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Mara Sedini, sobreviviente

Sedini es la mejor vocera que hemos tenido en Chile, pero solo puede trabajar de vocera de sí misma. Su único partido, su única lealtad, es ella y Sin Filtros, que es un espejo en el que se encuentra a gusto.

La entrevista a Mara Sedini solo puede sorprender a los que no la conocen. Los que no saben de dónde viene y a dónde va, los que no han calibrado su fuerza, los que no han escuchado sus canciones, los que no han seguido las llamas de sus pupilas cuando destruye a sus contrincantes en Sin Filtros. Mara Sedini no se iba a dejar matar, ni silenciar, ni olvidar. Los que confiaron en ella para ser la voz de un gobierno nuevo, los que la pusieron en el comité político —que eran los mismos que hicieron campaña con ella por largos meses— deberían haberlo sabido mejor que nadie; no lo sabían, y eso es algo más que un error político.

Por cierto, Mara Sedini no terminó en el cargo por representar esa manera distinta de hacer y pensar la política. Su conflicto no fue solo con el segundo piso o los partidos, sino con la gramática, la sintaxis, los hechos e incluso las cuerdas vocales. No la echaron por decir cosas hirientes, inesperadas o audaces, sino por balbucear en cámara. No fue una vocera diferente, ni siquiera fue una mala vocera: no alcanzó a tener siquiera algo parecido a una voz.

Eso no obsta que hay algo de cierto y profundo en esa entrevista, en que se defiende del único modo que sabe hacerlo: atacando. Articulada como nunca lo estuvo en La Moneda, astuta, incendiaria, pero perfectamente calibrada en su ataque, supo exactamente apretar en la herida donde el gobierno más sangra. Esta no es otra que la decisión consciente e inevitable de ser aburrido en un mundo que no soporta ni por un segundo cualquier cosa que no emocione, distraiga, espante y haga reír. Una decisión, la de ser “fome”, que se basa tanto en la repugnancia ante el “estallido” y la convención vistos como formas de carnaval, como en la falta de carisma y encanto del presidente.

Mara Sedini, sin decirlo, dice eso: que en este gobierno nadie puede brillar más que el presidente y que es difícil brillar menos. Esto, por supuesto, exceptuando a Jorge Quiroz, que gobierna otro gobierno lejos del resto de La Moneda. Sedini consigue con esta entrevista liderar, dentro del mismo mundo del gobierno y su partido, otra facción: la de los divertidos, que es también la de los que no se llaman Irarrázaval ni vienen de la UDI, ni quieren escuchar latidos de fetos de tres meses. El partido de los que alguna vez votaron por ME-O, o Parisi, o hasta Boric y Bachelet, que odian el desorden pero tampoco les gustan los jefecitos de corbata y misa diaria que no se han subido ni bajado de una micro jamás.

Lo que hace Sedini, a la hora de denunciar como inauditos usos comunes de la política, es justamente hablarle a los que detestan esa política o desconfían de ella y sienten que este gobierno se está pareciendo demasiado a eso: a un gobierno cualquiera, liderado por funcionarios de partido tan eficientes y grises como Alvarado o García Ruminot.

En la política de antes, en la política de siempre, un ministro, como un gladiador, recitaba ante el presidente “los que van a morir te saludan”. El cargo, bien pagado y ciertamente honroso, implicaba callar lo que se dice off the record, aguantar en silencio las presiones de los partidos y aceptar sin chistar irse cuando te dicen que hay que irse. Y eso, y no llorar o gritar después. Mara Sedini, que es cualquier cosa menos tonta o ingenua, sabe todo eso, pero sabe también que ninguna de esas reglas se aplica a ella. La política clásica, la política de partido, la política liberal-republicana, no es su mundo porque ya no es “el mundo”.

La nueva política para el nuevo mundo tiene otras reglas, las del show business, para las que se ha ido preparando, con humildad, con constancia, con paciencia, toda su vida. Casting, roles secundarios, corpóreos, coros, ensayos, muchos ensayos, pero no silencio, no partidos. Es la política reality, que es también la política del panelista de esos programas infernales que empezaron rellenando los canales de 24 horas de noticias y que ahora pululan por YouTube. Reality que le abrió el destino a Trump, paneles de comentario de noticias que cimentaron la fama de Milei.

La entrevista de Sedini explica al mismo tiempo por qué el gobierno pensó que era buena idea ponerla en el cargo, y por qué el gobierno nunca tuvo que nombrarla. Todo lo que dice y lo que calla en esa entrevista demuestra que nadie sabe más de comunicación política que ella, que nadie puede construir con más éxito titulares, escándalos que son pan para hoy y carne para mañana. Nadie sabe mejor convertir errores en aciertos, y ausencias en hallazgo, pero la entrevista prueba también que todos esos talentos, todas esas capacidades, no las sabe ejercer en equipo, ni en silencio, con algún sentido de Estado o de historia.

Sedini es la mejor vocera que hemos tenido en Chile, pero solo puede trabajar de vocera de sí misma. Su único partido, su única lealtad, es ella y Sin Filtros, que es un espejo en el que se encuentra a gusto. En ese sentido, Mara Sedini es un héroe de nuestros tiempos, una piedra en el zapato para este gobierno que, fuera del zapato, puede convertirse en un peligroso guijarro de esos con que David solía derrumbar a Goliat.

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Foto del Columnista Rafael Gumucio Rafael Gumucio