiles de egreso, de las competencias que requiere cada profesión y de la evidencia acumulada por las propias instituciones. Acortar una carrera solo tiene sentido si permite formar mejor, no simplemente titular más rápido”, aseveró.

Respecto a qué carreras podrían tener modificaciones en su duración, Mendoza afirma que hay que considerar “el perfil de egreso, las exigencias regulatorias de cada profesión, los componentes prácticos, la inserción laboral, y los estándares de acreditación. No todas las carreras admiten el mismo tipo de ajuste, porque no todas responden a los mismos requerimientos formativos ni al mismo vínculo con el entorno profesional”.

El antropólogo del IES, Pablo Ortúzar, asevera que “en Chile tenemos un número creciente de cesantes ilustrados. Y las carreras con retorno negativo, que la FNE estimó en un 40% de la oferta general, concentran la mayoría de la matrícula. Es evidente que ahí hay que entrar a picar. Mantener las cosas como están es caro, injusto e injustificable”.

Sobre los beneficios que tendría avanzar en esta iniciativa, el experto señala que “permite liberar recursos para concentrarlos en las etapas previas, lo que es más justo y más eficiente, racionalizar las mallas universitarias y facilitar un mejor empalme con el mercado laboral, además de dejar un margen de reorientación profesional para el estudiante”.

José Joaquín Brunner, director Doctorado en Educación Superior UDP, expone que “no es llegar y cortar. Depende de la arquitectura de grados y títulos que es un completo sistema curricular, de exámenes y certificación. Hay que considerar el nivel de los egresados de secundaria, el desarrollo de las disciplinas de base de las carreras, las necesidades del mundo ocupacional y las plataformas tecnológicas que con la IA están cambiando velozmente”.

A qué debe apuntar una eventual reforma a la oferta académica y la experiencia de otros países

Para Valentina Gran, directora ejecutiva de Fundación por una Carrera, la discusión no debería centrarse solo en acortar las carreras, “sino también en hacia dónde queremos llevar el sistema. Hoy es clave avanzar hacia una lógica de aprendizaje a lo largo de la vida, donde las personas puedan entrar y salir del sistema educativo en distintos momentos para actualizarse o reconvertirse”.

“Hay que preguntarse de manera constante si los contenidos responden a las necesidades del país y del mundo del trabajo, o si corren el riesgo de quedar obsoletos en pocos años”, agrega.

En este marco, Ortúzar comenta que “es importante reconocer que hoy el principal horizonte de la educación superior, al aspirar a la masividad, es profesional y no académico. Y, al mismo tiempo, reestructurar de manera adecuada aquellas unidades que sí tienen vocación académica y de investigación. Por cierto, es clave también evitar que se le ofrezca a los estudiantes una formación ideológicamente sesgada, pues daña su futuro laboral aunque sea más fácil de digerir. Los grupos políticos no pueden pretender usar a las Ues como think tanks y cuarteles de invierno”.

Respecto a cómo funciona el sistema educativo en otros lugares del mundo, el antropólogo explica que “muchos países tienen un pregrado notablemente más corto que el nuestro. En Canadá, por ejemplo, son 3 años para un título profesional y 4 si se pretende seguir una vocación académica. Pero en esto es clave que, en vez de copiar y pegar, miremos nuestra propia realidad, con todas sus particularidades, y utilicemos la razón para sacar el mejor provecho de lo que tenemos”.

En el caso de Europa, se han estructurado carreras en ciclos más cortos, “lo que permite una inserción laboral más temprana o continuar con procesos de especialización”, según detalla Gran, quien expone que “también existen modelos que integran mejor la formación con la experiencia práctica en empresas, lo que ayuda a acortar los tiempos sin perder pertinencia. Asimismo, hay sistemas más flexibles que facilitan el tránsito entre formación técnica y universitaria, permitiendo trayectorias más adaptables.
En conjunto, estas experiencias muestran que acortar las carreras no necesariamente implica reducir la calidad, sino reorganizar mejor la formación, con foco en la empleabilidad y la capacidad de adaptación a un entorno cambiante”.

En concreto, al comparar la duración de las carreras en Chile y otros países de la OCDE, en algunos casos existen diferencias de hasta más de 2 años, como derecho, que en nuestro país el promedio es de 6 a 7 años, mientras que en el resto de la OCDE es de 3 a 4 años. Ingeniería y arquitectura también tienen una extensión de hasta 2 años más en Chile.

No obstante, la directora de Fundación por una Carrera advierte que “si se acortan las carreras sin fortalecer los programas de nivelación, existe un riesgo importante de que estudiantes con trayectorias escolares más débiles queden rezagados. En ese escenario, la medida podría terminar profundizando desigualdades en lugar de corregirlas”.


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