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La gran estafa

Sorprende que sea precisamente Vallejo quien use esa palabra, porque estafa supone engaño deliberado, una promesa hecha sabiendo que no se cumplirá.

Camila Vallejo reapareció esta semana en un pódcast donde nadie pareció demasiado interesado en incomodarla. Las preguntas fueron más bien una suerte de bandejeo para que ella expusiera su diagnóstico sin sobresaltos.

Lo que ha ocurrido en Chile desde marzo, según la exvocera, es una gran estafa, protagonizada por José Antonio Kast y su gobierno. La prueba sería que la promesa central de la campaña, controlar la delincuencia y el crimen organizado con mano firme, no se ha traducido todavía en resultados visibles.

Sorprende que sea precisamente Vallejo quien use esa palabra, porque estafa supone engaño deliberado, una promesa hecha sabiendo que no se cumplirá.

Vamos por parte. Primero, nadie que quiera discutir con seriedad un tema tan delicado como la lucha contra la delincuencia puede exigir que una crisis de la envergadura como la que tenemos en el país se revierta en menos de cinco meses. Omitir ese dato, ese contexto, como lo hace Vallejo, no es un error de cálculo, es la forma más burda de argumentar cuando los hechos no ayudan.

Ahora bien, si a Vallejo le interesa honrar su autodenominado rol de defensora de la verdad y luchadora contra las fake news, y quiere hablar de estafas, conviene revisar el prontuario completo y no sólo los últimos cuatro o cinco meses, sino que los últimos cuatro a cinco años.

El gobierno que Vallejo integró como uno de sus rostros públicos más notorios y de mayor influencia política, dejó una lista de promesas incumplidas que no tiene comparación reciente en la política chilena. De eso, a la exministra, no le dijeron nada en el podcast.

Veamos. Boric prometió la condonación universal del Crédito con Aval del Estado. No se condonó nada parecido a universal.

Boric prometió que Chile no ratificaría el TPP-11. Terminó dejando que el Senado lo aprobara y no ejerció ninguna de las herramientas reglamentarias a su disposición para detenerlo. Luego, incluso lo aplaudió.

Boric prometió una Empresa Nacional del Litio que devolviera al Estado el control de un recurso estratégico. Lo que entregó fue un acuerdo con Codelco y SQM, en el que la minera no metálica de la familia Ponce Lerou quedó con una posición privilegiada.

Boric prometió refundar Carabineros. Terminó gobernando con la institución prácticamente intacta, sin la reforma estructural que anunció como bandera durante años de movilizaciones y campaña.

Esa lista se queda muy corta, pero alcanza para entender el tamaño de las vueltas de carnero que protagonizaron Boric, la exministra y su entorno más cercano. Usando su jerga: una estafa tras otra. Porque, sin lugar a dudas, su gobierno fue uno que giró en sentido contrario a casi todo lo que prometió.

De eso, de nuevo, Vallejo nada dijo en el podcast.

Y hay varias omisiones u olvidos adicionales. Empecemos por los más graves de todos. Vallejo cuestiona hoy el manejo de la seguridad sin recordar que ella misma fue protagonista de dos de los episodios de mayor debilitamiento político hacia Carabineros.

Como diputada, su bancada se sumó a la querella por homicidio frustrado contra el carabinero Sebastián Zamora, acusado de arrojar a un adolescente desde el puente Pío Nono. Los tribunales absolvieron al uniformado por unanimidad en 2024, fallo que la Corte de Apelaciones confirmó meses después.

En 2021, acusó de asesinato al sargento de Carabineros Juan González, luego de que abatiera a un malabarista que se le abalanzó con unos machetes en las calles de Panguipulli.

En ambos casos, Vallejo nunca ofreció disculpas a los funcionarios ni a la institución por haberles imputado delitos de tamaña gravedad, en un país donde, se supone, la presunción de inocencia y el debido proceso todavía significan algo.

¿Hay más? Claro, porque no nos olvidemos que también el sector político de Vallejo fue el que denunció, sin pruebas que resistieran el tiempo, la existencia, por parte de Carabineros, de un centro de tortura en el Metro.

¿Se puede, entonces, con ese récord, apuntar al del frente y cuestionarlo por el manejo de la seguridad cuando hiciste todo lo que estuvo a tu alcance por menoscabar a la institución responsable de esa tarea? De nuevo, nada de eso le preguntaron a la exvocera.

Y claro, ni tonta ni perezosa, ella nada dijo. Porque tiene claro que esas son las verdaderas grandes estafas.

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